A sus 73 años, 25 de los cuales lleva siendo presidente de Ceuta, tras apoyarse tanto en la derecha como la izquierda para gobernar (dos veces en el PSOE), y habiendo intentado incluso jubilarse sin éxito, según deslizan en el PP -el partido le pidió un esfuerzo más y él siempre se ha reclamado 'muy' del partido-, Juan Jesús Vivas, "Juan" para todos, le está dando en estos días un nuevo sentido a la expresión 'dejarse la piel' por sus conciudadanos.
El hombre tiene la cara hecha un mapa por esos eccemas que "se le vienen arriba", cuentan los que le conocen, cuando el estrés aprieta. Y el estrés que este abuelo de dos nietos lleva soportando desde que más de 80.000 personas cruzaron ilegalmente de Marruecos a España justo por su frontera, la del Tarajal -él cree que "la cifra ronda los 90.000, porque si volvieron 73.000 y aquí quedan más de 10.000..."-, es "tremendo", admite.
Por resumirlo: en un planeta en que lo migratorio es tema central, con Occidente pegándose a cuenta de cómo gestionamos el asunto y la cuestión como primer polarizador electoral, la mayor crisis europea de los últimos años va y le cae encima, con todo su catálogo de ansiedades, a un abuelo de 73, moderado a más no poder, con no pocos boquetes de salud -cardiopatía y cáncer de próstata afortunadamente en remisión-, que lleva ya 26 días gestionando "una locura completa", a quien el Gobierno central lleva todo ese tiempo "toreando" -esto lo admiten 'sotto voce' incluso en el PSOE-, y que recibe a EL MUNDO en exclusiva para su primera entrevista larga, sin tiempo, en su despacho del Ayuntamiento.
Es sábado, pero como si fuera martes: ahí lleva el tipo desde las siete de la mañana, gestionando él solo "una crisis de seguridad nacional", que es lo que para él es todo esto, un "ataque a la soberanía nacional, quizás el mayor de los últimos 50 años". Va más allá: "Esto es como si te montan la Marcha Verde [la manifestación pacífica con la que Marruecos ocupó el Sáhara entonces español, en 1975], pero la gente no se va, se te quedan ahí, y el Gobierno no hace nada".
Porque ahí están, y bien lo sabe Vivas. No es sólo que la ciudad esté, dice, "al borde de una crisis sanitaria muy gorda", como admiten los médicos que trabajan sobre el terreno, y "al límite de un problema de seguridad explosivo, porque cualquier chispa puede encender un enfrentamiento, y la gente, aunque el comportamiento está siendo excelente, está muy cansada. Tanto los ceutíes como quienes han entrado, ojo" -fuentes policiales no dejan de temer el momento en que a los migrantes llegados del otro lado, y completamente desesperados, se les acabe el dinero y puedan comenzar saqueos-.
Juan Jesús Vivas, en su despacho.ELENA IRIBASNo es sólo que Ceuta esté atestada de adolescentes magrebíes sin control, y que las mujeres y niñas ceutíes apenas salgan a la calle desde hace 25 días, y se hayan "agotado los sprays pimienta" anti violación, como él mismo dice -la fotógrafa de este periódico vive en carne propia el ambiente en los apenas 10 minutos de caminata desde el ferry al Ayuntamiento-.
Es que los chavales se hacen fotos con el propio Vivas cuando le pescan en la calle, en los apenas 100 metros que separan su domicilio del Ayuntamiento -ha dejado, por motivos obvios, sus caminatas mañaneras diarias-. Y él, siempre afable, habla con ellos, desde el bigote cano y la mirada astuta tras las gafas.
"Uno no dejaba de hablarme, pa-pa-pa-pa", cuenta, "y como sólo sé un poco de dariya [se refiere al árabe marroquí] le pedí a alguien que me tradujera. Lo que me decía era: 'Yo tengo una prima en Lérida, ¿no pueden enviarme allí, por favor?'".
También los ceutíes le hablan, y de alguna forma le devuelven a Vivas estos días el capital político que él ha tejido con perspicacia durante los últimos 25 años, empeñado en la convivencia de credos, orígenes y razas en una ciudad que se construyó, también, de aluviones humanos desde el otro lado de la frontera, y en la que casi se habla tanto árabe como castellano... "Pero de eso hay mucha leyenda, ¿eh?", defiende, "aunque aquí no se le pregunta a nadie de dónde viene, aquí no miramos si los apellidos son vascos o de donde sean: aquí en Ceuta el sentimiento de pertenencia a España es compartido y a todos nos une".
La gente, en todo caso, le dice cosas: "Una señora, esta misma mañana cuando venía, me dice: 'Yo llevo años sin votarte, pero adelante que lo estás haciendo muy bien'".
