Alguien tiene que estar mintiendo
1 comentarioFacebookTwitterFlipboardE-mail 2026-05-06T09:00:27ZMiguel Jorge
EditorMiguel Jorge
Editor Linkedintwitter1563 publicaciones de Miguel JorgeDurante la llamada “Guerra de los Petroleros” entre Irán e Irak, varias compañías marítimas llegaron a pintar banderas de otros países sobre sus buques y a cambiar nombres y registros casi de un día para otro para intentar cruzar el Golfo Pérsico sin ser atacadas. Aun así, muchas tripulaciones seguían navegando convencidas de que cualquier error, radar o movimiento extraño podía convertir un viaje comercial rutinario en una zona de combate improvisada.
La guerra más incierta. La situación alrededor de Irán y el estrecho de Ormuz se ha convertido en una paradoja difícil de sostener. Hace escasas horas, la Casa Blanca ha insistido en afirmar que la guerra terminó hace semanas. De hecho, Marco Rubio asegura que la operación “Epic Fury” ya concluyó mientras Trump habla ahora del conflicto como una suerte de “miniwar” o un episodio temporal donde se están terminando las pequeñas y últimas rencillas..
Ocurre que al mismo tiempo siguen volando drones y misiles, los buques estadounidenses continúan interceptando ataques iraníes y las fuerzas de ambos países siguen cruzando fuego por todo el Golfo. Dicho de otra forma, Washington intenta vender la idea de que el conflicto ya está en fase diplomática mientras sobre el terreno continúan ocurriendo acciones militares casi diarias, especialmente en Emiratos Árabes Unidos, donde los incidentes de bombardeos son casi diarios.
En XatakaIrán ha respondido al plan de EEUU para liberar los barcos en Ormuz con otro enfoque: uno con drones, misiles y barcos ardiendoCómo bloquear Ormuz sin cerrarlo del todo. La gran baza iraní no ha sido destruir flotas estadounidenses, sino convertir el estrecho en un lugar demasiado peligroso para el comercio normal. Aunque prácticamente cada día algunos barcos atraviesan la zona escoltados por EEUU, el tráfico sigue muy por debajo de los niveles previos a la guerra porque navieras y aseguradoras continúan viendo el paso como una apuesta arriesgada.
Irán mantiene así una presión enorme sobre la economía global sin necesidad de imponer un bloqueo absoluto, utilizando ataques limitados, amenazas constantes y la sensación permanente de que cualquier tránsito puede acabar en un incidente militar.
El fracaso del plan de EEUU. Trump presentó “Project Freedom” como la operación que demostraría que Washington podía reabrir Ormuz por la fuerza y restaurar la libertad de navegación. Sin embargo, el plan apenas consiguió mover unos pocos barcos antes de quedar pausado menos de dos días después de arrancar.
La decisión del presidente norteamericano refleja el gran problema de Washington: proteger el estrecho exige asumir riesgos militares constantes, pero abandonar la operación deja a Irán con capacidad para seguir condicionando el comercio energético mundial. Estados Unidos ha quedado atrapado entre evitar otra gran guerra en Oriente Medio y no parecer incapaz de imponer su propia estrategia.
La tregua funciona como una guerra limitada y controlada. Lo cierto es que sobre el papel existe un alto el fuego, pero en la práctica ambos países siguen actuando como si el conflicto continuara abierto. El Pentágono describe los ataques iraníes como “hostigamiento” por debajo del umbral de una nueva guerra total, lo que permite a Trump evitar una gran escalada.
Mientras tanto, Irán continúa lanzando ataques limitados y poniendo a prueba hasta dónde puede tensar la situación sin provocar una respuesta masiva estadounidense. El resultado es una especie de guerra híbrida donde oficialmente no hay guerra… pero tampoco paz.
Los aliados árabes empiezan a desconfiar de EEUU. Los ataques iraníes sobre Emiratos Árabes Unidos han provocado una creciente inquietud entre las monarquías del Golfo. Muchos gobiernos de la región perciben que Trump está más centrado en salir del conflicto que en responder con dureza a Teherán, incluso después de nuevos lanzamientos de misiles y drones.
La sensación es que albergar bases estadounidenses puede convertir a esos países en objetivos prioritarios sin garantizar necesariamente una protección total. Esa duda empieza a extenderse también entre aliados europeos y asiáticos que observan cómo Washington redefine continuamente qué considera una guerra real.
China se ha convertido en la pieza diplomática clave. En medio del bloqueo parcial de Ormuz, Pekín intenta mantener el equilibrio entre su relación con Irán y la necesidad de estabilizar los mercados energéticos. Estados Unidos está presionando a China para que convenza a Teherán de reabrir completamente el estrecho, especialmente antes de la próxima reunión entre Trump y Xi Jinping.
El problema es que China sigue comprando petróleo iraní y rechaza parte de las sanciones estadounidenses, aunque al mismo tiempo la subida de los precios energéticos está perjudicando seriamente a su economía. Eso convierte a Pekín en un actor indispensable para cualquier salida negociada.
En XatakaHoy en "la guerra de Ucrania escapa a toda comprensión": los pilotos de drones están entrenando con 'Grand Theft Auto'Irán cree que el tiempo juega a su favor. La dirigencia iraní parece convencida de que Estados Unidos quiere evitar a toda costa otra guerra larga en Oriente Medio y posiblemente por ello está utilizando esa percepción para aumentar poco a poco la presión. Teherán mantiene los ataques limitados, conserva parcialmente cerrado Ormuz y continúa demostrando que todavía puede alterar los mercados mundiales sin cruzar una línea roja definitiva.
El resultado es una situación de lo más inédita, una donde Washington intenta declarar victoria y pasar página, mientras Irán sigue utilizando la amenaza militar como herramienta de negociación diaria.
Imagen | USN, Mostafa Tehrani