La misa reunió a familias que estaban desde antes de las siete para llegar lo más cerca posible, voluntarios con dos horas de sueño y fieles que vivieron con emoción la procesión del Corpus
Regala esta noticia Añádenos en Google Fieles asisten a la misa oficiada por el Papa León XIV en la Plaza de Cibeles. (Jesús Hellín / Efe)Madrid
07/06/2026 a las 14:59h.Amaneció en Madrid con el fervor religioso de la visita del Papa y con cordones de seguridad que cortaban las calles del centro. La ... fe madrugaba. En las filas de gente que esperaban para acercarse lo más posible a la Plaza de Cibeles, donde se celebró la misa, había niñas con el blanco vestido de comunión, con ojos de sueño y emoción, entre monjas y curas de sotana, voluntarios de camisetas naranja y fieles de todas las edades, incluyendo jóvenes que iban con bolsas en la mano como si acudieran a un botellón. La luz entraba por Gran Vía y alumbraba la gran cruz con un Cristo de tonos ocre, bajo el que León XIV presidió una misa que congregó a más de un millón de personas, según datos oficiales. Más de dos horas antes, los asientos 'vip', con las autoridades e invitados comenzaban a ocuparse. Los monaguillos tomaban posiciones desde temprano y subían y bajaban las escaleras con la cruz y el incienso en un simulacro de liturgia.
Una de las voluntarias, Elena, sólo había dormido dos horas. Estuvo en la vigilia y luego en la noche abierta de los museos, como guía improvisada de los visitantes. Tiene 22 años y se apuntó a las jornadas en la Universidad Villanueva, donde llenó un formulario, participó en sesiones informativas y se integró en un grupo de Whatsapp. Le tocó la «zona de comunión» y tenía la responsabilidad de custodiar un gran paraguas blanco que diera sombra a alguno de los curas que dieron la hostia y que le había tocado por sorteo. «Estoy aquí porque es el Papa y soy católica. Esto no pasa todos los días», dijo.
En los alrededores inmediatos de Cibeles, los mejores lugares eran los márgenes del camino del papamóvil. Allí Miriam López esperaba a León XIV. Había llegado con otros 150 compañeros de una organización religiosa, donde también habían acogido a ocho peregrinos, aunque «ofrecimos plaza para 40», dijo. «Tendemos a mirarnos el ombligo y él nos dice que debemos que mirar fuera de nuestras fronteras. Ni siquiera la pandemia nos hizo sensibles a los demás y espero que su venida cambie eso». Hubo espacio para mostrar orígenes y geografías. Camilo se cubrió la espalda con una bandera para «traer un poco de Chile a este acto tan bonito. Me gustaría que la gente fuera un poco más unida». También se mostró el espíritu futbolero y patrio, con alguna bandera de España con el escudo del Real Madrid.
Santa liturgia
Y se escuchó un helicóptero y se vio al Papa en pantalla, a las 9:10 cuando salió de la Nunciatura, donde había pasado la noche. Empezó un bullicio y algunos lemas se corearon en voz alta, como «Esta es la juventud del Papa». León XIV apareció por Recoletos, saludando, con sonrisa, ni rápido ni despacio, escoltado por diez coches y varias motos, y siguió de largo para llegar al final del Paseo del Prado, donde dio la vuelta. La bulla de la expectante emoción se hizo silencio nada más pisar el Papa el altar, pasadas las 10 h. El ambiente mutó a solemnidad. «En el nombre del padre…», pronunció. Una marea blanca con trazas naranjas escuchaba la misa y, entre los feligreses, los voluntarios vapeaban o comían bocadillos, sentados en el césped, que les servía de corredor entre la multitud.
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