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Europa se está quedando sin gas y teme la dependencia de EEUU. Su solución: volver a perforar el suelo

Europa se está quedando sin gas y teme la dependencia de EEUU. Su solución: volver a perforar el suelo
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Hace apenas cuatro años, el fantasma que recorría los pasillos de Bruselas vestía ushanka y hablaba ruso. La invasión de Ucrania en 2022 provocó un trauma energético que Europa juró no repetir, lanzándose a una carrera frenética para cortar los lazos con Gazprom. Hoy, la angustia ha vuelto, pero el miedo ya no mira al Este, sino al Oeste. Europa está experimentando un doloroso déjà vu: al huir de la dependencia de Moscú, el continente ha caído en los brazos de Washington, y el abrazo empieza a asfixiar. Este invierno no está dando tregua. Los niveles de almacenamiento de gas en Europa han caído a su punto más bajo desde aquella crisis de 2022, situándose en torno al 44% a finales de enero, una cifra alarmante si se compara con la media del 58% de la última década, según datos de Financial Times. La complacencia de los mercados contrasta con la realidad física que explica Ron Bousso en Reuters: las cavernas subterráneas se vacían peligrosamente y la vulnerabilidad estratégica queda expuesta. El regreso de los "Viejos Reyes": Volver a perforar. Esta apatía del mercado ante los almacenes vacíos tiene una explicación técnica: la estructura de precios invertida (backwardation). Ahora mismo, el gas futuro cotiza más barato que el actual, lo que elimina el incentivo económico para guardar combustible: ninguna empresa quiere comprar caro hoy para tener un activo que valdrá menos en verano. Ante este fallo del mercado y la precariedad del suministro, Europa ha decidido dejar de esperar y desempolvar los taladros. Lo que hace un lustro era un tabú climático, hoy es una prioridad de seguridad nacional. La exploración de petróleo y gas ha vuelto a la agenda europea con fuerza. Claudio Descalzi, consejero delegado del gigante energético italiano Eni, ha puesto voz a este cambio de paradigma. Según explica para un reportaje en el Financial Times, Europa debe abandonar el enfoque "ideológico" que frenó las inversiones domésticas en combustibles fósiles. Para el directivo, la negativa a explotar los recursos propios no ha salvado el planeta, simplemente ha obligado a Europa a comprar esa misma energía fuera, a precios más altos y a competidores que ahora usan el suministro como arma política. Esta visión se alinea con lo que los analistas financieros ya detectan: el pragmatismo se impone al idealismo. Simon Edelsten, columnista experto en inversión, sostiene que la "burbuja de la inversión en el cero neto" ya ha estallado. Los gobiernos y gestoras de fondos, que antes penalizaban cualquier activo fósil, están dando un giro de 180 grados. "La tasa a la que se sustituyen los combustibles fósiles depende más de su precio que de los decretos gubernamentales", sentencia Edelsten, recordando que, sin alternativas baratas, el mundo sigue quemando gas.  En Xataka Europa logró independizarse del gas ruso. Ahora tiene otro quebradero de cabeza: cómo independizarse del gas de EEUU La trampa de la dependencia. La estrategia de diversificación europea tenía un nombre propio: Estados Unidos. En el arranque de este año, los datos ya reflejan que Washington ha suministrado el 60% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que importó la Unión Europea, consolidando su posición dominante. Sin embargo, esta solución se ha tornado en un problema geopolítico de primer orden debido a las retóricas del presidente sobre la compra de Groenlandia y las amenazas de imponer aranceles. "El riesgo no es que Estados Unidos corte el suministro mañana", advierten analistas citados por el New York Times, "el riesgo es que utilice su posición dominante para presionar o condicionar". A diferencia de Rusia, Washington no necesita cerrar el grifo; le basta con jugar con los aranceles o priorizar otros mercados. Además, Europa ha pasado de comprar gas barato por tubería a comprar el gas más caro del mercado: el GNL estadounidense, lastrando la competitividad de su industria.  