Charles Leclerc, piloto de la Scuderia Ferrari, celebra su triunfo en Silverstone
Y volvieron las recargas agresivas y el denominado efecto ‘yo-yo’ por las distintas cargas y disposición de potencia, así como ver curvas donde se fajaban los mejores pilotos del mundo pasan a ser puntos de carga para ser eficientes en una vuelta completa.
Estas son las reglas y los equipos están haciendo un trabajo excepcional con ellas. Dicho de otra forma: esto es Fórmula 1. Esta Fórmula 1. Otra cosa es que guste más o menos, que la información que se ofrece no es adecuada para entender qué ocurre en pista y que los adelantamientos, a veces, parezcan los de un coche con un problema técnico frente a uno que funciona perfectamente.
La sprint y clasificación
Eso es frustrante, pero es lo que tenemos. Así que en el magnífico circuito de Silverstone –increíble como, tras tantas modificaciones, sigue manteniendo su espíritu- vimos mucha acción en pista. Empezando por ver a Lewis Hamilton reinando en su territorio en la clasificación sprint, y comenzando la carrera con mucha agresividad para mantener el liderato.
La carrera corta fue un «tête à tête» entre el piloto más exitoso de la categoría frente a su sustituto en Mercedes-Benz, y que está rompiendo muchos registros de precocidad. Lo impresionante es que Antonelli no se precipitó. Evitó el juego del ‘yo-yo’ que si cometieron por detrás los Verstappen, Russell, Leclerc, Norris o Piastri, alejándose de los líderes.
Ganó Fernando Alonso, al fin la 33 en el bolsillo. Se supone. Patético todo
No. Kimi estuvo detrás de Lewis y ambos se fueron por ritmo. Y cuando llegó el momento, empezó a presionar al líder y logró pasarlo en plena Hangar Straight por el extra de potencia para ponerse líder. Lewis se quiso revolver algunas vueltas, pero era una quimera. El león inglés fue derrotado en casa, Antonelli marcando la vuelta rápida en el último giro por pura satisfacción –y enfado de Toto-. Más líder del campeonato.
Pero no le bastó con eso. Con el aprendizaje del viernes, y con el inicio de carrera sprint vivido, Antonelli tenía claro que necesitaba la pole. Y aunque ya la tenía, mejoró en todavía más en su último intento –siendo perfectamente eficiente en muchas curvas para recargar energía-, algo que ni Leclerc, ni Hamilton ni Russell pudieron replicar. De hecho, bastante tuvo el británico con ser cuarto, viendo su salida de pista en la primera sesión de clasificación.
En Austria, Russell volvió a la senda del rendimiento y de doblegar a su rival. Pero le está costando volver a cogerle la medida al italiano, que sumó su quinta pole en las nueve carreras que llevamos. Se reivindicó Leclerc, al menos en velocidad a una vuelta, sobre un Hamilton que parece haber cogido el liderato del equipo Ferrari. Y no es poco hacerlo en Silverstone. Los Ferrari podrían incomodar a Antonelli, dependiendo de su salida. La sprint dejó vislumbrar que no había ritmo.
Mientras tanto, Max Verstappen fue superado por un gran Hadjar. El holandés tuvo problemas con su coche y está empezando a mostrar signos de hastío irreversible con esta competición. Y los Aston Martin, con su sede a pocos metros, con los anuncios de las grandes mejoras para Hungría, se quedaron últimos. Alonso cerrando la parrilla, ambos a 1’4 segundos de su predecesor, el Cadillac de Sergio Pérez. Hay que prestar atención a la cifra para entender el volumen de mejora que se precisa.
Isack Hadjar precede a Lando Norris, Max Verstappen y Oscar Piastri en Silverstone
El Gran Premio
Tras las estupendas carreras soporte, especialmente de la Fórmula 3, llegaba la hora de la Fórmula 1. Cuando Bernie Ecclestone vendió el negocio a Liberty, al poco tiempo, pronunció una frase lapidaria: «les dejé un restaurante de lujo y lo están convirtiendo en un McDonald’s». Es lo que vimos en la previa de la carrera, cuando los pilotos tuvieron que competir en karts de Lego.
