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Groenlandeses rechazan las amenazas de Trump: "No quiero vivir en un imperio americano"

Groenlandeses rechazan las amenazas de Trump: "No quiero vivir en un imperio americano"
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Los inuit temen la pérdida de su idioma y cultura si Donald Trump consigue hacerse con la enorme isla ártica. Leer
Financial TimesGroenlandeses rechazan las amenazas de Trump: "no quiero vivir en un imperio americano"
  • JACOB JUDAH
12 ENE. 2026 - 10:18Viviendas típicas de GroenlandiadreamstimeEXPANSION

Los inuit temen la pérdida de su idioma y cultura si Donald Trump consigue hacerse con la enorme isla ártica.

Maja Overgaard corta con destreza una piel de foca empapada. Tardará meses en transformar la piel en unas botas listas para caminar en medio de una tormenta de nieve groenlandesa. Sin embargo, como la mayoría de los groenlandeses, a Overgaard en este momento le preocupa más la tormenta geopolítica que azota su gélido país.

En Nuuk, la capital nevada de Groenlandia, los residentes temen que el presidente estadounidense, Donald Trump se empeñe en apoderarse de su hogar cueste lo que cueste. Overgaard suspira al confesar que ha empezado a hablar con su marido sobre la posibilidad de huir a Dinamarca en caso de una invasión de EEUU. "No quiero vivir en un imperio americano", reconoce. Ninguno de sus vecinos, que comparten el mismo trabajo, quiere hacerlo. "Trump va en serio. Va a luchar hasta el final", sostiene Martin Rasmussen, que no parece trabajar la piel de foca con la misma facilidad que su vecino. De momento, ha comenzado a boicotear los productos estadounidenses.

La idea de que Estados Unidos pudiera intentar tomar el control de Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca que tiene unos 57.000 habitantes, principalmente inuit, en su momento se descartó como una locura geopolítica. Pero Trump, que ha planteado en numerosas ocasiones la posibilidad de intentar comprar Groenlandia y se ha negado a descartar el uso de la fuerza militar para adquirir la isla, no ha descartado la idea.

El presidente de EEUU insiste en que controlar Groenlandia, que alberga una pequeña pero estratégicamente importante base militar estadounidense, es una prioridad urgente de seguridad nacional. En su opinión, Dinamarca, que ha gobernado Groenlandia durante más de 300 años, no la ha sabido defender y ha permitido que sus aguas se llenen de barcos y submarinos de Rusia y China, aunque tanto las autoridades danesas como los propios groenlandeses aseguran que esto es una tontería.

Junto al muelle de Nuuk, varios barcos pesqueros se mecen en las aguas de un azul intenso. "Nunca he visto rusos ni chinos", explica desconcertado Helte Johannsen, un pescador que lleva casi 40 años navegando por la costa groenlandesa mientras su tripulación se prepara para hacerse a la mar. "No creo que Trump sepa nada de Groenlandia", sentencia.

Cerca de allí, Josef Iyberth se toma un respiro después de descargar bacalao groenlandés recién capturado. Aunque pasa su tiempo libre cazando focas y renos en los mares y montañas que rodean Nuuk, no se atrevería a luchar contra una fuerza invasora. "Nuestras armas no son para la gente", dice entre risas.

Hay una creciente sensación de crisis entre los funcionarios groenlandeses y daneses, cada vez más convencidos de que Trump va en serio. Esta semana se han programado conversaciones con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que Nuuk y Copenhague esperan que ayuden a reducir las tensiones.

Una muestra de la gravedad de la situación es que Rubio se vio obligado a minimizar la posibilidad de una invasión al hablar ante el Congreso estadounidense la semana pasada, puntualizando que la intención de Estados Unidos era comprar la isla. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, en una intervención sin precedentes, afirmó que un ataque estadounidense significaría el fin de la OTAN.

En Nuuk, la aprensión por las intenciones de EEUU está dando paso a la indignación. "Nos tratan como si fuéramos mercancía", espetó el diputado groenlandés Per Berthelsen, un ex rockero que fundó el partido político del primer ministro Jens-Frederik Nielsen. "Me cuesta ver la diferencia entre la forma en que los estadounidenses actúan con Groenlandia y Rusia, donde se puede ver que el interés es ampliar su territorio", añadió.

"No estamos en venta. No queremos ser estadounidenses, queremos ser groenlandeses", añadió Berthelsen, ex ministro de Asuntos Exteriores de Groenlandia.

