Los historiadores del arte solemos tener una secular inclinación a establecer categorías y hechos historiográficos inmutables. Sin embargo, la manera de ver, analizar y relatar la Historia –en definitiva, un ente vivo– debería estar siempre en perenne evolución, como un texto orgánico que se reescribe continuamente. 'A la manera de Italia. España y el Gótico mediterráneo (1320-1420)' es, digámoslo desde el principio, una excelente exposición que conecta directamente con estas reflexiones, organizada conjuntamente por el Museo del Prado y la Fundación BBVA y comisariada por Joan Molina Figueras, jefe de colección de pintura europea hasta 1500 del Museo del Prado. Consta de un conjunto de más de cien obras de 31 instituciones españolas y 25 extranjeras, muchas de ellas rara vez expuestas o conservadas habitualmente en iglesias y monasterios, incluyendo gran diversidad de lenguajes: tablas, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, dibujos, tejidos de seda y bordados.Noticia relacionada general No No Homenaje a Plácido Arango, el coleccionista discreto Natividad PulidoCorresponde a un período muy rico y dinámico de la cultura occidental en el que conviven el Trecento italiano, el llamado Gótico Internacional, junto a una tradición bizantina, un creciente naturalismo, un refinamiento cortesano y un lujo material. Tradicionalmente se había venido considerando como incuestionable el hecho de que la gran influencia italiana sobre el arte español comenzó con el Renacimiento. En opinión de Joan Molina, esto es solo parcialmente cierto: la exposición demuestra que la auténtica revolución italiana había empezado casi dos siglos antes, durante el Trecento, cuando los reinos de Aragón y Castilla mantenían intensísimas relaciones comerciales, políticas y culturales con Italia.Una red de transmisiónEn este sentido, es importante destacar el papel fundamental jugado por el Mediterráneo como una inmensa red de transmisión cultural, social, económica e ideológica, un auténtico organismo vivo por el que circulaban entre Aviñón, Pisa, Florencia, Génova, Valencia, Barcelona, Mallorca, Castilla y Aragón, personas, mercancías, pigmentos, manuscritos, tejidos, pinturas, esculturas y también maneras de mirar, creando un mundo de fronteras permeables, donde las dos orillas del Mediterráneo compartieron lenguajes visuales marcados por el mestizaje. Hoy hablamos de globalización; en el siglo XIV, el Mediterráneo desempeñó un papel semejante.En las imágenes, detalles del Retablo de los Siete Sacramentos (Retablo de Bonifacio Ferrer)’, de Gherardo Starnina; de la 'Virgen de la Humildad con los donantes Enrique II de Castilla, Juana Manuel, y dos de sus hijos (Virgen de Tobed)', de Jaume Serra; y 'San Judas', de Ramon Destorrents y taller ABCDe esta forma, la propuesta incide, con total acierto, en una revisión profunda sobre la influencia de Italia en el arte español de la Baja Edad Media. Así, nuestro país aparece, no como una periferia pasiva que recibe modelos italianos, sino como un espacio mediterráneo activo, permeable y creativo. Las obras italianas llegaron, pero también fueron reinterpretadas por artistas locales mediante fórmulas híbridas, eclécticas y de gran sofisticación técnica. Y lo que es aún más interesante: también ejemplifica cómo en algunos casos, pienso en el pintor florentino Gherardo Starnina, esa influencia también se traspasó desde España hasta el ámbito italiano. Por tanto, un valor nuclear reside en su voluntad de plantear una lectura más polisémica: el arte gótico mediterráneo no fue una secuencia de influencias unidireccionales, sino una red de intercambios, apropiaciones, adaptaciones y retornos.Entre los pintores italianos expuestos se encuentran importantes figuras, como Ambrogio Lorenzetti, Gherardo Starnina, Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi. Por su parte, también están presentes destacados artistas hispánicos, caso de los Bassa (Ferrer y Arnau), los hermanos Serra (Jaume y Pere), Pedro de Córdoba y Miquel Alcañiz. En este sentido, debemos destacar tanto a los Bassa como a los Serra, que pudieron traducir los modelos italianos a los grandes formatos devocionales españoles, sobre todo el retablo, concebido como una arquitectura narrativa y escenográfica.arte_abc_0724Resulta difícil sugerir una selección destacada de obras dentro de un conjunto tan excepcional, pero algunas sobresalen por su elevada calidad e influencia. Así, entre las piezas más importantes destacaría la 'Virgen de Tobed' (o 'Virgen de la Humildad con Enrique II y su familia'), de Jaume Serra, una de las joyas del gótico español, que se encuentra en el Prado; el 'Retablo de San Julián y Santa Lucía' de Jaume y Pere Serra, con una iconografía poco habitual de Cristo desnudo; algunas pinturas de Barnaba da Modena vinculadas a Murcia; la 'Virgen de la Humildad', de Starnina, y las tablas de los apóstoles Simón y Mateo de este mismo autor, procedentes de la Catedral de Toledo y restauradas para la ocasión. Precisamente este es otro rasgo destacado de la muestra: un total de 21 obras lo han sido específicamente, lo que supone un factor más que notable desde el punto de vista del patrimonio artístico.'A la manera de Italia. España y el gótico mediterráneo (1320-1420)' Colectiva Lugar: Museo del Prado (Madrid) Dirección: Paseo del Prado, s/n Comisario: Joan Molina Figueras Coproducción: Fundación BBVA Clausura: Hasta el 20 de septiembre Valoración: *****En suma, una exposición realmente espléndida, muy bien concebida, producida y montada, que trasciende el habitual enfoque de la influencia italiana sobre nuestro arte, situándolo en un contexto más amplio y contemporáneo desde una perspectiva historiográfica.