Es el nudo gordiano de esta historia en lo que a Vivas se refiere: un moderado, y recalcitrante en su moderación -"las formas no hay que perderlas jamás", dice-, gestionando la crisis más extrema de estos tiempos extremos, en el asunto más extremo posible. Un moderado, vestigio de otra política, obligado a actuar en tiempos locos, "cuando la moderación no es que cotice a la baja, es que ni siquiera existe, es verdad", concede él.
Ceuta venía justo de esos extremos cuando comenzó a gobernar, un poco de carambola, gracias a una moción de censura en 2001.
El partido del atrabiliario Jesús Gil, probablemente adelantado 25 años a su 'momentum' real, promovía entonces la "españolización" frontal de la ciudad. Vivas, hijo de un funcionario municipal y licenciado en Economía en Málaga, sólo tuvo que echar la cuenta: se calcula que un 40% de la población ceutí es musulmana. Sólo se podía gobernar desde el encuentro y el acuerdo, lo cual encajaba como un guante con su talante. "La convivencia es existencial aquí, por eso nadie nos puede dar lecciones de qué es o qué no es racismo", repite.
Mira de reojo al relato que intentó venderse desde el Gobierno en los primeros días: que Vivas, que siempre ha reivindicado su "buena relación" con Pedro Sánchez, se había radicalizado, que se había 'voxizado', cuando en realidad Vox no está sabiendo capitalizar un momento casi escrito para ese partido gracias a la astucia tranquila del presidente ceutí.
"Han buscado vender que me he radicalizado, pero no lo han conseguido porque la moderación no está reñida con la coherencia, y con tener claras las prioridades. Y aquí en Ceuta hay tres pilares que tienen que estar por encima de las siglas", repite: "La soberanía y la integridad territorial de España, que Marruecos siempre tiene que tener claras, haga luego lo que haga; la convivencia entre las diferentes culturas de la ciudad, sin la que no hay ciudad, y la igualdad con el resto de españoles, por más que tengamos retos complicados aquí que no existen en otros lugares. Necesitamos más Estado aquí". La economía ceutí sufre un 22% de paro en una España por debajo del 10%, otro extremo llamativamente gobernado, de nuevo, por un político muy templado.
Vivas, segundo por la derecha, en su reunión con vecinos.ELENA IRIBASEl Gobierno ha anunciado un plan económico para Ceuta -con la visita del vicepresidente económico, Carlos Cuerpo-, pero llegamos al epicentro de lo que está sucediendo en la ciudad autónoma, repleta por todas partes de migrantes magrebíes descontrolados, con sus costuras a punto de reventar después de casi un mes -"¡casi un mes!", clama Vivas-, y sin una respuesta clara desde Madrid.
"Pero es que", llega el presidente/alcalde al único momento de la charla en que hiperventila, "¿tú ves normal que a estas alturas ni siquiera se sepa cuántos [migrantes] hay, no se haya hecho ni siquiera un registro? ¿Eso cómo se come? Que tenga que hacerles yo la cuenta, como me han pedido, por las comidas que se dan cada día... Hombre, por Dios, pero qué locura es esta".
La sensación de "abandono" es "muy grande y muy dolorosa", dice Vivas, de nuevo situado, con su olfato, exactamente en el lugar en que se sitúa el 99% de los ceutíes. "Nosotros somos pacientes y acogedores, pero esto no es una crisis migratoria y por eso me enfadé con lo dicho por la ministra de Sanidad [Mónica García dijo que "asociar inmigración con enfermedades es xenófobo"]. Aquí hemos organizado una morgue para los ochenta y pico muertos que nos han tocado, que parece que ya nadie se acuerda de ellos, y los hemos llorado, y entendemos lo humanitario, y que toda esta gente en realidad ha sido utilizada... Pero esto es una crisis de seguridad nacional, y se verá el martes [por mañana] cuando se nombre el mando único [el ministro Ángel Víctor Torres] y se tenga que justificar así".
Vivas pidió desde el principio que el Gobierno nombrara un único responsable para la situación, "y han tardado 23 días en hacerlo... ¿Cómo es posible?". Sánchez vino a Ceuta el primer día "y después el relato proyectado desde Moncloa fue que estas personas habían vuelto y Ceuta recuperaba la normalidad. Pero, ¿cómo pudieron decir eso?". Lo siguiente ha sido, dice, un "desfile de ministros", hasta ocho, "sin que se tome esto en serio y como lo que es: un ataque a la soberanía territorial. Si hoy meten a 90.000 aquí, ¿quién nos asegura que mañana no van a meter a 200.000 y se llevan Ceuta por delante?", dice.