Sin plan B fácil. La búsqueda de alternativas es desesperada pero infructuosa, como han detallado en Bloomberg. La UE mira hacia Qatar, pero las tensiones militares entre EEUU e Irán en el Estrecho de Ormuz ponen en riesgo esa ruta. Noruega, por su parte, ya produce al límite de su capacidad. La pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿por qué no cubrir ese hueco con renovables? La respuesta corta es que la infraestructura y la tecnología no van al ritmo de la política. El sector eólico, otrora la gran esperanza, ha sido el gran damnificado del estallido de la burbuja verde. Empresas punteras como Ørsted o Vestas han visto desplomarse sus acciones y dispararse su deuda debido a que los lugares más ventosos ya están explotados. Aunque la energía solar resiste mejor el temporal gracias a mejoras en la eficiencia de los paneles, como destaca Edelsten, su intermitencia la hace incapaz por sí sola de cubrir los picos de demanda invernal. Incluso en el mejor escenario de despliegue renovable, el gas no va a desaparecer. Informes de consultoras como McKinsey proyectan que la demanda global de gas aumentará un 26% hasta 2050. La razón es técnica: las renovables necesitan un respaldo, un "guardaespaldas" que mantenga la red eléctrica estable cuando no hay sol o viento. La transición energética, paradójicamente, ha convertido al gas en un pilar estratégico permanente. Ingeniería de urgencia y el muro español. Ante la imposibilidad de traer gas por tierra desde el Este, Europa se ha volcado al mar. La solución de emergencia han sido las FSRU (Unidades Flotantes de Almacenamiento y Regasificación), gigantescos barcos que actúan como "enchufes móviles" para procesar el gas licuado. Su alquiler ronda los 155.000 dólares diarios, un precio que Europa paga gustosa para evitar el apagón. Sin embargo, el gas choca con un muro físico al llegar a tierra. España ilustra esta disfunción europea a la perfección: posee las plantas de regasificación y el gas en sus costas, pero carece de las tuberías (interconexiones) para enviarlo al norte del continente. Con una capacidad de exportación a Francia limitada a 8.500 millones de metros cúbicos al año, la Península Ibérica se mantiene como una isla energética, incapaz de aliviar la sed de gas de Alemania o Europa Central. Un mercado "hiperactivo" y la sombra de Rusia. El gas ha dejado de ser una simple commodity para convertirse en un activo financiero de alta velocidad. Hoy se opera 22 horas al día, con hedge funds y algoritmos reaccionando en milisegundos a cualquier noticia global. Esta "financiarización" ha traído una volatilidad extrema: un titular de madrugada sobre Irán puede alterar el precio de la calefacción en Berlín antes de que amanezca. Y mientras Europa mira los gráficos bursátiles, Rusia sigue filtrándose por las grietas. A pesar de las promesas de desconexión total para 2027, los flujos de gas ruso a través del gasoducto TurkStream aumentaron un 10% en enero respecto al año anterior, según Reuters. Bruselas teme además la existencia de una "flota fantasma": barcos que ocultan el origen del gas ruso mediante transferencias en alta mar, repitiendo el esquema que ya funciona con el petróleo. La independencia en construcción. Europa cierra este invierno con una lección de humildad. La promesa de una independencia energética rápida y verde se ha topado con la realidad de la física y la geopolítica. Mientras los políticos intentan enterrar sus declaraciones pasadas sobre el fin inmediato de los combustibles fósiles, el continente vuelve a perforar su suelo y a firmar contratos de gas a largo plazo. La pregunta que sobrevuela en Bruselas ya no es si Europa puede vivir sin el gas ruso, es si será capaz de hacerlo sin caer en una nueva dependencia antes de que las renovables lleguen a tiempo. De momento, la respuesta está en la perforación.  Imagen | Freepik Xataka | El mercado del gas se vuelve impredecible: tenemos los tanques llenos y los barcos en camino, pero el precio sigue siendo un enigma - La noticia Europa se está quedando sin gas y teme la dependencia de EEUU. Su solución: volver a perforar el suelo fue publicada originalmente en Xataka por Alba Otero .
Europa se está quedando sin gas y teme la dependencia de EEUU. Su solución: volver a perforar el suelo
  • De Putin a Trump: Europa cambia de proveedor energético pero mantiene su vulnerabilidad estratégica

