- JAVIER AYUSO
Seguro que en los despachos de Génova todavía persisten los ecos de aquel 11 de marzo de 2004 en el que murieron 119 personas y resultaron heridas otras dos mil tras los terribles atentados en Madrid.
El Gobierno de José María Aznar mintió a la ciudadanía asegurando que había sido la banda terrorista ETA, cuando eran conscientes de que se trataba de un ataque yihadista. Y cuando se supo la verdad, el candidato del PP a las elecciones generales, Mariano Rajoy, sufrió una estrepitosa derrota frente a José Luis Rodríguez Zapatero, cuando todas las encuestas auguraban una amplia victoria. Los españoles no perdonaron el intento de engaño de Aznar y sus ministros.
Veintidós años después, Pedro Sánchez está utilizando la misma táctica para intentar salir airoso de un asalto a la "integridad nacional de España", negando la evidencia de que detrás de la avalancha de más de 80.000 personas en la frontera de Ceuta estaba el todopoderoso gobierno de Marruecos. Un mes después de buscar relatos estrafalarios para exculpar a la dictadura del rey Mohamed, se empiezan a conocer pruebas fehacientes de que desde la Moncloa se ha mentido sistemáticamente a los españoles.
Empezando por el propio presidente y apoyado en varios ministros, se venía negando que el Gobierno hubiera recibido avisos de lo que podía pasar en Ceutay que no había pruebas para acusar a Rabat de la operación. La narrativa llegó a su máximo de ridiculez cuando acusaron a Israel, Rusia y la ultraderecha internacional de haber conspirado para promover el asalto.
Tras la delirante entrevista de Sánchez a una emisora de radio nacional, la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, repitió el mantra mentiroso de que "no existen evidencias, indicios o informes" que prueben que Marruecos estaba detrás de la invasión. Sin embargo, unas horas después se han publicado unos informes que demuestran que el Ejecutivo estaba avisado de lo que se le venía encima a Ceuta y que gendarmes y agentes de paisano marroquíes apoyaron el ataque. Las evidencias (el informe habla de "planificación previa", "guiado activo" y "diseño estratégico") están ya en poder de la magistrada de la Audiencia Nacional, María Tardón, que ha abierto una investigación al respecto.
La documentación elaborada por la unidad de inteligencia de la Comisaría General de Extranjería pone en evidencia toda la narrativa que ha venido desarrollando Moncloa y sitúa en una posición delicadísima al propio presidente y a todos los ministros que llevan semanas defendiéndola, tanto en sede parlamentaria como en el propio complejo de Presidencia del Gobierno. El castillo de naipes montado para exculparse a ellos mismos por su negligencia y a Rabat por su asalto a nuestra frontera se ha caído pese a que desde el Gobierno y sus portavoces mediáticos quieran poner ahora en duda el trabajo de sus propios funcionarios.
Alberto Núñez Feijóo debería ser consciente de que el asalto a Ceuta será -lo es ya- el 11-M de Pedro Sánchez. Aznar perdió la credibilidad y el PP el gobierno en 2004, y eso es lo que debería suceder en estos momentos con los socialistas. Solo hace falta que el líder de la oposición sea capaz, hoy mismo, durante la comparecencia de Sánchez en el Congreso de los Diputados, de explicar a toda la Cámara (incluidos los aliados del PSOE), que un presidente que miente a los ciudadanos no puede seguir ni un día más al frente del Gobierno.
Es importante que Feijóo no se salga del foco principal del asunto, ni responda a las trampas que seguro le tenderá el líder socialista en su primera intervención. Ni internacional ultraderechista, ni implicar al Rey en el debate político, ni conspiraciones para acabar con el gobierno progresista. La única realidad que hay que constatar es que el Gobierno hizo oídos sordos a los avisos de la posible invasión, que luego negó que existieran, que hizo dejación de funciones para solucionar un problema que lleva creciendo durante más de cuatro semanas y que ha querido exculpar al país que ha promovido el asalto por no se sabe qué oscuras cuestiones que tienen atenazado al presidente.
No hay que olvidar que en 2021, cuando se produjo el anterior ataque a Ceuta, el Gobierno de Sánchez se movilizó en la Unión Europea para defenderse de la agresión marroquí. Pero eso fue antes de que el teléfono del líder socialista fuera hackeado por los servicios secretos de Rabat y desde entonces nada ha sido lo mismo con nuestro vecino del Sur, al que se ha llegado a entregar el Sáhara Occidental en una decisión diplomática sin precedentes y sin pasar por el Parlamento español.
La credibilidad del presidente es nula. Ni siquiera sus socios y aliados defienden ya su relato conspiranoico. Nadie duda de que Marruecos está detrás del asalto y que Sánchez es rehén del rey Mohamed desde el escándalo de Pegasus. Tampoco le perdonan que se fuera de vacaciones en pleno "ataque la integridad nacional", dejando la Presidencia en una especie de "sede vacante".
Ayer, cientos de miles de españoles salieron a la calle para defender la soberanía española de Ceuta y Melilla y para atacar la nefasta gestión y las mentiras del Gobierno en una crisis que corre serio peligro de cronificarse. Hoy le toca al líder de la oposición exponer con certeza la realidad que vive España, con un gobierno a la deriva que ha intentado engañar a sus ciudadanos para defenderse de su negligencia y de los secretos que no quiere que se conozcan. Y también es la hora de que todas las fuerzas políticas, de una u otra ideología, se pronuncien sobre si Pedro Sánchez debe abandonar el poder y convocar elecciones. Ya habrá tiempo, más tarde, para exigir responsabilidades políticas e incluso penales.
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