En el (convulso) debate público de EEUU se ha colado una protagonista inesperada: la ikurriña. De refilón y por esos azares de la historia que hacen enarcar las cejas, la bandera de Euskadi se ha convertido en un dolor de cabeza para los legisladores del país capitaneado por Trump. Para ser más precisos, la polémica ha saltado en Boise (la capital de Idaho), donde ha echado raíces una activa diáspora que explica que la ciudad tenga su propio 'barrio' vasco, Basque Block. Allí pueden encontrarse bares tradicionales, un museo… e ikurriñas.
Ahora, en pleno debate sobre qué banderas pueden o no izarse en sus mástiles, hay quien cree que los estandartes rojos, verdes y blancos no tienen cabida.
¿Qué ha pasado? Que Idaho se ha sumido en una bronca pelea sobre qué banderas pueden hondear en sus calles, al menos desde edificios públicos. Hasta ahí nada extraño en una nación cuyo debate público (ya de por sí tensionado) se desarrolla pendiente de una fecha clave: el 3 de noviembre, día de las elecciones de la Cámara de Representantes. Lo que sí resulta llamativo es la deriva que ha tomado esa discusión y cómo ha acabado centrando el foco en las ikurriñas.
Cuestión de banderas. Para entenderlo hay que comprender antes el enrevesado tablero político de Boise. En un lado tenemos a su alcaldesa, la demócrata Lauren McLean. En el otro a Ted Hill, parlamentario republicado por Idaho. Hace un tiempo la primera, McLean, se ganó el enfado de Hill y el resto de la bancada conservadora al mantener colgada en la fachada del Ayuntamiento la bandera LGTBIQ+ más allá del Pride Month, el 'Mes del Orgullo'.
Esa decisión no gustó en el partido de Donald Trump, que se puso a legislar para que solo se puedan izar emblemas oficiales. Al menos en los edificios públicos. La medida salió adelante y el tema pareció quedar zanjado. Al menos un tiempo.
¿No fue así? No. McLaren no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. En un giro ingenioso Boise declaró la bandera LGTBIQ+ como oficial en la ciudad, con lo que siguió ondeándola sin contravenir la ley republicana. ¿Se acabó la pelea en ese punto? No. Hill reaccionó poniendo en marcha la maquinaria legislativa para que las únicas banderas 'izables' en los mástiles del Gobierno sean las anteriores a 2023, el año en que Boise asumió el estandarte arcoíris como propio.
¿Qué tiene que ver todo eso con Euskadi? En un principio la norma republicana incluía ciertas excepciones (banderas diferentes a la de las barras y las estrellas que podían seguir en edificios públicos), pero con el paso del tiempo su propuesta fue endureciéndose. Y eso afectó a uno de los grupos más populares de Boise: la diáspora vasca. Por más extraño que suene, en la ciudad del condado de Ada no solo es posible ver banderas de USA, del estado Idaho o LGTBIQ+. Tampoco es raro encontrarse con ikurriñas ondeando al viento.
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¿Y eso, por qué? Aunque Bouse queda a miles de kilómetros de Euskadi acoge una activa comunidad vasca cuya historia puede remontarse al siglo XIX, cuando un grupo de emigrantes vizcaínos decidió buscarse la vida en EEUU.
El paso del tiempo (y las generaciones) no borró su identidad y hoy en Boise, reconoce el propio Hispanic Council, es posible encontrarse "una manzana entera dedicada a la cultura vasca", con restaurantes, frontones, un museo e incluso un centro de educación. El mayor emblema de la diáspora en Idaho (con permiso de la ikurriña) es el Jaialdi, un festival que mueve a miles de personas y al que en 2025 contó incluso con una visita del Lehendakari Imanol Pradales.
Los días del festival es aún más fácil encontrarse con la bandera vasca. "Ondea durante el Jaialdi, cuando la delegación vasca viene a nuestro estado y honramos esa profunda herencia en Idaho. Para mí, es una forma, un motivo y una ocasión muy apropiados para ondear la bandera autonómica de la comunidad vasca. Me pregunto en qué se diferencia de ondear la bandera de otro país para una ocasión especial", cuestionaba hace poco la representante demócrata Anne Haws.
Y se desató la tormenta. La ikurriña no fue el detonante de la polémica de las banderas de Idaho, pero con el paso de los meses ha acabado convertida (casi de refilón) en una de sus grandes protagonistas. Para entenderlo hay que repasar los debates legislativos en torno a la nueva norma, en los que Hill no dudó en explicar por qué su partido quiere restringir el uso del estandarte vasco.
