En un momento del envolvente vídeo que repasa la historia compartida entre el Banco de Santander y la ciudad cántabra, y que el espectador observará con gafas de realidad aumentada en lo que se ha venido a llamar 'el Cubo', se rescatan imágenes de ... esa reunión de marzo de 2021 del consejo de administración de la entidad financiera en el que Ana Botín, su presidenta ejecutiva, anunciaba el inicio de las obras que transformarían el Edificio Pereda (donde nos colamos antes de abrir) en un moderno y exigente espacio cultural en la ciudad. En un inmueble que ha vivido una metamorfosis y que con su nueva identidad se recorre como si de un organismo se tratara, 'Cubo', con su piel de pantallas leeds, sería a todas luces su cerebro. Pero ya volveremos sobre eso...
En mayo de ese año, en la colocación de 'la primera piedra' de la obra, Ana Botín introdujo en una cápsula del tiempo documentos relacionados con la historia de la entidad (el anuncio de la primera junta general de accionistas del Banco en 1857; una foto de la inauguración de la sede del Paseo de Pereda en 1923...). La próxima semana, cinco años después, hará sus presentaciones Faro Santander, el nuevo e imponente proyecto cultural impulsado por Fundación Banco Santander, llamado a albergar y divulgar la mastodóntica colección artística de la institución.
«Sin duda, la colección es uno de los contenidos fundamentales pero no el único de Faro Santander –explica Daniel Vega, su director–, que pretende ser un lugar inclusivo, accesible, donde todo el mundo se sienta bienvenido. Un espacio que llega a la ciudad para aportar, completar y complementar».
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Incide su responsable, bien curtido en contextos similares tras su paso por el Guggenheim-Bilbao, en la idea de 'complementariedad', precisamente porque una de las cosas que más llama la atención es su proximidad al Centro Botín, compitiendo por las mejores vistas a la bahía, delimitando cada uno por un flanco los Jardines de Pereda.
«Es lógico que haya confusión, incluso en el propio sector, porque parece que somos lo mismo dentro de un mismo entramado financiero. Pero el Centro Botín depende de la Fundación Botín, un proyecto que viene de una familia, mientras que Faro es el gran proyecto cultural de la Fundación Santander, una fundación asociada a un banco. Obviamente, hay una conexión clara en la propiedad o gobierno de ambas realidades. Pero Faro es un proyecto muy personal de Ana Botín, impulsora de transformar el Edificio Pereda en un entorno cultural que se nutre de la visión con la que está transformando el Banco, de forma que hay elementos que compartimos como ser accesibles, inclusivos, globales».
Con esa filosofía, el Edificio Pereda se ha sometido a una transformación que convierte una sede bancaria que por décadas vivió de puertas adentro en un agente cultural que se extiende a la ciudad y al territorio cántabro. Así lo entendió el estudio David Chipperfield Architects (y este es su primer museo en España), artífice no tanto del enésimo edificio icónico en el tablero de los centros de arte nacionales e internacionales, sino de una intervención en un espacio considerado BIC (y que se alza con un certificado BREEAM por su sostenibilidad), que responde, en palabras de este Premio Pritzker, «a una ambición compartida para reimaginar sus históricas oficinas como un espacio cívico y cultural para la ciudad»: «Situado en un enclave privilegiado frente a la bahía –apunta– su gran arco monumental definía el umbral entre Santander y el mar. Pero sus espacios interiores permanecían en su mayoría en el ámbito privado».
El deseo del Banco de abrir el edificio al ciudadano, redefinir su papel en el espacio público y albergar su colección de arte planteaba para el británico «una oportunidad», un «estimulante desafío» y «un gesto de generosidad», en el que, por su parte, «la reutilización se transforma en proceso creativo y no en obligación tediosa». Menciona Chipperfield «la complejidad de trabajar con edificios existentes» («sus historias superpuestas, sus obstinadas limitaciones»), pero es en buena parte la sostenibilidad medioambiental la que facilita que «la reutilización o la circularidad de recursos no sean una concesión, sino un acto de reinvención».
Y es que el Edificio Pereda cuenta con una historia curiosa, resultado de la 'unión' de dos inmuebles de periodos distintos. El que ahora se conoce como 'ala este' de Faro Santander proviene de un complejo residencial del siglo XIX –cuyas partes más antiguas se remontan incluso a 1795–, que en 1923 se convierte en sede del Banco. Por su parte, en 1951, el arquitecto Javier González de Riancho construye una réplica del mismo, el 'ala oeste', tras derribar edificaciones contiguas, que quedan unidos mediante un gigantesco arco que atraviesa la calle Marcelino Sanz de Sautuola, unifica la fachada y da mayor empaque al inmueble.
