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Hace 2.000 años el filósofo Séneca dijo que la ira era un lastre para las personas. Hoy sabemos que se equivocaba

Hace 2.000 años el filósofo Séneca dijo que la ira era un lastre para las personas. Hoy sabemos que se equivocaba
Artículo Completo 1,764 palabras
A Séneca no le gustaban las personas irritadas. En eso casi todos coincidiremos con él. Al filósofo hispano sin embargo le enfadaban tanto los enfadados (valga la ironía) que hace unos veinte siglos les dedicó todo un tratado ('De Ira'), una obra en la que reflexiona sobre qué es la cólera, sus causas, efectos, naturaleza, si es o no manejable y cómo debemos actuar cuando sentimos que empezamos a hiperventilar y se nos agolpan en la garganta toda clase de improperios. El problema es que Séneca no acertaba del todo. "Sombría y desenfrenada". La obra de Séneca no deja mucho margen a interpretaciones. Se titula 'De Ira' y a lo largo de sus tres volúmenes (disponibles online en la Biblioteca Virtual Cervantes) el autor se dedica a hablarnos de qué es, de dónde viene y sobre todo cómo actuar ante la cólera. Sus palabras conectan con la mejor tradición estoica a la hora de aconsejarnos que huyamos de la esclavitud de los impulsos y abrecemos una actitud serena y reflexiva. "Me exigiste, caro Novato, que te escribiese acerca de la manera de dominar la ira. Y creo que, no sin causa, temes muy principalmente a esta pasión, que es la más sombría y desenfrenada de todas", arranca Séneca en el primer capítulo de su tratado, dirigido a su hermano. "Las otras tienen sin duda algo de quietas y plácidas, pero esta es todo agitación, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furores sobrehumanos". ¿Una forma de locura? Si lo anterior no basta para dejar clara la postura de Séneca, a lo largo de las páginas siguientes se explaya explicándonos el sinsentido que supone la ira. ¿El motivo? Nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos con tal de dañar a otros, "lanzándonos en medio de las espadas". "Por esta razón algunos sabios definieron la ira llamándola 'locura breve'. Impotente como aquella para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca, sorda a los consejos de la razón, agitándose por causas vanas", sigue el autor. La obra está trufada de reflexiones que van en esa misma línea, pero hay un pasaje especialmente elocuente en el que Séneca nos advierte de hasta qué punto la cólera puede alejarnos de nuestros propósitos, incluso de lo que somos:  "El hombre ha nacido para ayudar al hombre; la ira para la destrucción común. El hombre busca la sociedad, la ira el aislamiento; el hombre quiere ser útil, la ira quiere dañar; el hombre socorre a los desconocidos, la ira hiere hasta al amigo más íntimo; el hombre está dispuesto a sacrificarse por intereses ajenos, la ira se precipita en el peligro con tal de arrastrar a otro".¿Tiene sentido, no? Más o menos. La ira tal vez condicione nuestro comportamiento, haciéndonos actuar de una forma distinta a como lo haríamos de estar serenos, pero… ¿Es eso necesariamente malo? ¿Es siempre la cólera "la más sombría" de las pasiones, como dice Séneca? En pleno siglo XXI hay autores que no lo tienen tan claro. Uno de ellos es David Robson, un divulgador que ha publicado 'La trampa de la inteligencia', entre otros ensayos psicológicos. En julio de 2020, en plena pandemia, con miles de personas masticando la impotencia y la frustración de no poder moverse con libertad, Robson publicó un artículo en BBC en el que hablaba justo de eso: del lado positivo de cabrearse.  Su título también es transparente: "Los beneficios de la ira: el lado bueno de hacer las cosas con enfado". Más allá de su tono provocador, el ensayo de Robson es interesante porque resume investigaciones científicas recientes que sugieren que actuar inspirado por la rabia puede no ser tan malo como opinaba Séneca. En Xataka Qué quería decir el filósofo Montaigne cuando dijo: "Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis" Una fuente de energía. Lo que defiende Robson es que, más allá de su poder destructivo (algo que no niega) la cólera puede tener ciertas ventajas. "La ira y las emociones relacionadas, como la frustración o irritación, también pueden traer ventajas, siempre que sepamos cómo canalizar la energía que surge de ellas". Su premisa es muy simple: en vez de invertir energía y tiempo en reprimir la cólera, ¿por qué no intentar canalizar esa sensación, sacarle provecho, emplearla como una fuente de motivación? Tal vez suene descabellado o autodestructivo, pero el autor recuerda estudios que plantean esa misma idea: cómo la turbación (bien gestionada y canalizada) puede ayudarnos en determinados contextos. ¿Más enfadado, mayor rendimiento? El planteamiento de Robson no se aleja mucho del de Britt Q. Ford, profesora de la Universidad de Toronto, quien define la ira como "una emoción movilizadora que se activa fisiológicamente", generando una activación que puede aprovecharse para ciertos objetivos físicos.  