Los historiadores del arte solemos tener una secular inclinación a establecer categorías y hechos historiográficos inmutables. Sin embargo, la manera de ver, analizar y relatar la Historia –en definitiva, un ente vivo– debería estar siempre en perenne evolución, como un texto orgánico que se reescribe ... continuamente.
'A la manera de Italia. España y el Gótico mediterráneo (1320-1420)' es, digámoslo desde el principio, una excelente exposición que conecta directamente con estas reflexiones, organizada conjuntamente por el Museo del Prado y la Fundación BBVA y comisariada por Joan Molina Figueras, jefe de colección de pintura europea hasta 1500 del Museo del Prado.
Consta de un conjunto de más de cien obras de 31 instituciones españolas y 25 extranjeras, muchas de ellas rara vez expuestas o conservadas habitualmente en iglesias y monasterios, incluyendo gran diversidad de lenguajes: tablas, escultura, orfebrería, manuscritos iluminados, dibujos, tejidos de seda y bordados.
Homenaje a Plácido Arango, el coleccionista discreto
Corresponde a un período muy rico y dinámico de la cultura occidental en el que conviven el Trecento italiano, el llamado Gótico Internacional, junto a una tradición bizantina, un creciente naturalismo, un refinamiento cortesano y un lujo material. Tradicionalmente se había venido considerando como incuestionable el hecho de que la gran influencia italiana sobre el arte español comenzó con el Renacimiento.
En opinión de Joan Molina, esto es solo parcialmente cierto: la exposición demuestra que la auténtica revolución italiana había empezado casi dos siglos antes, durante el Trecento, cuando los reinos de Aragón y Castilla mantenían intensísimas relaciones comerciales, políticas y culturales con Italia.
En este sentido, es importante destacar el papel fundamental jugado por el Mediterráneo como una inmensa red de transmisión cultural, social, económica e ideológica, un auténtico organismo vivo por el que circulaban entre Aviñón, Pisa, Florencia, Génova, Valencia, Barcelona, Mallorca, Castilla y Aragón, personas, mercancías, pigmentos, manuscritos, tejidos, pinturas, esculturas y también maneras de mirar, creando un mundo de fronteras permeables, donde las dos orillas del Mediterráneo compartieron lenguajes visuales marcados por el mestizaje. Hoy hablamos de globalización; en el siglo XIV, el Mediterráneo desempeñó un papel semejante.
De esta forma, la propuesta incide, con total acierto, en una revisión profunda sobre la influencia de Italia en el arte español de la Baja Edad Media. Así, nuestro país aparece, no como una periferia pasiva que recibe modelos italianos, sino como un espacio mediterráneo activo, permeable y creativo. Las obras italianas llegaron, pero también fueron reinterpretadas por artistas locales mediante fórmulas híbridas, eclécticas y de gran sofisticación técnica. Y lo que es aún más interesante: también ejemplifica cómo en algunos casos, pienso en el pintor florentino Gherardo Starnina, esa influencia también se traspasó desde España hasta el ámbito italiano. Por tanto, un valor nuclear reside en su voluntad de plantear una lectura más polisémica: el arte gótico mediterráneo no fue una secuencia de influencias unidireccionales, sino una red de intercambios, apropiaciones, adaptaciones y retornos.
Entre los pintores italianos expuestos se encuentran importantes figuras, como Ambrogio Lorenzetti, Gherardo Starnina, Lupo di Francesco, Barnaba da Modena, Andrea di Petruccio o Geri Lapi. Por su parte, también están presentes destacados artistas hispánicos, caso de los Bassa (Ferrer y Arnau), los hermanos Serra (Jaume y Pere), Pedro de Córdoba y Miquel Alcañiz. En este sentido, debemos destacar tanto a los Bassa como a los Serra, que pudieron traducir los modelos italianos a los grandes formatos devocionales españoles, sobre todo el retablo, concebido como una arquitectura narrativa y escenográfica.
Resulta difícil sugerir una selección destacada de obras dentro de un conjunto tan excepcional, pero algunas sobresalen por su elevada calidad e influencia. Así, entre las piezas más importantes destacaría la 'Virgen de Tobed' (o 'Virgen de la Humildad con Enrique II y su familia'), de Jaume Serra, una de las joyas del gótico español, que se encuentra en el Prado; el 'Retablo de San Julián y Santa Lucía' de Jaume y Pere Serra, con una iconografía poco habitual de Cristo desnudo; algunas pinturas de Barnaba da Modena vinculadas a Murcia; la 'Virgen de la Humildad', de Starnina, y las tablas de los apóstoles Simón y Mateo de este mismo autor, procedentes de la Catedral de Toledo y restauradas para la ocasión. Precisamente este es otro rasgo destacado de la muestra: un total de 21 obras lo han sido específicamente, lo que supone un factor más que notable desde el punto de vista del patrimonio artístico.
En suma, una exposición realmente espléndida, muy bien concebida, producida y montada, que trasciende el habitual enfoque de la influencia italiana sobre nuestro arte, situándolo en un contexto más amplio y contemporáneo desde una perspectiva historiográfica.
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España y el gótico mediterráneo: revisando la Historia
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