Con 'La máquina sueña con humo' inaugura temporada la segunda entrega del Espacio 1 del Museo Reina Sofía, un programa dedicado al llamado cine de exposición, con la voluntad de integrarlo como práctica artística capaz de dialogar con el espacio expositivo y desbordar los ... límites de la pantalla.
Su autora, Eli Cortiñas (Canarias, 1976) emplea fundamentalmente el vídeo, la instalación, el 'collage' y los objetos para articular una representación visual y cultural de la identidad femenina desde los distintos factores de clase, educación, etnia y edad que contribuyen a moldearla.
Junto a esto, desarrolla una investigación sobre la genealogía del cine africano postcolonial y sobre la mirada occidental que históricamente ha construido la negritud.
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Su método utiliza imágenes y materiales preexistentes, procedentes de fragmentos de películas, archivos audiovisuales, publicidad, televisión, fotos, documentos encontrados y sonidos, a los que ha incorporado más recientemente imágenes extraídas del universo digital y de la IA. Todo ello dentro de una estética apropiacionista y una gramática audiovisual tejida con el recorte, la repetición, la ralentización, el silencio y el cruce de acciones y materiales dispares. Una suerte de arqueología de imágenes que desmonta lo ya visto para volver a interrogarlo.
El proyecto expositivo nace de una invitación del Museo Reina Sofía a releer 'The Most Given of Givens' (Lo más dado de lo dado), pieza videográfica suya de 2016, recientemente adquirida para las colecciones del museo. La propuesta, cuyo título plantea conscientemente una contradicción entre la aparente exactitud de la máquina, la subjetividad del sueño y lo inaprensible del humo, se articula en dos instalaciones.
En la primera sala presenta una nueva intervención espacial y objetual, concebida específicamente, con la que reflexiona sobre la Historia del Cine, las instituciones museísticas y la cultura digital. Las paredes se cubren de un papel pintado cuya iconografía se repite obsesivamente, con balas y criptomonedas, mientras una serie de elementos en relieve remiten a mecanismos de creación y difusión de imágenes. El resultado resulta un tanto ambiguo y efectista: acumula signos y referencias, pero no consigue transmitir con suficiente intensidad los objetivos que dice plantearse. El dispositivo visual termina imponiéndose, en cierta medida, sobre aquello que pretende cuestionar.
La otra sala acoge una vídeo-instalación en tres pantallas que muestra, sin alteración, la obra adquirida por el museo. Recurriendo a fragmentos de las primeras películas sonoras de Tarzán y otros materiales fílmicos, la pieza busca reflexionar críticamente sobre las narrativas colonialistas occidentales. Estas imágenes se combinan con otras, en un montaje que pretende cuestionar la supuesta objetividad de las imágenes y la engañosa neutralidad de la mirada que las produce, selecciona y transmite.
Lugar: Museo Reina Sofía (Madrid). Espacio Uno
Como ocurre con frecuencia en otros trabajos que cifran su máximo sentido e intensidad en discursos conceptuales, las obras, aunque en ocasiones logran aciertos puntuales y sugerentes, no consiguen dar forma plena a las pertinentes y loables intenciones analíticas, comunicativas y críticas que las impulsan. El pensamiento avanza aquí algunos pasos por delante de su materialización visual. Las obras quedan en un territorio incierto: suspendidas entre la realidad que producen y el deseo que no consiguen atrapar.
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Eli Cortiñas, entre el deseo... y la realidad
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