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¿Está el Internet al borde de una crisis de confianza?

¿Está el Internet al borde de una crisis de confianza?
Artículo Completo 1,493 palabras
Las redes sociales se saturan de desinformación y los ciberataques están a la orden del día. WIRED en Español conversa con Priscila Couto, experta en confianza y seguridad de Google, para averiguar si hay posibilidad aún de tener una Internet segura.
Javier CarbajalSeguridad3 de marzo de 2026Fotoilustración: Rodrigo Meade/WIRED en EspañolInternet segura es motivo de preocupación, tanto para los usuarios (por los motivos mencionados arriba) como para las empresas que dependen de esos usuarios para seguir existiendo. Ante esta problemática, no debe ser sorpresa que muchas compañías de big tech vean mayor valor en sus equipos especializados en el desarrollo de confianza y seguridad.

El uso de redes sociales por grupos armados para reclutar jóvenes crece en Colombia, México y Ucraniaalrededor del mundo”.

Empecemos por ahí.

Una internet apta para todas las edades

Uno de los ejes centrales de la conversación sobre una Internet segura es el papel que deben adoptar madres, padres y tutores. Más que supervisores, Couto los describe como mentores en una “jornada digital” que evoluciona conforme se desarrolla la madurez de los menores como usuarios.

“Es muy importante para nosotros comprender que cada familia tiene una dinámica, es decir, una forma propia de utilizar la internet”, indica Couto. “Y nosotros creemos que los padres y los cuidadores son como mentores de los niños y adolescentes en esta jornada. Entonces, es muy importante que ellos estén siempre cerca, no solo ejerciendo este control sobre la pantalla de un teléfono, pero más allá de eso, hablando con sus hijos sobre lo que es el entorno digital, cuáles son sus riesgos, cuáles son sus oportunidades”.

¿A qué se refiere con riesgos y oportunidades? Internet no es únicamente un espacio de odio, pornografía y crimen; sí, esos son algunos de los riesgos que están presentes, pero Internet también puede ser una valiosa herramienta de aprendizaje, creatividad y socialización. El reto consiste en saber guiar a los menores por los caminos adecuados, aunque sin prescindir de las conversaciones honestas y progresivas que todo padre debe tener con su hijo, adaptadas a la edad.

Las herramientas tecnológicas de control parental, como Family Link de Google, buscan facilitar este proceso. Mas Couto ruega a los padres que las usen y que las aprovechen. “Aunque tengamos medidas de protección específicas para niños y adolescentes, para aplicarlas, nosotros necesitamos que los padres y los cuidadores nos indiquen exactamente cuál es la edad de sus hijos. Eso es una falta que siempre ocurre, porque los padres crean las cuentas, por ejemplo, en Gmail, pero en lugar de decirnos que su hijo tiene 12 años, su padre piensa que no, para que tenga acceso a todas las funcionalidades de Gmail, yo voy a decir que mi hijo tiene 18. No, por favor, no haga eso, porque si lo hace, nosotros no sabemos que este niño tiene 12 años, y nosotros no tenemos cómo poner las capas de protección”.

herramientas de autenticación. Durante décadas, las contraseñas fueron la principal barrera (a menudo la única) para proteger nuestros dispositivos o perfiles de ojos ajenos, pero hoy representan un punto de máxima vulnerabilidad: se reutilizan, se anotan en papel o son tan simples que cualquiera podría adivinarlas en un par de intentos.

Deja de escribir 1-2-3-4-5-6 y dale chance a las passkeys

Las passkeys (llaves o claves de acceso) son un método de inicio de sesión que reemplaza las viejas contraseñas por credenciales criptográficas almacenadas en un dispositivo y desbloqueadas con tu huella, rostro o PIN. No obstante, su adopción enfrenta resistencias culturales y generacionales. Para muchas personas mayores, estas tecnologías resultan difíciles de comprender o generan desconfianza. Paradójicamente, suelen ser más seguras que las contraseñas tradicionales. Un teléfono robado, por ejemplo, puede bloquearse automáticamente o a distancia, reduciendo el riesgo de acceso no autorizado. Pero estas funciones solo sirven si los usuarios saben que existen y si hay suficiente confianza en ellas.

“Sí, este es un gran problema, porque aunque hoy hablamos cada vez más del uso de otras formas de iniciar sesión en nuestros productos y servicios, sabemos que existe una gran desconfianza hacia las nuevas tecnologías”, admite Couto a WIRED. “Hemos impulsado cada vez más programas de educación y concientización sobre su funcionamiento y la necesidad de adoptarlas, ya que, en última instancia, harán que la experiencia en el entorno digital sea más segura”.