No habla por hablar. Hace años un grupo de científicos comprobó que, cuando imaginaban escenas molestas, los sujetos de su experimento realizaban ciertas tareas físicas más fuerte y rápido. Su rendimiento parecía aumentar cuando se sentían frustrados porque lo canalizaban a través de la actividad física. Robson cita más estudios que muestran efectos similares en deportistas que lanzan pelotas y saltan o incluso entre jugadores de la NBA y Liga Nacional de Hockey de EEUU. Cuando sufrían faltas flagrantes y frustrantes, los jugadores parecían estar más motivados para anotar puntos. "Cuanto más enojados se sentían, hacían lanzamientos más rápidos o daban saltos más elevados". Interesante, pero con límites. Por supuesto, tiene matices. Un estudio publicado en 2011 sobre "ira, agresión y atletismo" constató que "un mayor número de faltas técnicas" suele preceder al un mayor "éxito en aspectos del juego que requieren potencia y energía, como encestar tiros de campo, capturar rebotes y bloquear tiros", pero esa relación no es ni mucho menos infalible. Los lanzamientos de pelotas requieren movimientos mecánicos, fruto de la repetición y el entrenamiento. La cosa cambiaba si hablamos de aspectos del mismo deporte que requieren otras habilidades, como el "cuidado". En Xataka La humanidad ha arrancado 2026 preguntándose si existen o no los pingüinos nihilistas. Y tiene todo el sentido Adiós musas, hola cabreo. Una buena dosis de rabia no solo puede tener sus ventajas en la cancha. Robson cita otro estudio que sugieren que la cólera puede mejorar nuestra "persistencia y perseverancia ante desafíos cognitivos". ¿Cómo llegaron a esa conclusión? Los científicos frustraron a un grupo de personas entregándoles pruebas que en teoría ponían a prueba su inteligencia pero que en realidad eran imposibles de resolver. ¿Quiénes fueron los más perseverantes, los que más se volcaron con el desafío? Los cabreados.  Su respuesta fue en cierto modo más provechosa que la aquellos que simplemente se frustraron o se deprimieron. A esa ventaja Robson añade otra: "Un estallido de ira también puede provocar una mayor creatividad", ya que al sentirnos más excitados nuestra mente establece nuevas conexiones. No todo son risas. "Durante mucho tiempo se creyó que ser positivo en todo momento era sinónimo de una vida plena, que eso era a lo que debíamos aspirar", recuerda Heather C. Lench, profesora de la Universidad de Texas A&M, en The New York Times. "Pero cada vez hay más pruebas de que una vida equilibrada por una suma de emociones parece ser más satisfactoria a largo plazo".  Su conclusión se basa en estudios académicos publicados en 'Journal of Personality and Social Psychology' que concuerdan en que la ira puede ayudarnos a ser más rápidos y reactivos, nos ayuda a superar obstáculos. El enfado quizás sea una rémora en ciertos casos, pero no más que el falso positivismo. ¿Todos cabreados, entonces? No se trata de eso. Los estudios citados por Robson no son un alegato en favor de la rabia apasionada. Más bien aportan una visión alternativa al relato dominante que, en línea con Séneca, reniega de todas las implicaciones de la cólera. Para aprovecharla es importante sin embargo tener presente una máxima que también gustaba a los estoicos: moderación. De hecho la propia Ford sugiere las ventajas de una ira canalizada con fines constructivos cuando debemos confrontar opiniones. La rabia puede ser una palanca, pero también, como advertía Séneca, arrojarnos entre espadas. Todo está en los clásicos. La postura ideal la resume en BBC R. David Lebel, de la Universidad de Pittsburgh: "Reconoce tu enfado y luego espera unas horas o un día y piensa en cómo puedes sacarlo de manera constructiva". En realidad no se trata de una postura nueva ni revolucionaria. Algo similar decía otro pensador clásico que antecedió a Séneca en el olimpo de los filósofos: Aristóteles. El pupilo de Platón ya reconocía algo de bueno en la cólera y aconsejaba manejarla con un enfoque adecuado: "Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es fácil". En 'De Ira' el propio Séneca recuerda que Aristóteles asegura que la rabia "es necesaria" en ciertos contextos, aunque el hispano no parece demasiado convencido con esa idea. "Si escucha a la razón y se deja conducir a donde la llevan, ya no es ira", le replica. Imágenes | Mick Haupt (Unsplash), Wikipedia y Andre Hunter (Unsplash) En Xataka | Uno de los mayores filósofos del siglo XX ya identificó el problema de la Generación Z: "No soportar el aburrimiento" - La noticia Hace 2.000 años el filósofo Séneca dijo que la ira era un lastre para las personas. Hoy sabemos que se equivocaba fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
Hace 2.000 años el filósofo Séneca dijo que la ira era un lastre para las personas. Hoy sabemos que se equivocaba
  • Séneca: "Es la más sombría de todas las pasiones. Algunos sabios la definieron como locura breve"