  • El fenómeno del backwardation: por qué a las empresas energéticas no les sale a cuenta llenar los almacenes de gas para el próximo invierno

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Alba Otero

Editora - Energía

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Hace apenas cuatro años, el fantasma que recorría los pasillos de Bruselas vestía ushanka y hablaba ruso. La invasión de Ucrania en 2022 provocó un trauma energético que Europa juró no repetir, lanzándose a una carrera frenética para cortar los lazos con Gazprom. Hoy, la angustia ha vuelto, pero el miedo ya no mira al Este, sino al Oeste. Europa está experimentando un doloroso déjà vu: al huir de la dependencia de Moscú, el continente ha caído en los brazos de Washington, y el abrazo empieza a asfixiar.

Este invierno no está dando tregua. Los niveles de almacenamiento de gas en Europa han caído a su punto más bajo desde aquella crisis de 2022, situándose en torno al 44% a finales de enero, una cifra alarmante si se compara con la media del 58% de la última década, según datos de Financial Times. La complacencia de los mercados contrasta con la realidad física que explica Ron Bousso en Reuters: las cavernas subterráneas se vacían peligrosamente y la vulnerabilidad estratégica queda expuesta.

El regreso de los "Viejos Reyes": Volver a perforar. Esta apatía del mercado ante los almacenes vacíos tiene una explicación técnica: la estructura de precios invertida (backwardation). Ahora mismo, el gas futuro cotiza más barato que el actual, lo que elimina el incentivo económico para guardar combustible: ninguna empresa quiere comprar caro hoy para tener un activo que valdrá menos en verano. Ante este fallo del mercado y la precariedad del suministro, Europa ha decidido dejar de esperar y desempolvar los taladros. Lo que hace un lustro era un tabú climático, hoy es una prioridad de seguridad nacional. La exploración de petróleo y gas ha vuelto a la agenda europea con fuerza.

Claudio Descalzi, consejero delegado del gigante energético italiano Eni, ha puesto voz a este cambio de paradigma. Según explica para un reportaje en el Financial Times, Europa debe abandonar el enfoque "ideológico" que frenó las inversiones domésticas en combustibles fósiles. Para el directivo, la negativa a explotar los recursos propios no ha salvado el planeta, simplemente ha obligado a Europa a comprar esa misma energía fuera, a precios más altos y a competidores que ahora usan el suministro como arma política.

Esta visión se alinea con lo que los analistas financieros ya detectan: el pragmatismo se impone al idealismo. Simon Edelsten, columnista experto en inversión, sostiene que la "burbuja de la inversión en el cero neto" ya ha estallado. Los gobiernos y gestoras de fondos, que antes penalizaban cualquier activo fósil, están dando un giro de 180 grados. "La tasa a la que se sustituyen los combustibles fósiles depende más de su precio que de los decretos gubernamentales", sentencia Edelsten, recordando que, sin alternativas baratas, el mundo sigue quemando gas. 

En XatakaEuropa logró independizarse del gas ruso. Ahora tiene otro quebradero de cabeza: cómo independizarse del gas de EEUU

La trampa de la dependencia. La estrategia de diversificación europea tenía un nombre propio: Estados Unidos. En el arranque de este año, los datos ya reflejan que Washington ha suministrado el 60% de todo el Gas Natural Licuado (GNL) que importó la Unión Europea, consolidando su posición dominante. Sin embargo, esta solución se ha tornado en un problema geopolítico de primer orden debido a las retóricas del presidente sobre la compra de Groenlandia y las amenazas de imponer aranceles.

"El riesgo no es que Estados Unidos corte el suministro mañana", advierten analistas citados por el New York Times, "el riesgo es que utilice su posición dominante para presionar o condicionar". A diferencia de Rusia, Washington no necesita cerrar el grifo; le basta con jugar con los aranceles o priorizar otros mercados. Además, Europa ha pasado de comprar gas barato por tubería a comprar el gas más caro del mercado: el GNL estadounidense, lastrando la competitividad de su industria. 

