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Frank Gehry, fuiste un genio

Frank Gehry, fuiste un genio
Artículo Completo 977 palabras
«¡Fuera de mi obra maestra, gamberros. Llamaré a vuestras madres!!», gritaba Frank Gehry, blandiendo una escoba, a Jimbo Jones y sus colegas, atrapándolos in fraganti en el osado acto de estar usando su Auditorio de Springfield como pista de 'skateboard'. «¡Eh, Frank Gehry! ¿Te va lo curvilíneo?», le replicaba Jimbo con descaro. Gehry fue, sin el menor género de dudas, el arquitecto más trascendente del último medio siglo; también, muy seguramente, el más famoso, como lo certifica esa aparición en un capítulo de 'Los Simpson', encarnándose a sí mismo como paradigma del gran arquitecto-estrella de comienzos de los años 2000. Nacido en Toronto el 28 de diciembre de 1929, bajo el nombre de Ephraim Owen Goldberg, en su personalidad se aunaban creatividad, desparpajo e ironía, y también obstinación y disciplina. Todas ellas, cualidades que le permitieron llevar adelante desafíos políticos y tecnológicos, como el Museo Guggenheim Bilbao (1997) y el Walt Disney Concert Hall (Los Ángeles, 2003).Noticia relacionada general No No ARQUITECTURA Zaha Hadid, documentos de una arquitecta Fredy Massad'El siglo de Gehry', la sobresaliente muestra dedicada a su figura, inaugurada en la Fundación Serralves y comisariada por António Choupina, director de Arquitectura de esta institución, junto a Gehry Partners –a cargo del diseño del montaje–, puede describirse esencialmente en palabras de este: «Un despliegue externo del alma de Frank; un reflejo de su espíritu explorador, siempre en desafío consigo mismo, siempre tratando de ver las cosas de una forma nueva». Compuesta por maquetas originales, dibujos, fotos y material fílmico, la muestra está dividida en ocho bloques temáticos en los que se presentan diecinueve obras fundamentales del arquitecto, fallecido el 5 de diciembre de 2025. Rehuir lo previsiblePartiendo de la decisión consciente de rehuir lo previsible –y fácil–, que en este caso habría sido definir un montaje de espectacularidad 'gehriana', se ha optado por actuar desde la actitud opuesta: hacer algo contenido, que fuera al meollo del punto donde se inició su arquitectura. Así, la muestra arranca con dos diseños fundamentales en su obra temprana: su residencia familiar en Santa Mónica (1978), que fue incluida en la exposición 'Deconstructivist Architecture' (MoMA, 1988), comisariada por Philip Johnson y Mark Wigley, y que lo situó dentro del reducido grupo que, con el tiempo, sería conocido como el de los arquitectos estrella; y los muebles de cartón 'Easy Edges' (1969-73) y 'Experimental Edges' (1979-82). Prosigue con su obra más posmoderna: el edificio Loyola Law School (Los Ángeles, 1984), con los icónicos enormes binoculares que lo convertían en un edificio singular. Continúa con su primer edificio en Europa y su aportación a la colección de edificios del Vitra Design Museum, génesis y ensayo a pequeña escala del Guggenheim Bilbao y del Walt Disney Concert Hall. En las imágenes, Walt Disney Concert Hall, en Los Ángeles (California); maqueta del Guggenheim-Bilbao; y uno de sus muebles de cartón © Frank O. Gehry. Getty Research Institute, Los ÁngelesSu etapa de encasillamiento en el 'estilo Gehry' queda reflejada en la Residencia Lewis (Ohio, 1985-95), una obra no construida, o el sobreactuado Hotel Marqués de Riscal (Álava, 2006). Esa etapa de autorreferencia, destinada a satisfacer a clientes que ansiaban comprar 'un Gehry', se rompe con la Fundación Louis Vuitton (París, 2014). Choupina reserva un espacio importante para hablar de la fraternal relación entre Gehry y el arquitecto luso Álvaro Siza . En el año 2000, ambos autores trabajaron juntos en el desarrollo de un plan maestro y una propuesta de ampliación para el Art Center College of Design de Pasadena (California). El proyecto incluía el diseño de una nueva biblioteca, de la que se ocupó el canadiense, y un laboratorio, a cargo del portugués. El diseño de este complejo fue el marco para un potente diálogo de arquitecturas, donde el estilo expresivo y osado de uno complementaba la sobriedad serena del otro. Aunque el proyecto no llegó a ser construido, maquetas, planos y bocetos fruto de esta colaboración dan fe de la amistad y el intercambio creativo que existió entre ellos. Se destaca también la relación de Gehry con Portugal a través del Parque Mayer, un proyecto para Lisboa concebido entre 2003 y 2004, que no llegó a construirse, y que Gehry consideraba uno de los más importantes de su carrera. La exposición concluye con la Torre Forma, en King Street (Toronto), sobre la que señaló ser un proyecto muy especial para él por ser Toronto su ciudad natal y el edificio con el que cerraba su periplo vital. Esta muestra, que Gehry no llegó a ver, reivindica una forma de hacer arquitectura formalmente creativa, exuberante y genial. La figura de Gehry se ha transformado con el correr de los años en un emblema de actitud contracultural, y no por voluntad propia, sino como consecuencia de la deriva hacia el papanatismo, la mojigatería y simpleza mental de nuestro presente. (Recuérdese aquella famosa peineta con la que reaccionó en una rueda de prensa al comentario de que únicamente hacía arquitectura-espectáculo.)Frank Gehry 'El siglo de Gehry' Lugar: Fundación Serralves (Oporto) Dirección: Rua Dom João de Castro, 210 Comisario: António Choupina Clausura: Hasta el 30 de diciembre Valoración: ****En un momento en que el discurso oficial de la arquitectura, guiada por absurdos intereses políticos, propicia el puritanismo y la falta de creatividad, recorrer esta exposición hace que la obra del cabadiense, con sus luces y sombras, se afirme, corroborando aquello que Marge Simpson le escribía en aquella carta donde le solicitaba ir a Springfield a construir un edificio: «Usted es el 'más mejor' arquitecto del mundo».