  • La ciencia ha demostrado que en ciertos contextos canalizar el enfado puede resultar provechoso

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Carlos Prego

Editor - Magnet

Carlos Prego

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A Séneca no le gustaban las personas irritadas. En eso casi todos coincidiremos con él. Al filósofo hispano sin embargo le enfadaban tanto los enfadados (valga la ironía) que hace unos veinte siglos les dedicó todo un tratado ('De Ira'), una obra en la que reflexiona sobre qué es la cólera, sus causas, efectos, naturaleza, si es o no manejable y cómo debemos actuar cuando sentimos que empezamos a hiperventilar y se nos agolpan en la garganta toda clase de improperios.

El problema es que Séneca no acertaba del todo.

"Sombría y desenfrenada". La obra de Séneca no deja mucho margen a interpretaciones. Se titula 'De Ira' y a lo largo de sus tres volúmenes (disponibles online en la Biblioteca Virtual Cervantes) el autor se dedica a hablarnos de qué es, de dónde viene y sobre todo cómo actuar ante la cólera. Sus palabras conectan con la mejor tradición estoica a la hora de aconsejarnos que huyamos de la esclavitud de los impulsos y abrecemos una actitud serena y reflexiva.

"Me exigiste, caro Novato, que te escribiese acerca de la manera de dominar la ira. Y creo que, no sin causa, temes muy principalmente a esta pasión, que es la más sombría y desenfrenada de todas", arranca Séneca en el primer capítulo de su tratado, dirigido a su hermano. "Las otras tienen sin duda algo de quietas y plácidas, pero esta es todo agitación, desenfreno en el resentimiento, sed de guerra, de sangre, de suplicios, arrebato de furores sobrehumanos".