Sin embargo, en el interior, cada una de las partes adoptó una fisonomía diversa en función del uso que se hizo de sus estancias (despachos, salas de reuniones, oficina bancaria...). La intervención de Chipperfield es pues 'silenciosa' en el exterior («debía conservarse la fachada, los ritmos estructurales, las escaleras principales y el emblemático arco»), y obvia pero tremendamente respetuosa en el interior, proporcionando espacios adecuados para la exhibición de obras de arte, sacando partido a ámbitos más limitados y generando una circulación natural entre los dos bloques.
La museografía del espacio se apoya en cinco ejes que el edificio distribuye de forma natural por sus plantas
La propuesta les dota de 10.000 m2 de superficie útil distribuidos en 10 plantas (tres de ellas bajo tierra, donde se sitúan el auditorio para 150 personas con asientos retráctiles y las infraestructuras técnicas), de los que 3.000 son para la exhibición artística a lo largo de cinco pisos, más los dos superiores con una terraza (Los Jardines del Faro, acondicionada por el paisajista Javier Mariategui, generando espacios íntimos con unas vistas envidiables), y el restaurante Lumen del chef Nacho del Corral, con entrada independiente y coronado en su azotea por las cuatro alegorías, iconos del edificio, dedicadas a la agricultura, la banca, el comercio y la navegación.
Lo recorremos atendiendo a las explicaciones de Daniel Vega, que enseguida nos hace distinguir cómo el edificio se transforma en distribuidor de los cinco ejes sobre los que se asienta la museografía del centro. Se ha de entrar en él por el ala este, atravesando el arco, que pronto descubriremos cómo, en este cuerpo imaginario, es su columna vertebral. La madera de roble aporta calidez a un vestíbulo entendido como espacio abierto y rematado en piedra de Boñar y acero. En un edificio en el que se ha tendido más a recuperar y readaptar que a construir, la escalera en espiral, de hormigón visto, por la que se sube al primer piso es asumida como una pequeña gran licencia del constructor. Un desde ya icono reconocible del centro.
Por ella se accede, ya en la primera planta, a Marisma, el primer eje y espacio de exhibición: «Este será nuestro lugar en el que difundir y representar lo que hacemos en el territorio –aclara Vega–. Queremos ser relevantes en el contexto, que se nos perciba como lugar enraizado. En Marisma no tanto exhibiremos como presentaremos conclusiones». Para la apertura del martes, aquí recalarán las conclusiones de la I Convocatoria de las Ayudas a la Creación Faro Santander, destinadas a todo tipo de disciplinas creativas y que estuvieron monitorizadas ahora por Anne Rodríguez. Será pues el ámbito más documental en el que converjan otros apoyos de la Fundación consolidados en el tiempo, como el dirigido a Fluent, de Alejandro Alonso Díaz, o al programa europeo 'Relight', en colaboración con las fundaciones locales Santa María la Real y Camino Lebaniego, para reactivar en la región de Alto Campoo-Los Valles su tejido cultural verde.
Desde aquí ya se aprecia otro de los hallazgos de Chipperfield en el arco: su cerramiento le permite transformarse en espacio de conexión entre los dos edificios antiguos y eje vertebrador de todas sus actividades. Y su naturaleza acristalada lo transforma en mirador no solo de la bahía, sino también, desde el otro lado, de la ciudad. Si en el pasado había que subir hasta la cuarta planta para que hubiera un flujo natural entre ambos inmuebles, ahora, la nueva funcionalidad de esta estructura facilita desde la calle contemplar la conectividad entre las plantas segunda y tercera, algo evidente desde la primera. Entendido como «espacio de descanso visual», también será intervenido, y por eso no les sorprenderá encontrarse en algún punto en él con una escultura, por ejemplo, de Juan Muñoz.
