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Formar líderes con propósito

Formar líderes con propósito
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Líderes con propósito

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Rosa Visiedo Claverol

Rectora de la Universidad CEU San Pablo

08/07/2026 Actualizado a las 11:27h.

En un momento en el que la rapidez del cambio y la incertidumbre parecen definir nuestro tiempo, creo que hay una pregunta que las instituciones no pueden eludir: ¿para qué existimos? Y si hay una institución que debe tener clara la respuesta, es, sin duda, la Universidad.

Desde mi experiencia al frente de la Universidad CEU San Pablo, estoy convencida de que el propósito universitario no puede limitarse a la transmisión de conocimientos. Nuestro compromiso es más profundo: contribuir a la transformación positiva de la sociedad a través de la formación de personas.

Este propósito se sustenta en una concepción integral de la educación, inspirada en el humanismo cristiano. Aspiramos a formar profesionales excelentes, pero también personas íntegras, responsables y comprometidas con el bien común. Porque el verdadero progreso no es solo técnico o económico, sino también humano.

La verdadera cuestión no es sólo qué será capaz de hacer la IA, sino qué seremos capaces de hacer nosotros con ella

La tecnología transforma lo que hacemos; el humanismo nos recuerda quiénes somos. Hoy vivimos un momento decisivo con la irrupción de la inteligencia artificial que está modificando la educación, la empresa, la medicina, la comunicación, la ciencia, la cultura y la manera en que nos relacionamos. Su capacidad para procesar información, automatizar tareas y generar nuevas soluciones abre oportunidades extraordinarias. No podemos mirar este fenómeno desde el miedo, pero tampoco podemos dar por hecho que todo progreso tecnológico implica, por sí mismo, un progreso humano. La verdadera cuestión no es solo qué será capaz de hacer la inteligencia artificial, sino qué seremos capaces de hacer nosotros con ella.

En este contexto, hablar de humanismo no es una apelación abstracta ni una mirada nostálgica. Es una necesidad urgente. Y hablar de humanismo cristiano significa recordar una visión de la persona que ha configurado profundamente nuestra cultura: una visión que sitúa en el centro la dignidad de cada ser humano, el respeto a la vida, la libertad, la responsabilidad, la solidaridad y la búsqueda del bien común. Esa tradición moral nos recuerda que la persona no puede medirse únicamente por su utilidad, su productividad, su rendimiento o su capacidad de adaptación a los cambios.

La inteligencia artificial puede imitar procesos, generar respuestas, aprender patrones y aumentar la eficiencia. Pero no puede sustituir la conciencia, las emociones, la libertad interior ni el pensamiento crítico. No puede acompañar desde la compasión, discernir moralmente o asumir la responsabilidad última de una decisión. Puede ayudar a decidir mejor, pero no puede decidir por nosotros qué es justo, qué es bueno o qué consecuencias estamos dispuestos a aceptar.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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