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Diego Rodríguez Vargas, en la escalera del Ateneo de Málaga, en una imagen de archivo. F. González Fallece Diego Rodríguez Vargas, el maestro que impulsó el Ateneo de MálagaPresidente de la institución entre 2009 y 2017, el profesor ha fallecido a los 76 años
Málaga
Martes, 10 de febrero 2026, 13:34 | Actualizado 14:28h.
... como presidente del Ateneo de Málaga es de su condición de «maestro», término que reivindicaba. Maestro de sociales y 'mates' del Colegio Jorge Guillén de Málaga, amante del debate y con debilidad por la cultura, la jubilación fue su pasaporte para su actividad pública al frente de la institución ateneísta, una entidad que se encargó de impulsar y adaptar al siglo XXI durante los dos mandatos en las que estuvo al frente (2009-17). El maestro Rodríguez Vargas ha fallecido en Málaga, a los 76 años, y está siendo velado en la sala 29 del Parque Cementerio de Málaga. La cremación está prevista para mañana.Natural de Bedmar, en el corazón de Sierra Mágina (Jaén), Diego Rodríguez Vargas nació en 1949 y, a los once años, lo enviaron a un internado de jesuitas en Úbeda, donde estudió Bachillerato y Magisterio. Una etapa que confesaba que le marcó en su carácter humanista. Así, su inquietud intelectual y «el rigor en el academicismo» parten de su educación jesuítica y del hecho de vivir tantas horas con compañeros y profesores que le proporcionaron «una actitud humana hacia el encuentro». Aunque también fueron tiempos muy diferentes a los democráticos, por lo que también recordaba aquella etapa por la «disciplina de cuartel».
Defensor de la educación pública
Tras terminar Magisterio en 1968, comenzó a dar clases en centros jesuitas de varias localidades andaluzas: Puerto de Santa María, Cádiz y Linares, donde conoció a Reme, artista plástica y su pareja. El matrimonio tuvo dos hijos. Pero eso ocurrió después, en su etapa de Málaga, ciudad en la que echó raíces y a la que Diego Rodríguez llegó con 23 años. Siguiendo la ruta de los colegios jesuitas recaló en el Instituto Católico de Estudios Técnicos (ICET), de El Palo, donde estuvo varios años. Como le confesó a María Dolores Tortosa en una entrevista en SUR, la orden religiosa tenía dos centros en la misma barriada, uno para niños pudientes y otro para los más pobres. Una segregación de clases sociales en la oferta educativa que volvió marcarle, esta vez como docente, al abogar por la integración en la escuela.
Entonces tomó la decisión de dedicarse a la enseñanza pública y lo hizo, fundamentalmente, en el CEIP Jorge Guillén, en esa misma esquina de Málaga en la que ya ejercía, El Palo. Además de las clases, su espíritu renovador le hizo participar como coordinador en la reforma de la metodología de Ciencias Sociales, por encargo de la Junta de Andalucía, mientras que para la Facultad de Ciencias de la Educación tutorizó grupos de trabajo de innovación y experimentación. En 1999, obtuvo el premio nacional Santillana de experiencias educativas por su obra '¿Dónde está el bosque?', y en 2007, el reconocimiento de la Junta por la innovación educativa.
En el año 2000, entró en el Ateneo de Málaga para formar parte de la junta directiva de Antonio Morales. Siete años después, recién jubilado de la pizarra, se presentó a las elecciones como presidente de esta institución, consiguiendo un amplio respaldo con el 64% de los votos. Aquel apoyo supo convertirlo en una etapa de florecimiento de la entidad, dejándola además a su salida con un superávit de 50.000 euros. Entre sus proyectos pendientes, abrir la Sala Picasso en la que dio clases el padre del artista, José Blasco, una iniciativa que todavía está por concluir.
Miembro de la Comisión Europea de Cooperación Cultural de Marruecos, Diego Rodríguez Vargas tampoco se jubiló del todo tras su etapa al frente del Ateneo, ya que se dedicó a otras de sus pasiones: la escritura. Así, publicó varias novelas, como 'Isnatín' y ‘Los jardines de Deusto’, en los que rescataba su propia memoria familiar y el escenario de sus orígenes, Sierra Mágina.
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