¿Recuerdan que a Faro entramos por el ala este y que ahora estamos en la planta primera? ¿Se acuerdan de Cubo, con el que arrancamos este texto? Bien: pues a Cubo se accede desde donde estamos pasando al ala oeste, pues este ámbito dedicado a la tecnología ocupa dos plantas pero se acomete desde la superior. Volvemos a escuchar al director: «Segundo eje de la programación, es el lugar en el que se encuentran arte, tecnología y cultura, con un enfoque contemporáneo. Invitaremos a artistas, técnicos y científicos a colaborar sobre temas que nos preocupan a todos. La idea es que también sea un ámbito donde resuene lo local. Tenemos la suerte de disponer allí de una equipación increíble, inmersiva, con un 'black box' en cuyo interior pueden suceder cosas maravillosas, forrado con piel de leed, un lienzo digital al servicio de los artistas».
Para la programación inaugural se le dota de un uso especial que tiene que ver con la memoria del edificio y la historia de la ciudad. Así, una experiencia inmersiva de realidad virtual (el ya mencionado vídeo 'Antes de FS') invita a un viaje al pasado. «Es un guiño al público local, a una memoria compartida, pues cada habitante de Santander tiene una relación personal con este espacio. Queremos celebrar eso», añade Vega. Una búsqueda además del nativo digital, que se trufa con una pequeña selección de elementos emblemáticos del edificio que han sido restaurados.
«Es bueno para Santander que equipamientos grandes, tan diferenciados, entren escalonadamente para tener cada uno su momento y establecer alianzas sin precipitarse»
La planta segunda y la cuarta son las genuinamente dedicadas al arte. Son dos ejes más. La cuarta se dedicará a mostrar los fondos de la Colección Banco Santander, para sus responsables, un conjunto poco conocido: «Lo es pese a su naturaleza –señala el director–, sobre todo porque para acceder a ella hasta ahora había que acudir a la Sala de Exposiciones de la Ciudad Financiera de la entidad en Boadilla, un lugar lejano y que no abre los fines de semana. Por eso esta ha sido una colección que se ha conocido más por sus préstamos puntuales a un sinnúmero de exposiciones temporales».
Ahora, se busca que tenga una presencia permanente en Faro, y también dinámica, con dos o tres presentaciones anuales. «Son muchas las historias que podemos tejer en torno a ella porque, sin contar sus ejemplos de obra gráfica, numismática o tapices, son más de 1.000 pinturas y esculturas, fruto de una colección de colecciones bancarias diversas, que en España coleccionaban con similitud».
Por eso en ella está bien representado el Barroco, el siglo XIX y el XX. El primer acercamiento, desde septiembre, se titulará 'Obras maestra de la Colección Banco Santander', que aborda lo más significativo de la misma de un arco temporal del Renacimiento hasta hoy en torno a cuatro temas (historias sagradas, bodegón, paisaje y retrato, así que no faltarán ni Tiziano, ni Canaletto, Cranach el Viejo, Barceló, Soledad Sevilla o Cristina Iglesias), llevado a cabo por María Dolores Jiménez Blanco, vieja conocida del conjunto, que pone frente a frente momentos históricos dispares que favorecen encuentros y establecen diálogos. «Ese es además –concluye Vega– un signo de cómo queremos trabajar».
Para el gestor, esta mudanza supone dos oportunidades para la Fundación: de un lado, no es el cierre de Boadilla, que abrió sus puertas en 2007 con el mismo propósito, sino su reactivación: «En la medida en que vamos a realizar más actividad en torno a la colección para Faro, muchas cosas itinerarán allí. Se han desmontado salas, es cierto, pero los almacenes seguirán en Madrid». Por otro lado, a FS le corresponde ahora gestionar este legado y engrandecerlo. «Se abre una nueva etapa en el conjunto. Plantearnos qué colección queremos en el futuro. Por ser este un Banco global hay que revisar, por ejemplo, qué sentido tiene que sea esta una colección 'tan española'».
A la planta segunda llegan las exposiciones temporales. No sin polémica (la cual retrasó la apertura de Faro de junio a septiembre), se apuesta para arrancar por la Colección Gelman. 'México moderno en la Colección Gelman Santander' trae a España algunos 'monumentos nacionales' (así están catalogadas esas piezas en su país de origen, lo que dificulta su exportación) en ella incluidos de Frida Kahlo, Diego Rivera, Rufino Tamayo o su excepcional conjunto fotográfico. La coordina Marisol Argüelles, directora del Museo de Arte Moderno de México, donde la exposición ha sido un rotundo éxito con más de 300.000 visitantes.