«¡Fuera de mi obra maestra, gamberros. Llamaré a vuestras madres!!», gritaba Frank Gehry, blandiendo una escoba, a Jimbo Jones y sus colegas, atrapándolos in fraganti en el osado acto de estar usando su Auditorio de Springfield como pista de 'skateboard'. «¡Eh, ... Frank Gehry! ¿Te va lo curvilíneo?», le replicaba Jimbo con descaro.

Gehry fue, sin el menor género de dudas, el arquitecto más trascendente del último medio siglo; también, muy seguramente, el más famoso, como lo certifica esa aparición en un capítulo de 'Los Simpson', encarnándose a sí mismo como paradigma del gran arquitecto-estrella de comienzos de los años 2000.

Nacido en Toronto el 28 de diciembre de 1929, bajo el nombre de Ephraim Owen Goldberg, en su personalidad se aunaban creatividad, desparpajo e ironía, y también obstinación y disciplina. Todas ellas, cualidades que le permitieron llevar adelante desafíos políticos y tecnológicos, como el Museo Guggenheim Bilbao (1997) y el Walt Disney Concert Hall (Los Ángeles, 2003).

'El siglo de Gehry', la sobresaliente muestra dedicada a su figura, inaugurada en la Fundación Serralves y comisariada por António Choupina, director de Arquitectura de esta institución, junto a Gehry Partners –a cargo del diseño del montaje–, puede describirse esencialmente en palabras de este: «Un despliegue externo del alma de Frank; un reflejo de su espíritu explorador, siempre en desafío consigo mismo, siempre tratando de ver las cosas de una forma nueva».