En este punto, Vivas está igual de pasmado que todas las fuentes policiales consultadas: "No entiendo qué hace el Gobierno, cuál es su cuenta. No lo entiendo. Esto puede explotar en cualquier momento y están actuando con una lentitud extrema. En algunos momentos me ha sorprendido la falta de información con que se manejan, la verdad, aunque debo ser muy prudente con lo que digo. Pero Ceuta está sufriendo mucho y la respuesta está siendo completamente insuficiente, esto lo ve un ciego".
Otro en su situación usaría el fluorescente en cada frase -cuando no la granada de mano-, pero Vivas mide al milímetro. Desde Policía y Guardia Civil insisten, ha recabado este periódico, en que no se entiende la parálisis del Gobierno, o la cerrazón a emplear al Ejército, capaz de construir infraestructuras "en días", dice Vivas: "Hay 180.000 policías y guardias civiles en España, y con el eclipse se movilizaron 12.000. Aquí... ¿dónde los tenemos? Y que conste que mi agradecimiento a los agentes y los mandos que están aquí es absoluto, total. Pero es un tema de voluntad política. No lo entiendo".
Un ejemplo: de los cuatro centros anunciados para alojar a los migrantes sólo se ha construido aún uno, y la ONG que lo gestiona admitía a este diario este sábado que todo iba "muy lento".
Otro ejemplo: ayer domingo, casi un mes después del Gran Salto, aún no habían llegado a Ceuta funcionarios de la Oficina de Asilo y Refugio para ayudar a tramitar los expedientes de los arribados, para agilizar los imprescindibles trámites y devolver a la ciudad una mínima normalidad.
"Pero es que", dice Vivas, "eso es esencial tanto para los ceutíes, que es a quien yo me debo, como para los llegados, que es quien parece que importa más al Gobierno... Y no están haciendo nada, siguen ahí tirados sin que nadie haga nada, con nuestros servicios colapsados y nuestra población colapsada, en la mayor emergencia que jamás ha vivido Ceuta, a dos semanas de que empiecen los colegios. Somos 20 kilómetros cuadrados, esto se controla en horas, y lleva casi cuatro semanas fuera de control. Es alucinante, de verdad que no entiendo nada. Pido un plan claro de normalización".
¿Podría querer Moncloa, taimadamente, que este incendio alimente a la extrema derecha de cara a las próximas generales, en esa estrategia de 'o-nosotros-o-el-fascismo'? "Pero si es que esto les está saliendo muy mal, todo el mundo lo ve, cuando se pone en riesgo la estabilidad de tu país las siglas decaen...". Incluso el PSOE de Ceuta ha criticado la inacción desde Madrid.
Esa, el Gobierno, es la pared junto a la que habita Vivas, empotrado. De la espada habla con extrema cautela. La espada es Marruecos, e insólitamente, a estas alturas, con su ciudad sumida en un caos de 25 días y lo que te rondaré morena, el presidente ceutí ni siquiera levanta el tono, ni acusa abiertamente a la autocracia alauí de promover el salto: "Yo no puedo pensar que no lo sabían, que no tenían información de lo que iba a pasar, que no tienen nada que ver por acción o por omisión". Ceuta es un pequeño cuerno de tierra al norte del país marroquí, que nunca ha reconocido a esta ciudad autónoma ni a Melilla como españolas, y que con un soplo casi podría echar a sus 83.000 habitantes al mar.
"Con lo que bastaría", dice Vivas, "es con que Marruecos tenga claro que no se duda de la soberanía española en Ceuta y en Melilla, de que esto es España y Europa, que por algo la declaración del Parlamento Europeo tras el salto de 2021 [en el que entraron 10.000 personas] fue modélica en ese sentido, y nos dio gran satisfacción. Pero es que todo esto el Gobierno español no se lo está dejando claro a Marruecos. Es más: la seguridad territorial de España, en nuestra frontera, está en manos de Marruecos, como se ha demostrado. Y eso no puede ser. Lo primero es que ellos entiendan que somos países vecinos, que no pueden entrar en nuestra casa como y cuando quieran, ni utilizar a su propia población para atacarnos. Y, luego, si quieren tener una buena relación de vecindad, mejor. Y si no, pues nada. Pero la estabilidad económica de Ceuta no puede estar en manos de Marruecos".
Esta es la dimensión dramática del alcalde de una pequeña ciudad que resulta estar al borde de otro mundo: "Europa tiene que moverse también. Igual que hemos cedido competencias en estabilidad presupuestaria y en fiscalidad en tiempos de crisis, tiene que haber una política migratoria común. Es de cajón y aquí nos daría mucho aire", dice.