Añadió: “Lo sé porque no ocurre solo en México; aquí mismo, en Brasil, por ejemplo, mi mamá, que tiene 72 años, encuentra muy difícil no solo entender cómo se utilizan estas nuevas tecnologías, sino también por qué son más seguras que una contraseña. Sin embargo, cuando vemos a muchas personas con sus contraseñas escritas en hojas de papel dentro de la cartera, basta con que ocurra algo, como un robo, para que todo se pierda. En cambio, si configuras el reconocimiento facial, eso no sucederá. Podrían robarte el celular, pero no podrán realizar el reconocimiento facial en ese momento y, por lo tanto, no tendrán forma de acceder al dispositivo”.

La seguridad digital del futuro es ya

En América Latina, la discusión sobre confianza digital se entrelaza con debates políticos y culturales sobre el uso indebido de datos biométricos. Nuevos sistemas de identificación gubernamental, como la CURP biométrica en México, despiertan temores sobre vigilancia de Estado, filtraciones o centralización de información sensible susceptible al hackeo.

“Yo no puedo hablar sobre lo que el gobierno mexicano hace con los datos, pero puedo decirte que en relación a Google, nosotros procedemos con todos los cuidados necesarios”. Desde la perspectiva corporativa que representa Priscila Couto, la protección de datos debe ser prioritaria desde el diseño de cualquier producto o servicio. La privacidad no puede añadirse después; constituye el núcleo de la relación de confianza con los usuarios. “Es el punto cero de cualquier cosa que hagamos, porque nosotros somos una empresa de tecnología y si algo pasa con los datos personales de nuestros usuarios, es el fin para nosotros”, indica la experta.

cerró el 2025 como la región con más ciberataques, lo que continúa generando desconfianza en las capacidades de instituciones, sean del sector público o privado, para proteger los datos de la gente. Sin embargo, Couto evita atribuir el problema exclusivamente a factores culturales, políticos o de infraestructura. Prefiere poner el énfasis en la corresponsabilidad.

“Yo siempre hablo que cuando toca a cuestiones, sea de datos personales, sea de ataques y fraudes en el entorno digital, hay dos partes involucradas. No solo las empresas, pero también las personas. Empresas como Google siempre ofrecen a sus usuarios todos los métodos de seguridad para que ellos puedan navegar de forma segura y tener una experiencia satisfactoria. Pero al mismo tiempo, como decíamos de las contraseñas, aunque nosotros ofrecemos hoy un gestor de contraseñas, si las personas no lo utilizan y deciden, en su lugar, escribirlas en un papel, nosotros no podemos hacer nada”.

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En otras palabras, las empresas deben diseñar sistemas seguros, ofrecer herramientas de protección adecuadas y capacitar a sus administradores. Pero los usuarios también necesitan adoptar esas herramientas y desarrollar hábitos digitales seguros. Funciones avanzadas de seguridad pierden eficacia si permanecen desactivadas por desconocimiento o falta de confianza.

Por estos motivos, para atender las vulnerabilidades en materia de ciberseguridad en América Latina habrá que combinar innovación, políticas públicas transparentes y alfabetización digital a gran escala. Las empresas tecnológicas tienen el desafío de traducir sistemas complejos en experiencias comprensibles. Por un lado, una herramienta de seguridad que nadie entiende es, en la práctica, una herramienta inexistente. Y por el otro, la discusión sobre ciberseguridad suele enfocarse por tradición en materia de software, algoritmos o ataques sofisticados. Sin embargo, la visión que plantea Couto desplaza el foco hacia un lenguaje más humano. Por ello, sí, hay que hablar de passkeys y controles parentales, pero también de confianza, educación y corresponsabilidad.

En suma, la seguridad digital de hoy y mañana no depende solo de sistemas más robustos, sino también de usuarios que estén más informados y sociedades capaces de debatir críticamente el uso de la tecnología. “Las empresas, así como lo hace Google, tienen que pensar la seguridad desde el diseño y, al mismo tiempo, tener la preocupación que nosotros tenemos de intentar buscar maneras de educar a nuestros usuarios sobre todas las herramientas que se ofrecen para garantizar la seguridad en el uso de productos, servicios y plataformas”, concluye Couto.

Fuente original: Leer en Wired - Cultura
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