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Política

Gestos obscenos a una ceutí, asfixia entre migrantes y un "fuera, a tu país, mientras le daba patatas": las tres violencias que sacuden Ceuta desde el 30-J

Gestos obscenos a una ceutí, asfixia entre migrantes y un "fuera, a tu país, mientras le daba patatas": las tres violencias que sacuden Ceuta desde el 30-J
Artículo Completo 844 palabras
"No damos abasto", lamenta uno de los agentes de la comisaría de la Policía Nacional del centro de la ciudad Leer

Alrededor de la medianoche, la comisaría de la Policía Nacional del centro de Ceuta tiene más movimiento del habitual. Entradas y salidas constantes, denuncias y personas esperando. Una escena que, según explican ahí, se repite desde la llegada masiva de migrantes del pasado 30 de julio.

"No damos abasto", resumen, lamenta, uno de los agentes.

Entre quienes esperan se encuentra Mohamed, un joven migrante de 23 años que acaba de denunciar una agresión por parte de otro. Según relata a este periódico, el conflicto comenzó días atrás. Fueron dos de las 80.000 personas que franquearon la frontera, a nado. Mohamed empezó a relacionarse con vecinos de la zona de Hadú y su compatriota... "No te sientes con los españoles, eres uno de nosotros", asegura que le recriminó.

Mohamed ignoró las amenazas. Desde entonces, sostiene, empezó a encontrarse a su agresor por la calle repetidamente y a sufrir agresiones. La situación termina por estallar en la noche del sábado. Cuenta que el joven que le ha agredido se acercó con la excusa de pedirle un cigarro y que, de forma inesperada, le empujó, enzarzándose en una pelea de la que EL MUNDO tiene pruebra gráfica, mientras otro migrante trataba de retener al agresor. Después, éste trató de asfixiarle colocándole una camiseta alrededor del cuello. "Te voy a matar", le decía, "y los ceutíes no van a defenderte". Exhibe en el cuello la marca del intento de asfixia.

Su caso es uno los tantos que registra está comisaría cada día. En una noche, la de este sábado, se puede resumir la situación que ha dejado la avalancha del pasado día 30. Ceuta vive una triple tensión: junto a los vecinos que denuncian inseguridad y agresiones, aparecen también migrantes que son víctimas de violencia de algún local y migrantes que son víctima en batallas de supervivencia o rencillas entre los recién llegados. Las Fuerzas de Seguridad alertan, especialmente, de que irán creciendo según se queden sin dinero.

A pocos metros de Mohamed, una mujer de unos 50 años habla todavía nerviosa. Explica que minutos antes un hombre se ha abalanzado sobre ella y después se ha realizado tocamientos, en un encadenamiento de gestos obscenos. "Si no te hago nada es porque no quiero", asegura que le ha dicho. Está paralizada, en shock.

La mujer reconstruye lo ocurrido ante los agentes mientras, en otra zona de la comisaría, un adolescente de 17 años con gesto triste está sentado en silencio. Tiene aspecto asustado. No habla español y mantiene las manos entrelazadas mientras espera. Él también ha acudido para denunciar una agresión. Pero esta vez se cambian las tornas: el agresor es un ciudadano local y la víctima es el migrante.

"No lo conocía de nada", cuenta a este periódico a través de un traductor. "Sólo me decía: 'Venga, para fuera. A tu país'". El menor presenta golpes visibles y lleva una pierna vendada. Sentado a su lado está Munir, un ceutí de 27 años que asegura haber presenciado toda la escena. El hombre al que acusa de atacar al adolescente era, hasta ese mismo día, su jefe.

"El chico no ha hecho nada. Simplemente ha pasado por delante del lugar donde trabajamos. De repente, mi jefe ha salido corriendo y ha empezado a pegarle puñetazos y patadas", explica. "Ha terminado empujándolo por unas escaleras".

Munir no lo pensó ni un momento: "Cuando he visto a mi jefe pegándole, he tenido que defender al chico. Lo he llevado al hospital y después a la Policía", relata. Asegura que las ambulancias estaban saturadas y que decidió trasladarlo él mismo.

Después volvió a su puesto de trabajo: "Le dije a mi jefe que así no se trata a las personas". La respuesta de su superior fue tajante: "'Estás despedido. Vete'". Munir mira al joven al que ha asistido y sentencia: "¿Pero sabes qué? No me importa. Yo hoy sí dormiré tranquilo".

Diferentes violencias se entrelazan en esta ciudad autónoma por donde deambulan desde hace casi un mes gentes sin techo y con la comida racionada.

Mientras varias de las personas que han acudido a denunciar conversan con EL MUNDO, otro menor llega hasta la entrada de la comisaría. Él no quiere denunciar. Quiere quedarse allí. Los agentes le indican que debe dirigirse a las carpas habilitadas para acoger a los migrantes. El niño escucha, pero no se mueve. Su gesto cambia. "No, aquí", suplica. Tiene miedo.

Es otra de las caras de una crisis que ha llenado de incertidumbres y pánicos las calles de Ceuta. Entre quienes protagonizan altercados y quienes los sufren existe otra realidad difícil de encajar: personas que llegaron de la misma manera, atravesaron la misma frontera y sufrieron el mismo camino, una vez dentro, se han situado en rincones contrarios de la violencia.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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