Max Verstappen dejó claro que sobraban esas payasadas, y hay que estar de acuerdo con él. Instagram, TikTok, los reels, las stories y demás conceptos del postureo están muy bien, pero hablamos de la máxima categoría del automovilismo mundial -¿he oído risas en la sala? Señores, por favor- con los mejores pilotos del mundo -¿quién ha sido esta vez?-. En serio. Ridículo mayúsculo, vergüenza ajena que recibirá muchos likes y retuits. Bueno, importante: ganó Fernando Alonso, al fin la 33 en el bolsillo. Se supone. Patético todo.
En la salida, los Ferrari cumplieron su promesa del día anterior: literalmente una pinza, con Leclerc por el interior y Hamilton por el exterior relegando a Antonelli a la tercera posición. Adelantemos unas vueltas: Antonelli pasa a Hamilton. Carrera estabilizada. Paradas. Todo igual. Y al final de la carrera, un coche de seguridad.
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Por desgracia, Antonelli tenía un problema con su alerón delantero y debía parar en boxes. Si coche no iba bien, excedía límites de pista y era sancionada. Carrera arruinada y sin puntos al llegar la bandera a cuadros. Pero, ¿qué bandera? La salida de pista de Max Verstappen para certificar un fin de semana aciago provocó el coche de seguridad. Ferrari hizo parar a Hamilton para poner blandos yendo segundo, cayendo a tercero tras Russell.
Pero el coche de seguridad iba a retirarse con algunas vueltas de antelación. ¿No? ¿Una al menos? Sin razón ni motivo alguno, el coche de seguridad no se retiró pese a haberse anunciado, y la carrera acabó tras él. Victoria merecida para Leclerc, segundo Russell que se coloca segundo en el mundial a 25 puntos –Antonelli no puntuó- y tercero Hamilton, otro podio en casa, pero decepcionante.
En definitiva, una carrera plana y anodina salvo las primeras vueltas, y que pudo tener un final explosivo que por algún motivo la FIA decidió no ofrecer. No hay motivo para ello. Se aprieta el mundial, Leclerc sonríe, Mercedes sigue dominando y los problemas siguen sin afrontarse. Como en las buenas obras de teatro, lo único importante es el aplauso final. Y el público aplaude. Like, retweet y compartir historia.
Y volvieron las recargas agresivas y el denominado efecto ‘yo-yo’ por las distintas cargas y disposición de potencia, así como ver curvas donde se fajaban los mejores pilotos del mundo pasan a ser puntos de carga para ser eficientes en una vuelta completa.
Estas son las reglas y los equipos están haciendo un trabajo excepcional con ellas. Dicho de otra forma: esto es Fórmula 1. Esta Fórmula 1. Otra cosa es que guste más o menos, que la información que se ofrece no es adecuada para entender qué ocurre en pista y que los adelantamientos, a veces, parezcan los de un coche con un problema técnico frente a uno que funciona perfectamente.
La sprint y clasificación
Eso es frustrante, pero es lo que tenemos. Así que en el magnífico circuito de Silverstone –increíble como, tras tantas modificaciones, sigue manteniendo su espíritu- vimos mucha acción en pista. Empezando por ver a Lewis Hamilton reinando en su territorio en la clasificación sprint, y comenzando la carrera con mucha agresividad para mantener el liderato.
La carrera corta fue un «tête à tête» entre el piloto más exitoso de la categoría frente a su sustituto en Mercedes-Benz, y que está rompiendo muchos registros de precocidad. Lo impresionante es que Antonelli no se precipitó. Evitó el juego del ‘yo-yo’ que si cometieron por detrás los Verstappen, Russell, Leclerc, Norris o Piastri, alejándose de los líderes.
Ganó Fernando Alonso, al fin la 33 en el bolsillo. Se supone. Patético todo
No. Kimi estuvo detrás de Lewis y ambos se fueron por ritmo. Y cuando llegó el momento, empezó a presionar al líder y logró pasarlo en plena Hangar Straight por el extra de potencia para ponerse líder. Lewis se quiso revolver algunas vueltas, pero era una quimera. El león inglés fue derrotado en casa, Antonelli marcando la vuelta rápida en el último giro por pura satisfacción –y enfado de Toto-. Más líder del campeonato.