El problema no ha sido tanto el veto en sí, como su confuso (y espinoso) argumentario. El republicano alegó que la ikurriña no está "reconocida" de manera oficial, es "una bandera revolucionaria", la relacionó con ETA e incluso deslizó que es "ilegal" ondearla en España. "Sería cruzar la línea, y entonces la bandera palestina también tendría que permitirse", remató Hill.
Hace unos días el también republicano Bret Crane intentó moderar el tono, aunque sin llegar a salir del charco. Durante una intervención pública reconoció que en el futuro podría encontrarse alguna fórmula que permita izar la ikurriña, pero no renunció al fondo del mensaje republicano. De hecho preguntó a sus colegas si debían permitir también "banderas musulmanas o similares", que representen a "personas que también han tenido dificultades en Idaho".
¿Cuál es la situación ahora? Hay dos frentes, el administrativo y el político. En el primero, la nueva norma (Proyecto de Ley de la Cámara de Representantes 561) sigue avanzando. El martes el diario Idaho Capital Sun se hacía eco de cómo un grupo de opositores ondeó banderas LGTBIQ+ en el Capitolio de Boise en pleno debate sobre la medida, que va superando poco a poco su tramitación.
Una vez la complete, el fiscal podrá hacer cumplir el veto a las banderas no oficiales y quienes se lo salten se arriesgarán a una multa considerable: 2.000 dólares diarios por cada estandarte 'incorrecto' colgado de un edificio público.
"El derecho a ondearla". En el terreno político, el debate sobre las banderas ha saltado el charco para llegar a este lado del Atlántico. El presidente del PNV, Aitor Esteban, ha recordado en redes que "no es la primera vez que alguien trata de ilegalizar la ikurriña" y defendió que "las vascas y vascos tenemos el derecho de ondearla a lo largo y ancho de nuestra querida diáspora".
El tema ha llegado incluso a la Eurocámara, donde la eurodiputada Oihane Agirregoitia, también del PNV, mostró su malestar. "En Idaho les molesta la ikurriña, la bandera del pueblo vasco, que durante décadas ha ondeado como símbolo de convivencia, comunidad, identidad, amistad y paz".
Imágenes | Eneko Bidegain (Flickr) y Wikipedia
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La noticia
En el siglo XIX decenas de miles de vascos migraron a Idaho. Ahora Idaho quiere prohibir la ikurriña
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Xataka
por
Carlos Prego
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En el siglo XIX decenas de miles de vascos migraron a Idaho. Ahora Idaho quiere prohibir la ikurriña
La capital del estado acoge a una nutrida comunidad vasca. Y ahora es epicentro de una polémica sobre banderas
En el (convulso) debate público de EEUU se ha colado una protagonista inesperada: la ikurriña. De refilón y por esos azares de la historia que hacen enarcar las cejas, la bandera de Euskadi se ha convertido en un dolor de cabeza para los legisladores del país capitaneado por Trump. Para ser más precisos, la polémica ha saltado en Boise (la capital de Idaho), donde ha echado raíces una activa diáspora que explica que la ciudad tenga su propio 'barrio' vasco, Basque Block. Allí pueden encontrarse bares tradicionales, un museo… e ikurriñas.
Ahora, en pleno debate sobre qué banderas pueden o no izarse en sus mástiles, hay quien cree que los estandartes rojos, verdes y blancos no tienen cabida.
¿Qué ha pasado? Que Idaho se ha sumido en una bronca pelea sobre qué banderas pueden hondear en sus calles, al menos desde edificios públicos. Hasta ahí nada extraño en una nación cuyo debate público (ya de por sí tensionado) se desarrolla pendiente de una fecha clave: el 3 de noviembre, día de las elecciones de la Cámara de Representantes. Lo que sí resulta llamativo es la deriva que ha tomado esa discusión y cómo ha acabado centrando el foco en las ikurriñas.
Cuestión de banderas. Para entenderlo hay que comprender antes el enrevesado tablero político de Boise. En un lado tenemos a su alcaldesa, la demócrata Lauren McLean. En el otro a Ted Hill, parlamentario republicado por Idaho. Hace un tiempo la primera, McLean, se ganó el enfado de Hill y el resto de la bancada conservadora al mantener colgada en la fachada del Ayuntamiento la bandera LGTBIQ+ más allá del Pride Month, el 'Mes del Orgullo'.
Esa decisión no gustó en el partido de Donald Trump, que se puso a legislar para que solo se puedan izar emblemas oficiales. Al menos en los edificios públicos. La medida salió adelante y el tema pareció quedar zanjado. Al menos un tiempo.
