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Gueorgui Gospodínov, una empatía patológica

Gueorgui Gospodínov, una empatía patológica
Artículo Completo 918 palabras
Un misterioso personaje, Gaustín, mitad heterónimo pessoano, mitad alter ego de su propio hacedor, alguien que como un Zelig aparecerá y desaparecerá en varios de los libros de este nuevo genio de los Balcanes que es Gueorgui Gospodínov (Yambol, 1968), sobre todo de forma central en 'Las tempestálidas', donde ejercerá de inventor de «clínicas del pasado» dice de forma rotunda, nada más comenzar la deslumbrante novela 'Física de la tristeza': «Hay solo infancia y muerte. Y en medio, nada». Entre ese breve, o más largo paréntesis, según se mire, ocurre todo. Todas las historias del mundo. El narrador o guardián de la memoria del mundo de este libro, de ese puzle maravilloso formado por historia personal e historia, machaconamente colectiva, como ocurría en el comunismo, se convierte en un viajante del tiempo. Novela 'Física de la tristeza' Autor Gueorgui Gospodínov Editorial Impedimenta Año 2026 Páginas 303 Precio 24,95 euros Valoración ****En un incansable «comprador de historias» mientras recorre mitos, acontecimientos reales y recientes, noticias sorprendentes de periódicos, la Gran Guerra («donde, como siempre, los búlgaros estamos en el bando perdedor»), la Segunda Guerra Mundial contemplada desde un sótano húngaro, la caída del Muro o las décadas que pasan, una tras otras, desde unos años 70, «en que nuestras madres eran jóvenes y estudiaban, y nosotros estábamos en los sótanos, perdidos en el aburrimiento y el miedo de quienes han sido abandonados». Abandonados como pobres y solitarios Minotauros convertidos tan solo en víctimas de la violencia y el desamparo, buscando desesperadamente la salida del laberinto. Intentando, a la vez, que ese «hilo del recuerdo» que teje silenciosamente la Historia de la humanidad no se rompa jamás y se reencarne una y otra vez.Noticia relacionada No No Gueorgui Gospodínov: «Para mí, la voz de Dios son los susurros de mi abuela leyéndome la Biblia» Bruno Pardo Porto En el prodigioso inventario de «cápsulas del tiempo» que es 'Física de la tristeza', un niño sufre de un síndrome extraño: sufre de empatía patológica. Es capaz de identificarse con las historias de los demás y es capaz de infiltrarse como un espía en otras muchas vidas. Así comienza su viaje, de época en época, al mundo de lo posible, al laberinto de sentimientos nunca experimentados, de cosas que nunca ocurrieron y que sin embargo son más reales que la propia realidad. Combinando de forma fascinante y fragmentaria siempre poesía, humor y reflexión; leyenda y biografía; la fantasía desbordante de los cuentos tradicionales junto a los enigmas pendientes de resolución y las inacabables relecturas de los mitos o, si se prefiere, la historia local de un pequeño país 'triste', Bulgaria, confrontado a la Gran Historia que sin cesar y calladamente lo ha ido modelando, Gospodínov se ha convertido en los últimos años, sin duda alguna, en uno de los más grandes autores europeos. Gospodínov se ha convertido en los últimos años en uno de los más grandes autores europeosPero no solo eso: se puede decir que la que era una de las más desconocidas literaturas del continente, la búlgara, con joyas aisladas que periódicamente se iban traduciendo (gracias a extraordinarias traductoras como María Vútova, traductora de 'Física de la tristeza'), ya fueran de Gueorgui Márkov, del sefardí Angel Wagenstein, de Vesko Branev o de Antón Dónchev, se ha lanzado por fin a la fama internacional gracias a este autor. Poeta, narrador, autor teatral y de videoinstalaciones, ensayista y guionista de cine, desde su debut en 1999 en el campo de la narrativa con 'Novela natural' al maravilloso y último libro aparecido, ese relato elegíaco y conmovedor que narraba los últimos meses de vida de su padre , 'El jardinero y la muerte', se puede decir que la melancolía, o directamente una sensación dolorosa de tristeza, la tristeza del hombre que recopila señales y elabora una infinita Enciclopedia de los muertos, a la manera de Danilo Kis, esa tristeza del hombre contemplativo, que puede transmutarse de repente en sensación luminosa, creadora y plena, recorre la grandiosa y metafísica epopeya del tiempo de Gueorgui Gospodínov.