Pero no le bastó con eso. Con el aprendizaje del viernes, y con el inicio de carrera sprint vivido, Antonelli tenía claro que necesitaba la pole. Y aunque ya la tenía, mejoró en todavía más en su último intento –siendo perfectamente eficiente en muchas curvas para recargar energía-, algo que ni Leclerc, ni Hamilton ni Russell pudieron replicar. De hecho, bastante tuvo el británico con ser cuarto, viendo su salida de pista en la primera sesión de clasificación.
En Austria, Russell volvió a la senda del rendimiento y de doblegar a su rival. Pero le está costando volver a cogerle la medida al italiano, que sumó su quinta pole en las nueve carreras que llevamos. Se reivindicó Leclerc, al menos en velocidad a una vuelta, sobre un Hamilton que parece haber cogido el liderato del equipo Ferrari. Y no es poco hacerlo en Silverstone. Los Ferrari podrían incomodar a Antonelli, dependiendo de su salida. La sprint dejó vislumbrar que no había ritmo.
Mientras tanto, Max Verstappen fue superado por un gran Hadjar. El holandés tuvo problemas con su coche y está empezando a mostrar signos de hastío irreversible con esta competición. Y los Aston Martin, con su sede a pocos metros, con los anuncios de las grandes mejoras para Hungría, se quedaron últimos. Alonso cerrando la parrilla, ambos a 1’4 segundos de su predecesor, el Cadillac de Sergio Pérez. Hay que prestar atención a la cifra para entender el volumen de mejora que se precisa.
Isack Hadjar precede a Lando Norris, Max Verstappen y Oscar Piastri en Silverstone
El Gran Premio
Tras las estupendas carreras soporte, especialmente de la Fórmula 3, llegaba la hora de la Fórmula 1. Cuando Bernie Ecclestone vendió el negocio a Liberty, al poco tiempo, pronunció una frase lapidaria: «les dejé un restaurante de lujo y lo están convirtiendo en un McDonald’s». Es lo que vimos en la previa de la carrera, cuando los pilotos tuvieron que competir en karts de Lego.
Max Verstappen dejó claro que sobraban esas payasadas, y hay que estar de acuerdo con él. Instagram, TikTok, los reels, las stories y demás conceptos del postureo están muy bien, pero hablamos de la máxima categoría del automovilismo mundial -¿he oído risas en la sala? Señores, por favor- con los mejores pilotos del mundo -¿quién ha sido esta vez?-. En serio. Ridículo mayúsculo, vergüenza ajena que recibirá muchos likes y retuits. Bueno, importante: ganó Fernando Alonso, al fin la 33 en el bolsillo. Se supone. Patético todo.
En la salida, los Ferrari cumplieron su promesa del día anterior: literalmente una pinza, con Leclerc por el interior y Hamilton por el exterior relegando a Antonelli a la tercera posición. Adelantemos unas vueltas: Antonelli pasa a Hamilton. Carrera estabilizada. Paradas. Todo igual. Y al final de la carrera, un coche de seguridad.
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Por desgracia, Antonelli tenía un problema con su alerón delantero y debía parar en boxes. Si coche no iba bien, excedía límites de pista y era sancionada. Carrera arruinada y sin puntos al llegar la bandera a cuadros. Pero, ¿qué bandera? La salida de pista de Max Verstappen para certificar un fin de semana aciago provocó el coche de seguridad. Ferrari hizo parar a Hamilton para poner blandos yendo segundo, cayendo a tercero tras Russell.
Pero el coche de seguridad iba a retirarse con algunas vueltas de antelación. ¿No? ¿Una al menos? Sin razón ni motivo alguno, el coche de seguridad no se retiró pese a haberse anunciado, y la carrera acabó tras él. Victoria merecida para Leclerc, segundo Russell que se coloca segundo en el mundial a 25 puntos –Antonelli no puntuó- y tercero Hamilton, otro podio en casa, pero decepcionante.
En definitiva, una carrera plana y anodina salvo las primeras vueltas, y que pudo tener un final explosivo que por algún motivo la FIA decidió no ofrecer. No hay motivo para ello. Se aprieta el mundial, Leclerc sonríe, Mercedes sigue dominando y los problemas siguen sin afrontarse. Como en las buenas obras de teatro, lo único importante es el aplauso final. Y el público aplaude. Like, retweet y compartir historia.