- EDWARD YARDENI
Tras las guerras suele producirse un dividendo de la paz cuando los beligerantes reducen su gasto militar. Esto libera fondos para fines más productivos.
Con la reunión entre Estados Unidos e Irán para firmar un memorando de entendimiento que debería poner fin a la guerra y abrir el estrecho de Ormuz, los inversores deben anticipar un resultado diferente.
Es probable que el conflicto vaya seguido de un aumento del gasto mundial en Defensa, no de su disminución. Las tensiones geopolíticas siguen siendo muy altas. La guerra en Oriente Próximo podría recrudecerse en cualquier momento. Los países de la región invertirán más en capacidades militares tanto ofensivas como defensivas. China continúa amenazando a Taiwán.
Las naciones europeas también están incrementando su gasto militar para apoyar a Ucrania en su guerra con Rusia y para disuadir nuevas agresiones de Moscú en Europa.
La Administración Trump pretende aumentar el gasto en Defensa de Estados Unidos de aproximadamente 1 billón de dólares (860.000 millones de euros) este año pasa a 1,5 billones el próximo. La carrera armamentística mundial se acelera a medida que las nuevas tecnologías dejan obsoletos los armamentos actuales.
Sin embargo, la perspectiva del fin de la guerra en Oriente Próximo ya está generando un importante dividendo de la paz: la bajada de los precios del petróleo y el gas. La apertura del estrecho de Ormuz también aliviará las interrupciones en el suministro de otras materias primas, como el helio y los fertilizantes.
El fuerte incremento de los precios de la energía entre marzo y mayo equivalió a un aumento de los impuestos en la economía mundial. Afectó a los países desarrollados que importan petróleo y gas, como Europa y Japón, así como a varias economías emergentes, como India.
Los exportadores de petróleo del golfo Pérsico no se beneficiaron debido al bloqueo del estrecho. Los productores de petróleo y gas en EEUU sí lo hicieron, pero los consumidores estadounidenses se vieron gravemente afectados, especialmente en los surtidores de las gasolineras.
Petróleo
Según Estados Unidos, el consumo mundial de petróleo antes de la guerra rondaba los 105 millones de barriles diarios. En ese momento, el precio del barril de crudo Brent estaba en unos 65 dólares. Esto supone un consumo de petróleo de unos 7.000 millones de dólares diarios o 2,5 billones de dólares anuales.
El precio subió cerca de un 50% debido a la guerra, incrementando el "impuesto sobre el petróleo" para los consumidores globales en 1,3 billones de dólares en tasa anual. Por supuesto, las tasas anuales no son relevantes si el petróleo sigue bajando. En este caso, no se mantuvieron altos el tiempo suficiente como para actuar realmente como un impuesto. Por lo tanto, su descenso tampoco representa un dividendo de la paz significativo.
Por otro lado, la bajada de los precios del petróleo implica que el reciente aumento global de la inflación no durará mucho. Esta perspectiva ya está provocando una caída en los rendimientos de los bonos desde sus recientes máximos de este año. Es menos probable que los bancos centrales suban sus tipos de interés oficiales si la inflación resulta ser mucho más transitoria que en el episodio anterior entre 2021 y 2023.
Las cadenas de suministro globales se vieron mucho más afectadas entonces por las repercusiones de la pandemia que ahora por la última guerra en el golfo Pérsico. En Estados Unidos, el mercado laboral estaba mucho más tensionado que ahora, por lo que el riesgo de otra espiral de salarios y precios similar a la que se produjo entre 2021 y 2023 se ha reducido considerablemente.
Quizás el mayor dividendo de la paz actual sea la perspectiva de que la bajada de los precios del petróleo impulse el mercado alcista global de la renta variable. Los inversores han aprendido que la economía global es extraordinariamente resiliente.
Desde principios de esta década, se ha visto sometida a pruebas de estrés por la pandemia, graves interrupciones en las cadenas de suministro globales, repuntes de la inflación y las consiguientes subidas de los tipos de los bancos centrales y los rendimientos de los bonos, los aranceles de Trump y la guerra en Oriente Próximo.
Bolsas, en máximos
La economía global ha seguido creciendo, y la mayoría de las bolsas del mundo están cerca o en máximos históricos. Esto está generando un importante efecto positivo en el gasto de los consumidores en Estados Unidos y otros muchos países.
Por supuesto, el auge de la inversión en inteligencia artificial ha impulsado el crecimiento económico mundial, y las acciones relacionadas con la IA han liderado el mercado alcista global. La magnitud de este último ha suscitado preocupación ante la posibilidad de un mercado bajista global si la IA resulta ser una burbuja, como ocurrió con las acciones tecnológicas a finales de la década de 1990.
La diferencia esta vez es que la resistencia de la economía global se refleja en los beneficios empresariales. El dividendo de la paz derivado del fin de la guerra con Irán podría ser que los inversores ganen mayor confianza en la resistencia de la economía global y en los beneficios corporativos, impulsando un mercado alcista que podría continuar imparable hasta finales de la década.
Edward Yardeni es presidente de Yardeni Research
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