Sin plan B fácil. La búsqueda de alternativas es desesperada pero infructuosa, como han detallado en Bloomberg. La UE mira hacia Qatar, pero las tensiones militares entre EEUU e Irán en el Estrecho de Ormuz ponen en riesgo esa ruta. Noruega, por su parte, ya produce al límite de su capacidad.

La pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿por qué no cubrir ese hueco con renovables? La respuesta corta es que la infraestructura y la tecnología no van al ritmo de la política. El sector eólico, otrora la gran esperanza, ha sido el gran damnificado del estallido de la burbuja verde. Empresas punteras como Ørsted o Vestas han visto desplomarse sus acciones y dispararse su deuda debido a que los lugares más ventosos ya están explotados. Aunque la energía solar resiste mejor el temporal gracias a mejoras en la eficiencia de los paneles, como destaca Edelsten, su intermitencia la hace incapaz por sí sola de cubrir los picos de demanda invernal.

Incluso en el mejor escenario de despliegue renovable, el gas no va a desaparecer. Informes de consultoras como McKinsey proyectan que la demanda global de gas aumentará un 26% hasta 2050. La razón es técnica: las renovables necesitan un respaldo, un "guardaespaldas" que mantenga la red eléctrica estable cuando no hay sol o viento. La transición energética, paradójicamente, ha convertido al gas en un pilar estratégico permanente.

Ingeniería de urgencia y el muro español. Ante la imposibilidad de traer gas por tierra desde el Este, Europa se ha volcado al mar. La solución de emergencia han sido las FSRU (Unidades Flotantes de Almacenamiento y Regasificación), gigantescos barcos que actúan como "enchufes móviles" para procesar el gas licuado. Su alquiler ronda los 155.000 dólares diarios, un precio que Europa paga gustosa para evitar el apagón.

Sin embargo, el gas choca con un muro físico al llegar a tierra. España ilustra esta disfunción europea a la perfección: posee las plantas de regasificación y el gas en sus costas, pero carece de las tuberías (interconexiones) para enviarlo al norte del continente. Con una capacidad de exportación a Francia limitada a 8.500 millones de metros cúbicos al año, la Península Ibérica se mantiene como una isla energética, incapaz de aliviar la sed de gas de Alemania o Europa Central.

Un mercado "hiperactivo" y la sombra de Rusia. El gas ha dejado de ser una simple commodity para convertirse en un activo financiero de alta velocidad. Hoy se opera 22 horas al día, con hedge funds y algoritmos reaccionando en milisegundos a cualquier noticia global. Esta "financiarización" ha traído una volatilidad extrema: un titular de madrugada sobre Irán puede alterar el precio de la calefacción en Berlín antes de que amanezca.

Y mientras Europa mira los gráficos bursátiles, Rusia sigue filtrándose por las grietas. A pesar de las promesas de desconexión total para 2027, los flujos de gas ruso a través del gasoducto TurkStream aumentaron un 10% en enero respecto al año anterior, según Reuters. Bruselas teme además la existencia de una "flota fantasma": barcos que ocultan el origen del gas ruso mediante transferencias en alta mar, repitiendo el esquema que ya funciona con el petróleo.

La independencia en construcción. Europa cierra este invierno con una lección de humildad. La promesa de una independencia energética rápida y verde se ha topado con la realidad de la física y la geopolítica.

Mientras los políticos intentan enterrar sus declaraciones pasadas sobre el fin inmediato de los combustibles fósiles, el continente vuelve a perforar su suelo y a firmar contratos de gas a largo plazo. La pregunta que sobrevuela en Bruselas ya no es si Europa puede vivir sin el gas ruso, es si será capaz de hacerlo sin caer en una nueva dependencia antes de que las renovables lleguen a tiempo. De momento, la respuesta está en la perforación

Imagen | Freepik

Xataka | El mercado del gas se vuelve impredecible: tenemos los tanques llenos y los barcos en camino, pero el precio sigue siendo un enigma

Fuente original: Leer en Xataka
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