¿No fue así? No. McLaren no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer. En un giro ingenioso Boise declaró la bandera LGTBIQ+ como oficial en la ciudad, con lo que siguió ondeándola sin contravenir la ley republicana. ¿Se acabó la pelea en ese punto? No. Hill reaccionó poniendo en marcha la maquinaria legislativa para que las únicas banderas 'izables' en los mástiles del Gobierno sean las anteriores a 2023, el año en que Boise asumió el estandarte arcoíris como propio.
¿Qué tiene que ver todo eso con Euskadi? En un principio la norma republicana incluía ciertas excepciones (banderas diferentes a la de las barras y las estrellas que podían seguir en edificios públicos), pero con el paso del tiempo su propuesta fue endureciéndose. Y eso afectó a uno de los grupos más populares de Boise: la diáspora vasca. Por más extraño que suene, en la ciudad del condado de Ada no solo es posible ver banderas de USA, del estado Idaho o LGTBIQ+. Tampoco es raro encontrarse con ikurriñas ondeando al viento.
¿Y eso, por qué? Aunque Bouse queda a miles de kilómetros de Euskadi acoge una activa comunidad vasca cuya historia puede remontarse al siglo XIX, cuando un grupo de emigrantes vizcaínos decidió buscarse la vida en EEUU.
El paso del tiempo (y las generaciones) no borró su identidad y hoy en Boise, reconoce el propio Hispanic Council, es posible encontrarse "una manzana entera dedicada a la cultura vasca", con restaurantes, frontones, un museo e incluso un centro de educación. El mayor emblema de la diáspora en Idaho (con permiso de la ikurriña) es el Jaialdi, un festival que mueve a miles de personas y al que en 2025 contó incluso con una visita del Lehendakari Imanol Pradales.
Los días del festival es aún más fácil encontrarse con la bandera vasca. "Ondea durante el Jaialdi, cuando la delegación vasca viene a nuestro estado y honramos esa profunda herencia en Idaho. Para mí, es una forma, un motivo y una ocasión muy apropiados para ondear la bandera autonómica de la comunidad vasca. Me pregunto en qué se diferencia de ondear la bandera de otro país para una ocasión especial", cuestionaba hace poco la representante demócrata Anne Haws.
Y se desató la tormenta. La ikurriña no fue el detonante de la polémica de las banderas de Idaho, pero con el paso de los meses ha acabado convertida (casi de refilón) en una de sus grandes protagonistas. Para entenderlo hay que repasar los debates legislativos en torno a la nueva norma, en los que Hill no dudó en explicar por qué su partido quiere restringir el uso del estandarte vasco.
El problema no ha sido tanto el veto en sí, como su confuso (y espinoso) argumentario. El republicano alegó que la ikurriña no está "reconocida" de manera oficial, es "una bandera revolucionaria", la relacionó con ETA e incluso deslizó que es "ilegal" ondearla en España. "Sería cruzar la línea, y entonces la bandera palestina también tendría que permitirse", remató Hill.
Hace unos días el también republicano Bret Crane intentó moderar el tono, aunque sin llegar a salir del charco. Durante una intervención pública reconoció que en el futuro podría encontrarse alguna fórmula que permita izar la ikurriña, pero no renunció al fondo del mensaje republicano. De hecho preguntó a sus colegas si debían permitir también "banderas musulmanas o similares", que representen a "personas que también han tenido dificultades en Idaho".
¿Cuál es la situación ahora? Hay dos frentes, el administrativo y el político. En el primero, la nueva norma (Proyecto de Ley de la Cámara de Representantes 561) sigue avanzando. El martes el diario Idaho Capital Sun se hacía eco de cómo un grupo de opositores ondeó banderas LGTBIQ+ en el Capitolio de Boise en pleno debate sobre la medida, que va superando poco a poco su tramitación.
Una vez la complete, el fiscal podrá hacer cumplir el veto a las banderas no oficiales y quienes se lo salten se arriesgarán a una multa considerable: 2.000 dólares diarios por cada estandarte 'incorrecto' colgado de un edificio público.
"El derecho a ondearla". En el terreno político, el debate sobre las banderas ha saltado el charco para llegar a este lado del Atlántico. El presidente del PNV, Aitor Esteban, ha recordado en redes que "no es la primera vez que alguien trata de ilegalizar la ikurriña" y defendió que "las vascas y vascos tenemos el derecho de ondearla a lo largo y ancho de nuestra querida diáspora".
El tema ha llegado incluso a la Eurocámara, donde la eurodiputada Oihane Agirregoitia, también del PNV, mostró su malestar. "En Idaho les molesta la ikurriña, la bandera del pueblo vasco, que durante décadas ha ondeado como símbolo de convivencia, comunidad, identidad, amistad y paz".