«Ya nadie duda de que, de una forma u otra, llegaremos a Moncloa», deducen los populares del deterioro de sus rivales
Regala esta noticia Añádenos en Google Feijoo durante la primera sesión de control al Gobierno en el Congreso tras la imputación de Zapatero. (EP) 25/05/2026 a las 00:05h.Alberto Núñez ha combatido contra dos rivales esta legislatura: Pedro Sánchez, después de la frustración que representó no haber logrado desalojarlo del poder en las ... generales de julio de 2023, y la ansiedad por intentar llegar a La Moncloa cuanto antes en su condición de partido más votado del país. Unas ganas que han tropezado una y otra vez, crisis tras crisis, escándalo tras escándalo, con la inquebrantable determinación del presidente del Gobierno de agotar su tercer mandato y con la imposibilidad de construir una moción de censura victoriosa, con el compromiso previo de presentarla para forzar la convocatoria de elecciones, por el apego más o menos férreo de los socios a la continuidad de Sánchez.
Santos Cerdán–, los populares asumieron que no iba a haber adelanto electoral. Y esa percepción, la de que el líder socialista se agarrará a La Moncloa todo lo que sea posible, no ha variado pese al tsunami desatado por el encausamiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Así que Feijóo y su equipo se recetan no solo perseverar en la paciencia, no caer en la marmita de la ansiedad, sino enjugar el riesgo que siempre asoma para los populares en las ya variopintas situaciones en la que la legislatura ha parecido al borde del colapso: que el foco acabe desviándose, por habilidad ajena o errores propios, de los problemas para una gobernabilidad viable que arrastra Sánchez; y que acabe volviéndose contra ellos el señuelo de la moción de censura, agitado de forma recurrente por un Vox que no tiene nada que perder si la iniciativa encalla y que así trata de alimentar la imagen de que Feijóo no tiene arrestos.Persuadidos de que las consecuencias del reventón del supuesto tráfico ilegal de influencias atribuido a Zapatero «no han hecho más que empezar» –el secretario general del PP, Miguel Tellado, se regodeó este domingo en la causa para ironizar con que «los 40 ladrones» de «la cueva de Alí Babá» se le quedan cortos a Sánchez–, en Génova se afanan en apartar de sí el caliz de la moción y en orientar el foco hacia donde creen que debe permanecer: en las tribulaciones del Gobierno por la judicialización de las conductas supuestamente irregulares en el entorno familiar, político e institucional del presidente. «Estamos en la fase de la tranquilidad absoluta», definen en el entorno de jefe de la oposición, con la vista puesta en la declaración de Zapatero prevista para el 2 de junio en la Audiencia Nacional.
La moción orillada
Feijóo ya sabe lo que implica coquetear con una censura que continúa condenada al fracaso –el PNV dio ayer un aldabonazo advirtiendo a Sánchez de que es inviable tratar de agotar la legislatura en 2027, pero sin intención de animar la alternativa constitucional para desbancar al Gobierno–; y el líder del PP, por lo menos hasta ahora, no ha estado dispuesto a promoverla, sin otro efecto que el simbólico, para perderla. Es la certidumbre a la que se aferran Sánchez y sus ministros ante cada zozobra, cuando retan a Feijóo a formalizar la moción a sabiendas de que la precariedad de la mayoría gubernamental no conduce a que sus aliados vayan a sumarse al PP y Vox. Los populares han optado por hacer de la necesidad, virtud, con ese estado de cosas y cargar sobre los hombros de los socios la complicidad con la corrupción. Y en paralelo, «amplificar el desgaste» de un Gobierno y un PSOE a los que aguardan, constatan en Génova, «un calendario judicial tenebroso», y cuya erosión, vaticinan, solo puede ir a peor.
«Ya nadie duda de que, de una forma u otra, llegaremos a La Moncloa», llegan a dar por sentado en el equipo de Feijóo, que inciden en que el partido tiene «tiempo por delante» ante lo que creen un deterioro irreversible de las opciones políticas de sus adversarios. En el cuartel general de los populares no admiten que, llegados a ese punto, con la legislatura enfilando como mucho su último año, hayan pasado de las prisas por sustituir a Sánchez a rumiar que mejor que la agote dada la paulatina pérdida de peso electoral de los socialistas. «Eso sería asumir que a España le vaya mal», rebaten esa hipótesis fuentes de la dirección popular. «Pero ellos sabrán si piensan que alargar esto un año más es bueno para la marca PSOE». Un PSOE que, malician los populares, bascula hoy entre «las hijas de Zapatero, la mujer y el hermano de Sánchez y las 'sobrinas' de Ábalos».
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