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Godzilla o cómo un monstruo puede ayudarle a superar una crisis

Godzilla o cómo un monstruo puede ayudarle a superar una crisis
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Godzilla se puede entender como un símbolo de resiliencia, la criatura demuestra que los eventos traumáticos pueden servir de brújula para el propósito. Leer
La filmoteca del líderGodzilla o cómo un monstruo puede ayudarle a superar una crisisActualizado 20 AGO. 2026 - 02:11Nacido en 1954 como una representación del trauma nuclear japonés, Godzilla convirtió una herida colectiva en un símbolo cultural capaz de sobrevivir durante generaciones.TohoSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Godzilla se puede entender como un símbolo de resiliencia, la criatura demuestra que los eventos traumáticos pueden servir de brújula para el propósito.

Superar una crisis no significa eliminarla del relato. Lejos de enterrar la mayor pesadilla de su historia -y prácticamente la de toda la humanidad-, el pueblo japonés nunca obvió, ocultó o prohibió la enorme cicatriz que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki abrieron sobre su tejido social. Tras el ataque de Estados Unidos sobre territorio nipón y el fin de la Segunda Guerra Mundial, el mundo vivía sometido a una omnipresente ansiedad atómica. El inicio de la Guerra Fría, la carrera armamentística y el desarrollo de la bomba de hidrógeno moldearon a toda una generación.

Acontecimientos que, inevitablemente, se tradujeron a la cultura popular en forma de libros, música, cómics y películas. En este último apartado, como señala el British Film Institute, comienza un gran ciclo audiovisual denominado Atomic Age, donde las películas de ciencia ficción trasladaron en forma de criaturas imposibles las terribles consecuencias de un conflicto atómico a gran escala.

Sin embargo, este periodo cinematográfico no se afrontó con la misma perspectiva en Hollywood que en Japón. Mientras EEUU escribía guiones donde la energía atómica era una amenaza a contener por heroificados científicos que luchaban contra bestias mutantes, los japoneses hablaban de sus traumas, de las víctimas y de la memoria colectiva.

El ejemplo más palpable de esta diferencia son dos películas que, sobre el papel, son prácticamente iguales. En 1953 el cineasta Eugène Lourié estrenó El monstruo de los tiempos remotos, una película fundamental para entender cómo se deben ejecutar los efectos prácticos y la enorme influencia de una leyenda como Ray Harryhausen en este apartado. La sinopsis es simple: tras un experimento nuclear un dinosaurio vuelve a la vida y siembra el pánico sobre la población. La amenaza se resuelve con un francotirador que dispara un isótopo radiactivo en el cuello de la bestia y los estadounidenses vuelven a salvar el día. Una trama que Japón transformaría por completo.

Un año después, la prueba termonuclear estadounidense Castle Bravo, realizada en el atolón de Bikini, generó una lluvia radiactiva que alcanzó al pesquero japonés Daigo Fukury Maru. Sus 23 tripulantes quedaron expuestos a la radiación. El episodio desató una enorme preocupación social en Japón, que tras la catástrofe de Hiroshima y Nagasaki volvía a temer el peor desenlace posible para su pueblo.

Meses después del incidente, con una premisa casi idéntica al largometraje de Lourié, el director Ishirô Honda tomó el incidente del pesquero como punto de partida para crear una de las franquicias más queridas de todo Japón, un símbolo de resiliencia y de cómo un monstruo puede sostener sobre sus espaldas el miedo de toda una nación. Traducida en España como Japón bajo el terror del monstruo, en aquel momento una criatura de 50 metros comenzó a dar sus primeros pasos sobre la Tierra. El monstruo se bautizó como Gojira, pero Occidente lo renombraría para siempre como Godzilla. Había nacido un mito del cine.

Tanto su concepción y por qué el horrible, a la par que adorable, monstruo conquistó el corazón de generaciones enteras se recoge en el documental español Los albores del kaiju eiga (Jonathan Bellés, 2019) y que está disponible bajo demanda en Filmin. En él, a través de distintas entrevistas a los creadores de la saga se resume el valor de Godzilla como ejemplo de cómo no dar una crisis por cerrada.

Un relato que las empresas y directivos pueden acopiar de forma simbólica. Cuando una organización atraviesa una crisis grave, existe una secuencia prácticamente automática: primero aparece la emergencia, después llega la respuesta y más tarde la recuperación.

En este sentido Japón no creó ningún manual denominado Lecciones aprendidas de Hiroshima y Nagasaki, pero sí respondió a través de la cultura popular con criaturas como Godzilla, King Ghidorah o Mothra. Los kaijus -así se les conoce en Japón- recordaban al pueblo nipón que había fuerzas que el mundo podría desencadenar sin comprender completamente sus consecuencias. Godzilla convirtió una advertencia en símbolo. Un ejemplo que puede servir a los ejecutivos para hacer algo similar con las crisis importantes: no crear monstruos innecesarios, pero sí construir una memoria en torno a ellos.

En este sentido, la primera enseñanza de Los albores del kaiju eiga es probablemente la más importante. Una organización no demuestra resiliencia cuando consigue olvidar una crisis, sino cuando puede recordarla sin quedar atrapada en ella.

Godzilla aparece en 1954 cuando Japón todavía mantiene una relación extraordinariamente próxima con el trauma nuclear. La cinta transforma aquella ansiedad en relato y permite que continúe siendo reinterpretada por generaciones posteriores. La memoria empresarial debería funcionar de manera semejante. Una crisis reputacional, un fraude interno, un accidente laboral, una quiebra, un ciberataque o una decisión estratégica que puso en peligro la compañía contienen información que ningún manual de gestión puede reproducir completamente.

Por eso los líderes deben institucionalizar sus aprendizajes. No basta con elaborar un informe de conclusiones y almacenarlo en un servidor. La memoria debe incorporarse a los procesos, las historias internas, la formación de nuevos responsables y los criterios utilizados para evaluar decisiones. Es por eso que Godzilla sigue vivo. Basta con visitar Japón para ver el respeto y admiración que tienen los nipones hacia la criatura, porque en ella ven cómo su pueblo representó una de sus mayores heridas y cómo con una sencilla fábula son capaces de trasladar a todas las generaciones el aprendizaje de cómo superar una crisis, el dolor y no repetir los mismos errores.

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Fuente original: Leer en Expansión
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