Compuesta por maquetas originales, dibujos, fotos y material fílmico, la muestra está dividida en ocho bloques temáticos en los que se presentan diecinueve obras fundamentales del arquitecto, fallecido el 5 de diciembre de 2025.

Partiendo de la decisión consciente de rehuir lo previsible –y fácil–, que en este caso habría sido definir un montaje de espectacularidad 'gehriana', se ha optado por actuar desde la actitud opuesta: hacer algo contenido, que fuera al meollo del punto donde se inició su arquitectura. Así, la muestra arranca con dos diseños fundamentales en su obra temprana: su residencia familiar en Santa Mónica (1978), que fue incluida en la exposición 'Deconstructivist Architecture' (MoMA, 1988), comisariada por Philip Johnson y Mark Wigley, y que lo situó dentro del reducido grupo que, con el tiempo, sería conocido como el de los arquitectos estrella; y los muebles de cartón 'Easy Edges' (1969-73) y 'Experimental Edges' (1979-82).

Prosigue con su obra más posmoderna: el edificio Loyola Law School (Los Ángeles, 1984), con los icónicos enormes binoculares que lo convertían en un edificio singular. Continúa con su primer edificio en Europa y su aportación a la colección de edificios del Vitra Design Museum, génesis y ensayo a pequeña escala del Guggenheim Bilbao y del Walt Disney Concert Hall.

Su etapa de encasillamiento en el 'estilo Gehry' queda reflejada en la Residencia Lewis (Ohio, 1985-95), una obra no construida, o el sobreactuado Hotel Marqués de Riscal (Álava, 2006). Esa etapa de autorreferencia, destinada a satisfacer a clientes que ansiaban comprar 'un Gehry', se rompe con la Fundación Louis Vuitton (París, 2014).

Choupina reserva un espacio importante para hablar de la fraternal relación entre Gehry y el arquitecto luso Álvaro Siza. En el año 2000, ambos autores trabajaron juntos en el desarrollo de un plan maestro y una propuesta de ampliación para el Art Center College of Design de Pasadena (California). El proyecto incluía el diseño de una nueva biblioteca, de la que se ocupó el canadiense, y un laboratorio, a cargo del portugués. El diseño de este complejo fue el marco para un potente diálogo de arquitecturas, donde el estilo expresivo y osado de uno complementaba la sobriedad serena del otro. Aunque el proyecto no llegó a ser construido, maquetas, planos y bocetos fruto de esta colaboración dan fe de la amistad y el intercambio creativo que existió entre ellos.

Se destaca también la relación de Gehry con Portugal a través del Parque Mayer, un proyecto para Lisboa concebido entre 2003 y 2004, que no llegó a construirse, y que Gehry consideraba uno de los más importantes de su carrera.

La exposición concluye con la Torre Forma, en King Street (Toronto), sobre la que señaló ser un proyecto muy especial para él por ser Toronto su ciudad natal y el edificio con el que cerraba su periplo vital.

Esta muestra, que Gehry no llegó a ver, reivindica una forma de hacer arquitectura formalmente creativa, exuberante y genial. La figura de Gehry se ha transformado con el correr de los años en un emblema de actitud contracultural, y no por voluntad propia, sino como consecuencia de la deriva hacia el papanatismo, la mojigatería y simpleza mental de nuestro presente. (Recuérdese aquella famosa peineta con la que reaccionó en una rueda de prensa al comentario de que únicamente hacía arquitectura-espectáculo.)

En un momento en que el discurso oficial de la arquitectura, guiada por absurdos intereses políticos, propicia el puritanismo y la falta de creatividad, recorrer esta exposición hace que la obra del cabadiense, con sus luces y sombras, se afirme, corroborando aquello que Marge Simpson le escribía en aquella carta donde le solicitaba ir a Springfield a construir un edificio: «Usted es el 'más mejor' arquitecto del mundo».

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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