Vivas, que lo mismo ha recibido estos días a Juan Roig, presidente de Mercadona -de visita para apoyar a sus empleados- que espera en las próximas semanas "a los de Telefónica y CaixaBank, según me han dicho", llevó su letanía, ante la extraña parálisis del Gobierno, a Marivent. Y dice que con Felipe VI se sintió "reconfortado", pero también que "Su Majestad me dijo que quería venir... pero de momento no ha sido posible". De nuevo Moncloa interfiere en la agenda del jefe de Estado, finalmente pañuelo de lágrimas ciudadano tanto en la Dana de Valencia como en el accidente ferroviario de Adamuz. "A mí el Rey me dijo que vendría, y ojalá pueda ser", zanja, eludiendo de nuevo el charco con llana elegancia.
Vivas es, al final, con sus 83.000 vecinos colgados del brazo, uno de los vigías de España ahí abajo, mirando al castizo "moro". Por eso su relato de las jornadas previas al Gran Salto es casi un 'thriller'.
"Nosotros ya 10 días antes veíamos cosas raras, una efervescencia notable, como que estaban saltando los más osados, llegaban flotando algunos cadáveres... En una semana llegaron 1.500, nos dimos cuenta de que en un mes, con esa proyección, estaríamos en las cifras del salto de mayo de 2021. Pasamos de golpe de 180 menores acogidos, a 800. No era normal y fui a Delegación del Gobierno. Les dije que había que nombrar un mando único, que algo estaba pasando. Me miraron raro", cuenta.
"El lunes 27 [tres días antes del Gran Salto] me puse a llamar a todo el mundo en Madrid, gente con la que hablo regularmente y con quien me he llevado, hasta ahora, muy bien. Llamé a Moncloa, a Interior, a Asuntos Exteriores, a Infancia... Les dije que estaba pasando algo, pero obviamente no podía imaginar lo que vendría. En la Secretaría de Estado de Seguridad me llegaron a decir que estaba exagerando. Me dijeron, con estas palabras: 'Juan, esto es lo de todos los veranos, no tienes que preocuparte porque no ha habido un momento de relaciones tan buenas con Marruecos como este'".
Horas después, "cuando todo se estaba ya desbordando", miembros del Gobierno local "se fueron a la misma frontera, donde estaban miles de personas saltando... Era increíble. Es que fue horas después. Y poco más tarde la frontera por el lado de Marruecos estaba abierta y cruzaba caminando todo el que quería. Como si estuvieran caminando por su casa, sin más. España no tenía ningún despliegue allí. Nadie".
Vivas, ya en el papel de mero ciudadano, cuenta impresionado cómo "cruzaron seis o siete trabajadores de uno de los mejores hoteles de Castillejos [en Marruecos, al otro lado de la frontera], uno que yo no me puedo pagar cuando voy, imagínate la situación que tienen allí".
Llegamos al momento 'berlanguiano' que nunca falta en estos trances: una funcionaria marroquí "de las que chequea los pasaportes cuando cruzamos" se levantó de su mesa y, en vista de la ocasión, cruzó también a España. Además de los miles de desharrapados que llenan las calles de Ceuta, no pocos migrantes se ocultaron en esos primeros momentos en pisos, pagando alquileres -la mayor parte regresaron en los primeros días, al ver que los ceutíes no les facilitaban la estancia, pero algunos quedan-.
"Nosotros no podemos solucionar los problemas de Marruecos, pero también pienso que un país que quiere mostrarse al mundo como moderno y organizador de un Mundial no puede permitirse esto, por muy mala que sea su situación económica", dice someramente Vivas, que mira el reloj.
Ahora toca reunión con colectivos vecinales, un rato más tarde un teniente general del dispositivo... "Ya ves cómo estamos", dice el abuelo de 73 años.
El 1 de agosto, horas después del salto, con más migrantes en la ciudad que habitantes tiene Ceuta, le nació su segundo nieto en Fuengirola. Todavía no ha podido ir a verle. "En cuanto pueda voy... Al menos eso me recuerda que la vida sigue", termina.
"El cole empieza en 15 días, ¿qué hacemos?"
«Se esconden en pisos alquilados, ¿qué podemos hacer?». «Al menos habría que asegurar que podemos sacar a los niños a los parques infantiles, porque llevan metidos en casa 25 días y es una olla a presión». «Presidente, los colegios empiezan en 15 días, ¿qué vamos a hacer?». Tras la visita de EL MUNDO, Juan Jesús Vivas se reúne con los colectivos vecinales de Ceuta, que le exponen sus miserias. «Ha habido dos colegios ocupados, pero ya se han despejado y garantizamos que el curso va a comenzar, como sea», dice. Y repite lo dicho a este diario: «He pedido al Gobierno un horizonte temporal para solucionar esto, un plan. Es lo necesario».