¿Una forma de locura? Si lo anterior no basta para dejar clara la postura de Séneca, a lo largo de las páginas siguientes se explaya explicándonos el sinsentido que supone la ira. ¿El motivo? Nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos con tal de dañar a otros, "lanzándonos en medio de las espadas". "Por esta razón algunos sabios definieron la ira llamándola 'locura breve'. Impotente como aquella para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca, sorda a los consejos de la razón, agitándose por causas vanas", sigue el autor.

La obra está trufada de reflexiones que van en esa misma línea, pero hay un pasaje especialmente elocuente en el que Séneca nos advierte de hasta qué punto la cólera puede alejarnos de nuestros propósitos, incluso de lo que somos: 

"El hombre ha nacido para ayudar al hombre; la ira para la destrucción común. El hombre busca la sociedad, la ira el aislamiento; el hombre quiere ser útil, la ira quiere dañar; el hombre socorre a los desconocidos, la ira hiere hasta al amigo más íntimo; el hombre está dispuesto a sacrificarse por intereses ajenos, la ira se precipita en el peligro con tal de arrastrar a otro".

¿Tiene sentido, no? Más o menos. La ira tal vez condicione nuestro comportamiento, haciéndonos actuar de una forma distinta a como lo haríamos de estar serenos, pero… ¿Es eso necesariamente malo? ¿Es siempre la cólera "la más sombría" de las pasiones, como dice Séneca? En pleno siglo XXI hay autores que no lo tienen tan claro. Uno de ellos es David Robson, un divulgador que ha publicado 'La trampa de la inteligencia', entre otros ensayos psicológicos.

En julio de 2020, en plena pandemia, con miles de personas masticando la impotencia y la frustración de no poder moverse con libertad, Robson publicó un artículo en BBC en el que hablaba justo de eso: del lado positivo de cabrearse. 

Su título también es transparente: "Los beneficios de la ira: el lado bueno de hacer las cosas con enfado". Más allá de su tono provocador, el ensayo de Robson es interesante porque resume investigaciones científicas recientes que sugieren que actuar inspirado por la rabia puede no ser tan malo como opinaba Séneca.

En XatakaQué quería decir el filósofo Montaigne cuando dijo: "Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis"

Una fuente de energía. Lo que defiende Robson es que, más allá de su poder destructivo (algo que no niega) la cólera puede tener ciertas ventajas. "La ira y las emociones relacionadas, como la frustración o irritación, también pueden traer ventajas, siempre que sepamos cómo canalizar la energía que surge de ellas".

Su premisa es muy simple: en vez de invertir energía y tiempo en reprimir la cólera, ¿por qué no intentar canalizar esa sensación, sacarle provecho, emplearla como una fuente de motivación? Tal vez suene descabellado o autodestructivo, pero el autor recuerda estudios que plantean esa misma idea: cómo la turbación (bien gestionada y canalizada) puede ayudarnos en determinados contextos.

¿Más enfadado, mayor rendimiento? El planteamiento de Robson no se aleja mucho del de Britt Q. Ford, profesora de la Universidad de Toronto, quien define la ira como "una emoción movilizadora que se activa fisiológicamente", generando una activación que puede aprovecharse para ciertos objetivos físicos. 

No habla por hablar. Hace años un grupo de científicos comprobó que, cuando imaginaban escenas molestas, los sujetos de su experimento realizaban ciertas tareas físicas más fuerte y rápido. Su rendimiento parecía aumentar cuando se sentían frustrados porque lo canalizaban a través de la actividad física.

Robson cita más estudios que muestran efectos similares en deportistas que lanzan pelotas y saltan o incluso entre jugadores de la NBA y Liga Nacional de Hockey de EEUU. Cuando sufrían faltas flagrantes y frustrantes, los jugadores parecían estar más motivados para anotar puntos. "Cuanto más enojados se sentían, hacían lanzamientos más rápidos o daban saltos más elevados".