Desde hace tiempo existe consenso en Nuuk sobre que Groenlandia debería aspirar a una futura independencia de Dinamarca, que la apoya financieramente con una cuantiosa subvención anual. Sin embargo, no hay un consenso sobre la rapidez con la que esto debería suceder y si colaborar con Copenhague para defenderse de las amenazas estadounidenses es una decisión acertada. Jeppe Strandsbjerg, experto en asuntos árticos de la Universidad de Groenlandia, afirma que el gobierno groenlandés, cautelosamente independentista, hasta ahora ha estado en gran medida de acuerdo con Dinamarca. "Hemos visto una colaboración mucho más estrecha en el último año. No intentan separar a Nuuk y Copenhague", afirma, señalando una buena coordinación pese a algunas disputas recientes.

Pero no todos en Nuuk comparten la misma opinión. Pele Broberg, que dirige el principal partido de la oposición, está a favor de acelerar los esfuerzos de Groenlandia para independizarse de Dinamarca y cree que Dinamarca y Estados Unidos son más de lo mismo. Afirma que Dinamarca está utilizando el miedo a una toma de poder estadounidense para descartar la independencia.

Muchos groenlandeses tienen sentimientos profundamente ambivalentes, y a veces hostiles hacia Copenhague.

La historia del dominio danés en Groenlandia está plagada de abusos cometidos contra los indígenas inuit, incluyendo el reasentamiento forzoso. Los groenlandeses suelen ser víctimas de discriminación en Dinamarca.

Broberg muestra su indignación cuando se le pregunta si insistir en romper lazos con Dinamarca podría suponer el riesgo de cambiar de señor feudal. Compara el control danés de la isla con una violación e insiste en que es más importante lidiar con la crisis actual que preocuparse por la próxima. "¿Cómo puede ser peor?", preguntó Broberg. "Vivimos en una pesadilla, no podemos preocuparnos por qué vendrá después".

Trump ha insinuado en repetidas ocasiones que Estados Unidos tiene mucho que ofrecer a Groenlandia económicamente, pero esto no convence a muchos groenlandeses. Incluso Broberg afirma que no contemplaría asegurar la independencia con el apoyo de Estados Unidos, aunque está abierto a negociar acuerdos similares a los de tres naciones insulares del Pacífico que otorgan a Washington acceso militar sin restricciones a cambio de generosas ayudas financieras, una vez que Groenlandia haya logrado la independencia.

En Nuuk, no hay pruebas de que EEUU esté haciendo ningún esfuerzo para ganarse el apoyo de los groenlandeses. El consulado estadounidense parecía haber estado cerrado durante un tiempo. FT habló con los vecinos y preguntó a los transeúntes si habían visto a alguien. Nadie ha visto actividad dentro.

Jørgen Boassen, la única figura conocida abiertamente por su defensa a Trump en Groenlandia, parece ser uno de los pocos groenlandeses con los que interactúan funcionarios estadounidenses. Declaró a FT que mantenía contacto habitual con dos diplomáticos estadounidenses en activo y con Tom Dans, un funcionario designado por Trump que trabaja en asuntos árticos. También mostró mensajes que había intercambiado con Nigel Farage y otros populistas europeos influyentes.

Pero Boassen, un exalbañil convertido en un defensor de Maga, es una figura tan polarizadora en Groenlandia que ha terminado mudándose, aparentemente de forma provisional, a Dinamarca. "Confío en Trump", aseguró mientras tomaba cerveza en Copenhague. Enumeró varios supuestos beneficios de una posible anexión de Estados Unidos. "La gente podría envejecer en Florida", dijo.

Muchos groenlandeses desconfían de Estados Unidos y su nuevo deseo de construir un imperio ártico.

Sofie Amondsen, una costurera tradicional, lava, seca y sopla metódicamente largos trozos de intestinos de foca. Cuando están completamente secos, los corta en pequeñas tiras que con el tiempo se convierten en pendientes tradicionales inuit.

Para ella, hablar de que Estados Unidos podría intentar apoderarse de Groenlandia es confuso y doloroso. "Todavía nos estamos recuperando de la colonización danesa. Tengo un mal presentimiento desde el año pasado, cuando dijo que quería apoderarse de nosotros", reconoce.

Amondsen ha vivido en comunidades inuit de Alaska y Canadá. "Hablan solo inglés, sobre todo en Alaska. Me contaron que a sus abuelos y padres les habían dicho que no hablaran su propio idioma". "Prohibieron el idioma", explicó.

Algunos groenlandeses también miran hacia Alaska, cuyo aislado pueblo inuit iñupiat vive disperso en aldeas aisladas y ha luchado por mantener su idioma y sus tradiciones.

"No quiero que nuestra cultura se olvide, que desaparezca", concluye Overgaard, mientras trabaja la piel de foca.

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