Hay un concepto con el que conviene familiarizarse: soberanía tecnológica. Estados Unidos la busca en materia de semiconductores para no depender de Taiwán. China la quiere con el mismo objetivo y con la intención de reforzar su industria. Y Europa también la persigue. Dentro de esa búsqueda se encuentra la idea de reforzar la soberanía europea en inteligencia artificial mediante la construcción de gigafactorías de IA.
Y España y Portugal tienen algo claro: quieren ser ese nodo de la IA europea.
InvestAI. Dentro de esa búsqueda de la independencia, lo cierto es que Europa tiene mucho camino por delante. En el panorama mundial, dependen de la neerlandesa ASML para crear los chips de vanguardia, pero Taiwán y China son la fábrica del mundo y Estados Unidos ha sido un socio clave tanto en software como en materia espacial. Viendo el rumbo reciente de Estados Unidos, Europa se ha dado cuenta de que no puede depender tanto de alianzas extranjeras y de que sus sistemas clave no sean europeos, y se va a rascar el bolsillo.
200.000 millones de euros es lo que la iniciativa InvestAI de la Comisión Europea tiene para invertir en programas enfocados al desarrollo de la inteligencia artificial. Dentro del mismo, hay otros 20.000 millones guardados para levantar gigafactorías.
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GigafactorIA. Su nombre es bastante revelador y se trata de enormes centros de datos con capacidad para cientos de miles de chips con el objetivo tanto de entrenar como de inferir modelos de inteligencia artificial. El plan se puso en marcha hace unos meses con la reconversión de siete centros de datos europeos en centros de datos para la IA y con un objetivo: que las empresas europeas dejen de acudir a las extranjeras. Por ejemplo, la francesa Mistral firmó con Microsoft para poder usar sus sistemas para entrenar a Le Chat. La idea es que eso se haga ‘en casa’.
Se estima que una de estas gigafactorías puede tener más de 100.000 procesadores de IA de última generación y se quiere que estén optimizadas para tener un bajo consumo, reutilización de recursos como el agua y sean un nodo estratégico cerca de otras empresas, universidades y que sirva para atraer el talento.
EstrategIA. España lleva unos meses tentando a las compañías estadounidenses para que levanten sus centros de datos en el territorio nacional. Aragón se ha convertido en uno de esos puntos estratégicos, pero también Madrid o Tarragona. Ahora bien, hay otros municipios que se oponen (algo que no sólo ocurre en España).
Dentro de esa estrategia de soberanía tecnológica Europea, España tiene dos ases en la manga: Mora la Nova en Tarragona y San Fernando de Henares en Madrid. Son los dos municipios que podrían albergar una de esas gigafactorías de la IA y que aprovecharían infraestructura tecnológica y energética de la zona para acelerar los proyectos. La información no es nueva, pero ahora se suma Portugal.
Como detallan desde Moncloa, ambos países van a llevar a cabo una serie de esfuerzos bilaterales para estar a la cabeza energética y tecnológica de Europa, haciendo hincapié en la coordinación de los proyectos de inteligencia artificial. Porque España quiere la gigafactoria europea y Portugal también. El país vecino ya está desarrollando un centro de datos en Sines, y los dos países están jugando sus bazas.
EnergIA. Portugal juega la carta de que Sines tiene buena conexión con los cables submarinos del Atlántico. España tiene también un potente argumento: si Europa quiere que las gigafactorías de la IA sean eficientes a nivel energético, el país cuenta con una infraestructura de renovables que pueden ayudar a independizar la IA del gas o del carbón.
Mediante el acuerdo entre ambos, se pone sobre la mesa la intención de colaborar para aprovechar las capacidades complementarias y las sinergias entre ambos países.
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Problema. Hay varios. Por un lado, los energéticos. Aunque España sea una de las potencias de Europa en cuanto a energías renovables, la inteligencia artificial demanda mucha, muchísima energía en los momentos pico. Tanta que no sólo las Big Tech tienen proyectos privados para abrir centrales nucleares, sino que se ha demostrado que hay que recurrir al carbón para satisfacer la demanda. Porque la IA necesita energía sostenida, pero sobre todo rápida y de acceso inmediato en los momentos más estresantes. Y ahí las renovables sólo cumplen si hay baterías enormes involucradas.
Por otro, Europa está construyendo ahora su infraestructura… y es el peor momento. Si se quiere que las gigafactorías cuenten con chips de última generación, implica comprar los H200 de NVIDIA. El problema es que estos chips, que son los que llevan la batuta en la actualidad, serán superados a corto plazo por una nueva generación. NVIDIA ya trabaja a plena máquina en Vera Rubin, y no se trata de un chip más potente, sino de un cambio de paradigma.
Ese juego de estar a la última en IA es lento porque hay que construir la infraestructura. Pero, sobre todo, es caro. De la manera que sea, se espera que esta primavera se publiquen los resultados sobre qué países albergarán las gigafactorías, y veremos si la candidatura España-Portugal convence a la Comisión.