«El Banco y la Fundación han llegado a un acuerdo con los nuevos propietarios, que son mexicanos, lo que devuelve la propiedad a México y dirime la polémica. Nuestro acuerdo de préstamo y gestión a largo plazo implica conservar las obras e investigarlas, algo fundamental en un conjunto rodeado de tanto mito pero con tanta falta de estudio. Y asumimos la responsabilidad de exhibirla, tanto en nuestros espacios como cediéndola en préstamo temporal, obras sueltas o su totalidad. Por eso participaremos, por ejemplo, en la gran retrospectiva de Frida que prepara la Fundación Beyeler. Y no se me ocurre mejor lugar para mostrarla en España que en Cantabria, que, junto a Asturias, tuvo tanta tradición indiana».
Las salas de las plantas pares, plagadas de ventanas (¿son acaso los ojos de Faro?) recuerdan de nuevo el pasado del edificio, dificultan los montajes y dan pie a una nueva licencia del arquitecto, jugando con dobles alturas. Ambas alas funcionan en espejo, sin que el visitante repare en que es más grande el flanco oeste, puesto que, al final, la superficie ganada es ocupada por montacargas. Y a la planta tercera, quizás más modesta, se le da un protagonismo extraordinario. El último eje: «Más limitada –resalta Vega–, la hemos convertido en el auténtico corazón de Faro: es el área de participación y exploración creativa para los visitantes».
De sus programas públicos, de educación y mediación, se va a ocupar Ana Botella, santanderina, tras su paso por el Museo Calouste Gulbenkian de Lisboa. «Una de las singularidades de Faro –resume ella– es que estos programas tienen la oportunidad de estar muy presentes junto a las expos y las colecciones; no son un añadido, una capa que se coloca después. Tienen un espacio dentro del edificio. Eso es toda una declaración de principios».
El ala este será la sede de Atelier, donde el público será parte activa de la creación de la obra de arte junto a los artistas. Para la inauguración, el centro «se hace trampas» y muestra allí una segunda temporal. Se aprovecha así la itinerancia de 'El surrealismo sintomático', dedicada a Leonora Carrington, proveniente del Freud Museum (Londres), y que se ocupa precisamente de los cuatro meses en los que la creadora estuvo ingresada en el psiquiátrico del doctor Luis Morales en Santander. Allí realizó dos obras capitales (que se han vuelto a reunir y a mostrar por vez primera) y dos cuadernos de dibujos.
10.000 m2 de superficie útil distribuidos en 10 plantas
, de los que 3.000 son para la exhibición artística a lo largo de cinco pisos
Mientras, en el otro extremo, Llamita, diseñada por Acha Zaballa Arquitectos, hace lo propio con los niños de la mano de Sara San Gregorio, directora de Espacio Abierto Finca de los Molinos en Madrid. «Llamita es un espacio dedicado al juego. La infancia no es solo un público, sino un actor que experimenta procesos creativos a su manera». Y frente al adulto, que rara vez repite visita a una exposición, Llamita «invitará a la recurrencia. Su nombre viene de eso, de la idea de prender. Prendes con el juego y la llamita se extiende hacia unas ganas de seguir creando», resume San Gregorio.
Considera Daniel Vega que Faro Santander, al que se bautiza en función de los dos 'faroles' culturales que el Banco tiene en Brasil, llega en un buen momento: «Nos adelantamos a nuestros vecinos en el parque del Archivo Lafuente y al nuevo Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, y nos complementamos con el Centro Botín –que se ocupa de la contemporaneidad, mientras que nosotros haremos las veces de museo de Bellas Artes– y Cultura Material, el último proyecto de José Mª Lafuente. Creo que es bueno para Santander que estos equipamientos, grandes, tan diferenciados, entren escalonadamente para tener cada uno su momento y establecer alianzas sin precipitarse». «La ventaja de Faro –añade Botella– es que no cae como un ovni en la ciudad. Hay ya una relación afectiva previa. Tenemos recursos, y no solo económicos. El contexto no es el de hace diez años y facilita crear un ecosistema rico y complementario. ¡Hasta el Racing ha subido a primera! Todo suma».
En unos días, y como parte de las jornadas de bienvenida al centro, una verbena cerrará los jardines de Pereda, en la que los niños de Llamita prenderán farolillos para iluminar el camino al resto, en una jornada en la que se contará con otros agentes culturales, como la Fundación Albéniz, que ha compuesto una sinfonía colaborativa con las 50 primeras personas de la ciudad que ya han conocido el edificio; o el colectivo Casapalma, que recupera el cancionero popular montañés. Entre todos oficializarán la puesta de largo de FS. Entonces, este nuevo faro de la cultura empezará verter su luz.
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