Interesante, pero con límites. Por supuesto, tiene matices. Un estudio publicado en 2011 sobre "ira, agresión y atletismo" constató que "un mayor número de faltas técnicas" suele preceder al un mayor "éxito en aspectos del juego que requieren potencia y energía, como encestar tiros de campo, capturar rebotes y bloquear tiros", pero esa relación no es ni mucho menos infalible.

Los lanzamientos de pelotas requieren movimientos mecánicos, fruto de la repetición y el entrenamiento. La cosa cambiaba si hablamos de aspectos del mismo deporte que requieren otras habilidades, como el "cuidado".

En XatakaLa humanidad ha arrancado 2026 preguntándose si existen o no los pingüinos nihilistas. Y tiene todo el sentido

Adiós musas, hola cabreo. Una buena dosis de rabia no solo puede tener sus ventajas en la cancha. Robson cita otro estudio que sugieren que la cólera puede mejorar nuestra "persistencia y perseverancia ante desafíos cognitivos".

¿Cómo llegaron a esa conclusión? Los científicos frustraron a un grupo de personas entregándoles pruebas que en teoría ponían a prueba su inteligencia pero que en realidad eran imposibles de resolver. ¿Quiénes fueron los más perseverantes, los que más se volcaron con el desafío? Los cabreados. 

Su respuesta fue en cierto modo más provechosa que la aquellos que simplemente se frustraron o se deprimieron. A esa ventaja Robson añade otra: "Un estallido de ira también puede provocar una mayor creatividad", ya que al sentirnos más excitados nuestra mente establece nuevas conexiones.

No todo son risas. "Durante mucho tiempo se creyó que ser positivo en todo momento era sinónimo de una vida plena, que eso era a lo que debíamos aspirar", recuerda Heather C. Lench, profesora de la Universidad de Texas A&M, en The New York Times. "Pero cada vez hay más pruebas de que una vida equilibrada por una suma de emociones parece ser más satisfactoria a largo plazo". 

Su conclusión se basa en estudios académicos publicados en 'Journal of Personality and Social Psychology' que concuerdan en que la ira puede ayudarnos a ser más rápidos y reactivos, nos ayuda a superar obstáculos. El enfado quizás sea una rémora en ciertos casos, pero no más que el falso positivismo.

¿Todos cabreados, entonces? No se trata de eso. Los estudios citados por Robson no son un alegato en favor de la rabia apasionada. Más bien aportan una visión alternativa al relato dominante que, en línea con Séneca, reniega de todas las implicaciones de la cólera. Para aprovecharla es importante sin embargo tener presente una máxima que también gustaba a los estoicos: moderación.

De hecho la propia Ford sugiere las ventajas de una ira canalizada con fines constructivos cuando debemos confrontar opiniones. La rabia puede ser una palanca, pero también, como advertía Séneca, arrojarnos entre espadas.

Todo está en los clásicos. La postura ideal la resume en BBC R. David Lebel, de la Universidad de Pittsburgh: "Reconoce tu enfado y luego espera unas horas o un día y piensa en cómo puedes sacarlo de manera constructiva". En realidad no se trata de una postura nueva ni revolucionaria. Algo similar decía otro pensador clásico que antecedió a Séneca en el olimpo de los filósofos: Aristóteles.

El pupilo de Platón ya reconocía algo de bueno en la cólera y aconsejaba manejarla con un enfoque adecuado: "Enfadarse con la persona correcta, en el momento justo y por el motivo adecuado no es fácil". En 'De Ira' el propio Séneca recuerda que Aristóteles asegura que la rabia "es necesaria" en ciertos contextos, aunque el hispano no parece demasiado convencido con esa idea. "Si escucha a la razón y se deja conducir a donde la llevan, ya no es ira", le replica.

Imágenes | Mick Haupt (Unsplash), Wikipedia y Andre Hunter (Unsplash)

En Xataka | Uno de los mayores filósofos del siglo XX ya identificó el problema de la Generación Z: "No soportar el aburrimiento"

Fuente original: Leer en Xataka
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