Imágenes | Moncloa, chaddavis
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La noticia
Europa busca un lugar donde colocar su gigafactoría de IA. España y Portugal le están enseñando todo su plumaje renovable
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alejandro Alcolea
.
Europa busca un lugar donde colocar su gigafactoría de IA. España y Portugal le están enseñando todo su plumaje renovable
Europa está estudiando dónde colocar gigafactorías dedicadas al entrenamiento de la inteligencia artificial
España y Portugal la quieren, pero han descubierto que son más fuertes si van juntos
Hay un concepto con el que conviene familiarizarse: soberanía tecnológica. Estados Unidos la busca en materia de semiconductores para no depender de Taiwán. China la quiere con el mismo objetivo y con la intención de reforzar su industria. Y Europa también la persigue. Dentro de esa búsqueda se encuentra la idea de reforzar la soberanía europea en inteligencia artificial mediante la construcción de gigafactorías de IA.
Y España y Portugal tienen algo claro: quieren ser ese nodo de la IA europea.
InvestAI. Dentro de esa búsqueda de la independencia, lo cierto es que Europa tiene mucho camino por delante. En el panorama mundial, dependen de la neerlandesa ASML para crear los chips de vanguardia, pero Taiwán y China son la fábrica del mundo y Estados Unidos ha sido un socio clave tanto en software como en materia espacial. Viendo el rumbo reciente de Estados Unidos, Europa se ha dado cuenta de que no puede depender tanto de alianzas extranjeras y de que sus sistemas clave no sean europeos, y se va a rascar el bolsillo.
200.000 millones de euros es lo que la iniciativa InvestAI de la Comisión Europea tiene para invertir en programas enfocados al desarrollo de la inteligencia artificial. Dentro del mismo, hay otros 20.000 millones guardados para levantar gigafactorías.
GigafactorIA. Su nombre es bastante revelador y se trata de enormes centros de datos con capacidad para cientos de miles de chips con el objetivo tanto de entrenar como de inferir modelos de inteligencia artificial. El plan se puso en marcha hace unos meses con la reconversión de siete centros de datos europeos en centros de datos para la IA y con un objetivo: que las empresas europeas dejen de acudir a las extranjeras. Por ejemplo, la francesa Mistral firmó con Microsoft para poder usar sus sistemas para entrenar a Le Chat. La idea es que eso se haga ‘en casa’.
Se estima que una de estas gigafactorías puede tener más de 100.000 procesadores de IA de última generación y se quiere que estén optimizadas para tener un bajo consumo, reutilización de recursos como el agua y sean un nodo estratégico cerca de otras empresas, universidades y que sirva para atraer el talento.
Dentro de esa estrategia de soberanía tecnológica Europea, España tiene dos ases en la manga: Mora la Nova en Tarragona y San Fernando de Henares en Madrid. Son los dos municipios que podrían albergar una de esas gigafactorías de la IA y que aprovecharían infraestructura tecnológica y energética de la zona para acelerar los proyectos. La información no es nueva, pero ahora se suma Portugal.
Como detallan desde Moncloa, ambos países van a llevar a cabo una serie de esfuerzos bilaterales para estar a la cabeza energética y tecnológica de Europa, haciendo hincapié en la coordinación de los proyectos de inteligencia artificial. Porque España quiere la gigafactoria europea y Portugal también. El país vecino ya está desarrollando un centro de datos en Sines, y los dos países están jugando sus bazas.
EnergIA. Portugal juega la carta de que Sines tiene buena conexión con los cables submarinos del Atlántico. España tiene también un potente argumento: si Europa quiere que las gigafactorías de la IA sean eficientes a nivel energético, el país cuenta con una infraestructura de renovables que pueden ayudar a independizar la IA del gas o del carbón.
Mediante el acuerdo entre ambos, se pone sobre la mesa la intención de colaborar para aprovechar las capacidades complementarias y las sinergias entre ambos países.
Problema. Hay varios. Por un lado, los energéticos. Aunque España sea una de las potencias de Europa en cuanto a energías renovables, la inteligencia artificial demanda mucha, muchísima energía en los momentos pico. Tanta que no sólo las Big Tech tienen proyectos privados para abrir centrales nucleares, sino que se ha demostrado que hay que recurrir al carbón para satisfacer la demanda. Porque la IA necesita energía sostenida, pero sobre todo rápida y de acceso inmediato en los momentos más estresantes. Y ahí las renovables sólo cumplen si hay baterías enormes involucradas.
Por otro, Europa está construyendo ahora su infraestructura… y es el peor momento. Si se quiere que las gigafactorías cuenten con chips de última generación, implica comprar los H200 de NVIDIA. El problema es que estos chips, que son los que llevan la batuta en la actualidad, serán superados a corto plazo por una nueva generación. NVIDIA ya trabaja a plena máquina en Vera Rubin, y no se trata de un chip más potente, sino de un cambio de paradigma.
Ese juego de estar a la última en IA es lento porque hay que construir la infraestructura. Pero, sobre todo, es caro. De la manera que sea, se espera que esta primavera se publiquen los resultados sobre qué países albergarán las gigafactorías, y veremos si la candidatura España-Portugal convence a la Comisión.