Un misterioso personaje, Gaustín, mitad heterónimo pessoano, mitad alter ego de su propio hacedor, alguien que como un Zelig aparecerá y desaparecerá en varios de los libros de este nuevo genio de los Balcanes que es Gueorgui Gospodínov (Yambol, 1968), sobre todo de forma ... central en 'Las tempestálidas', donde ejercerá de inventor de «clínicas del pasado» dice de forma rotunda, nada más comenzar la deslumbrante novela 'Física de la tristeza': «Hay solo infancia y muerte. Y en medio, nada».

Entre ese breve, o más largo paréntesis, según se mire, ocurre todo. Todas las historias del mundo. El narrador o guardián de la memoria del mundo de este libro, de ese puzle maravilloso formado por historia personal e historia, machaconamente colectiva, como ocurría en el comunismo, se convierte en un viajante del tiempo.

Autor Gueorgui Gospodínov Editorial Impedimenta Año 2026 Páginas 303 Precio 24,95 euros Valoración ****

En un incansable «comprador de historias» mientras recorre mitos, acontecimientos reales y recientes, noticias sorprendentes de periódicos, la Gran Guerra («donde, como siempre, los búlgaros estamos en el bando perdedor»), la Segunda Guerra Mundial contemplada desde un sótano húngaro, la caída del Muro o las décadas que pasan, una tras otras, desde unos años 70, «en que nuestras madres eran jóvenes y estudiaban, y nosotros estábamos en los sótanos, perdidos en el aburrimiento y el miedo de quienes han sido abandonados».

Abandonados como pobres y solitarios Minotauros convertidos tan solo en víctimas de la violencia y el desamparo, buscando desesperadamente la salida del laberinto. Intentando, a la vez, que ese «hilo del recuerdo» que teje silenciosamente la Historia de la humanidad no se rompa jamás y se reencarne una y otra vez.

Gueorgui Gospodínov: «Para mí, la voz de Dios son los susurros de mi abuela leyéndome la Biblia»

En el prodigioso inventario de «cápsulas del tiempo» que es 'Física de la tristeza', un niño sufre de un síndrome extraño: sufre de empatía patológica. Es capaz de identificarse con las historias de los demás y es capaz de infiltrarse como un espía en otras muchas vidas. Así comienza su viaje, de época en época, al mundo de lo posible, al laberinto de sentimientos nunca experimentados, de cosas que nunca ocurrieron y que sin embargo son más reales que la propia realidad.

Combinando de forma fascinante y fragmentaria siempre poesía, humor y reflexión; leyenda y biografía; la fantasía desbordante de los cuentos tradicionales junto a los enigmas pendientes de resolución y las inacabables relecturas de los mitos o, si se prefiere, la historia local de un pequeño país 'triste', Bulgaria, confrontado a la Gran Historia que sin cesar y calladamente lo ha ido modelando, Gospodínov se ha convertido en los últimos años, sin duda alguna, en uno de los más grandes autores europeos.

Gospodínov se ha convertido en los últimos años en uno de los más grandes autores europeos

Pero no solo eso: se puede decir que la que era una de las más desconocidas literaturas del continente, la búlgara, con joyas aisladas que periódicamente se iban traduciendo (gracias a extraordinarias traductoras como María Vútova, traductora de 'Física de la tristeza'), ya fueran de Gueorgui Márkov, del sefardí Angel Wagenstein, de Vesko Branev o de Antón Dónchev, se ha lanzado por fin a la fama internacional gracias a este autor.

Poeta, narrador, autor teatral y de videoinstalaciones, ensayista y guionista de cine, desde su debut en 1999 en el campo de la narrativa con 'Novela natural' al maravilloso y último libro aparecido, ese relato elegíaco y conmovedor que narraba los últimos meses de vida de su padre, 'El jardinero y la muerte', se puede decir que la melancolía, o directamente una sensación dolorosa de tristeza, la tristeza del hombre que recopila señales y elabora una infinita Enciclopedia de los muertos, a la manera de Danilo Kis, esa tristeza del hombre contemplativo, que puede transmutarse de repente en sensación luminosa, creadora y plena, recorre la grandiosa y metafísica epopeya del tiempo de Gueorgui Gospodínov.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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