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Esconderse

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En abril de 1986, un atentado terrorista en Berlín mató a dos personas, un sargento americano y una mujer turca, y 230 fueron heridas, entre ellos 50 compañeros del asesinado. Leer
OPINIÓNEsconderse
  • ENRIQUE COCERO
8 MAR. 2026 - 23:55Asamblea general de las Naciones Unidas.EXPANSION

En abril de 1986, un atentado terrorista en Berlín mató a dos personas, un sargento americano y una mujer turca, y 230 fueron heridas, entre ellos 50 compañeros del asesinado.

En 1988, 270 personas fueron asesinadas en un avión de la PanAm que volaba sobre Escocia. En 1989 otra bomba mató sobre Níger a los 170 pasajeros de un vuelo de UTA. En aquella época no se quería enfadar a Libia y el ataque americano en represalia al atentado de Berlín fue una más de esas ocasiones en las que occidente se llevó las manos en la cabeza porque, exacto, no se quería enfadar a Libia.

Hoy, Libia tiene un presidente, Abdul Hamid Dbeibeh, que no quiere bajarse del asiento cuando debería haber convocado elecciones en 2021, hay enfrentamientos tribales en Ubari y se ha instaurado una policía de la moral. Sí, como en Irán.

El caso es que, a la percepción internacional, lo que ocurre en Libia, o en Siria, o en Iraq no le importa mucho, por no decir nada. Son países que salieron de una dictadura y, con alta probabilidad, pasarán por una guerra civil y volverán a la dictadura porque, como comentaba hace una semana, dictadura y represión forman un excelente amalgamador.

Hoy el protagonismo es de Irán tras décadas de represión, asesinatos a manos del propio Estado, el más reciente, de mínimo 30.000 iraníes. El caso de Masha Amini, el desarrollo de tecnología nuclear, la financiación de Hezbolá, Hamás, los hutíes y otros terrorismos...

Que Irán asuste no es trivial. Si Irán fuera inofensivo no habría miedo y sí el mismo silencio que con los países que he citado arriba. Es la misma diferencia entre despertar a un tigre o a un canario. El miedo es lógico pero, ¿hasta el punto de preferir un pueblo reprimido a un sueño intranquilo?

Siendo objetivos sabemos que el terrorismo no va a cesar y, en consecuencia, el movimiento más lógico es no provocarlo. Por eso no hubo con Irán la misma reacción que con Gaza pese a esos 30.000 muertos por la represión: no despertar al tigre y, entiendo, porque Israel no estaba implicada en esas muertes.

El caso es que ahora, no sólo está implicada Israel, sino Trump y el escenario es demasiado goloso como para dejarlo pasar.Lo complicado es condenar los ataques sin que parezca que se apoya a los ayatolás, pero la solución es sencilla: "¿Qué ayatolás?"

El "no a la guerra" de Pedro Sánchez surge hoy con Irán después de cuatro años de guerra en Ucrania provocada por la invasión de Putin, al que no le bastó Crimea. La explicación aquí también es sencilla: Trump y Netanyahu generan más visceralidad que Putin cuando la amenaza que se enfrenta con Irán se percibe mayor que la rusa, aunque Putin esté amenazando Polonia.

Así que Pedro Sánchez decide cabalgar a lomos de esa visceralidad y de ese miedo a un Estado que financia el terrorismo, lo que es paradójico porque, con ello, reconoce de forma tácita la realidad de esa amenaza. Ponerse enfrente de Trump no es ponerse enfrente de Irán: es mucho menos peligroso y mucho más rentable.

Se nos ha hecho creer o hemos creído (que para el caso...) que la alternativa a cualquier conflicto está en la ONU, en la legalidad internacional, pero los grandes conflictos no han sido parados por nadie y los cascos azules han aparecido en esos grandes conflictos en ocasiones contadas. De hecho, puedo argumentar que no hay cascos azules desplegados en Ucrania.

La ONU tiene un Consejo de Seguridad con cinco naciones con derecho a veto y potencia nuclear. Fuera del Consejo hay más naciones con potencia nuclear (sí, armamento) y, más allá, una asamblea general de la que dijo Abba Eban que si Argelia presentara una resolución por la que culpar a Israel de que la tierra es plana, ganaría por 164 votos a favor, 13 en contra y 26 abstenciones y... Las proporciones no han cambiado mucho. Eban también dijo que las naciones se comportan con sabiduría después de haber extenuado el resto de alternativas. Atemporal el diplomático israelí, ¿verdad?

Total: estamos en un entorno visceral en el que los que aprovechan mejor los sentimientos, ganan. Un entorno en el que el pensamiento individual se anula en el confort del pensamiento colectivo y en el que la protesta que tapa el miedo a ser atacado ni imagina como solución la medida más racional: una doctrina de defensa que permita disuadir a cualquiera de atacar.

Trump puede que busque en la guerra esconderse de los archivos Epstein, del desastre del ICE, de un Tribunal Supremo (de mayoría conservadora) que no se pliega, o de la reciente pérdida de 97.000 empleos en la economía americana. Pedro Sánchez, tirando de electoralismo, rodeado de escándalos y con las evidencias de ocho años de gobierno (tres sin Presupuestos), se esconde tras Donald Trump.

Enrique Cocero | Consultor y analista político

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Fuente original: Leer en Expansión
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