Probablemente lo hayas hecho más de una vez. Te vas de vacaciones a Cancún, Florencia, Barcelona o esa playa que tanto te gusta y una vez allí decides comprar un souvenir para llevártelo a casa. Quizás un imán para la nevera o una figurita para el salón. Parece un gesto de lo más moderno, pero hace casi 2.000 años los romanos que se movían por el mundo ya hacían algo muy parecido, aunque no exactamente como turistas. Lo sabemos gracias a una vieja copa de bronce encontrada en Berlanga del Duero, un pequeño pueblo de Soria.
A simple vista parece un 'vaso' más, pero en realidad está conectado con una de las mega construcciones romanas más fascinantes de todos los tiempos.
En un lugar de Soria… La arqueología avanza gracias a horas de estudio y trabajo de campo. También (en ocasiones) por puros golpes de suerte. Ocurrió hace un tiempo en Berlanga del Duero, una localidad de 800 habitantes situada en Soria. Allí, "de forma fortuita", los historiadores han encontrado una copa romana, un pequeño cuenco hemisférico de bronce con esmaltes.
Los estudios la han fechado en el siglo II de nuestra era. Dicho así quizás no parece gran cosa (cuencos romanos tenemos muchos afortunadamente y los hay más grandes, fastuosos y antiguos), pero la pieza de Berlanga tiene algo especial: es un souvenir romano que en su día recorrió más de mil kilómetros.
¿Un recuerdo para viajeros? Más o menos. Los arqueólogos creen que la copa de Berlanga es "un recuerdo traído a la península por un militar celtíbero", como explican desde el CSIC. Su propósito no era (solo) servir como un cuenco más. También tenía un valor simbólico, similar al que nosotros podemos darle en 2026 a las figuras que nos traemos tras un viaje a Japón, Italia o esos recuerdos que nos ayuda a evocar los meses que estuvimos de Erasmus en Berlín.
Si tenemos en cuenta que la pieza se fabricó hacia el siglo II d.C. lo anterior sería suficiente para destacarla sobre el resto de copas que conservamos de la antigua Roma, pero la pieza recuperada en Soria tiene otro valor extra: su origen.
La clave: el Muro de Adriano. La pieza está ligada al Muro de Adriano, la fortificación romana iniciada en tiempos del emperador Adriano para proteger la provincia de Britania de las incursiones de los pictos. El vínculo lo hemos podido establecer gracias a dos datos. Primero, su origen. La copa se realizó con metales que seguramente salieron de las minas de Gales o Durham. Segundo, los detalles que decoran el vaso, que incluyen guiños a la fortificación militar romana.
"Recuerdo de…" No importa que sean de Barcelona, Milán, Nueva York o cualquier otra ciudad del mundo, los recuerdos para turistas siempre suelen compartir una característica: incluyen el nombre del destino y alguno de sus iconos más visitados. El famoso "Recuerdo de XXX" acompañado de una silueta de la Sagrada Familia, el Duomo o el Empire State. En la copa de Berlanga ocurre algo parecido. Además de los esmaltes, su decoración representa el Muro de Adriano "a través de un friso jalonado con torretas", aclara el CSIC.
No solo eso. La pieza incluye también inscripciones directamente relacionadas con los campamentos militares de la zona oriental: Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercum. Los investigadores se han fijado además en un detalle curioso: los nombres parecen dispuestos para que se lean de oeste a este, como si la copa representara el aspecto del muro para la gente que lo veía desde dentro.
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¿Es una pieza única? No. Y aunque pueda parecer contradictorio, esa es otra de las características que hace tan especial la copa de Berlanga: es y no es única, igual que muchos de los souvenirs que nos traemos de nuestros viajes o con los que en ocasiones nos obsequian empresas para las que hemos trabajado.
La pieza rescatada en Soria es una de las cinco "Copas del Muro de Adriano" que se conocen, vasos esmaltados vinculados a la fortificación de la antigua Britania. La primera se encontró en 1725 en una villa inglesa. Desde entonces se hallaron otras dos piezas similares en Inglaterra y una más en Francia. También un par de fragmentos, uno de ellos descubierto en el siglo XIX entre Zamora y León.
Esa pieza en cuestión se conoce como 'Fragmento Hildeburgh' (nombre de su comprador) y se conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres. La copa de Berlanga nos queda más cerca: se custodia en el Museo Numantino, en Soria. Su estado de conservación también es mucho mejor. Aunque la copa de Berlanga se ha fragmentado y deformado con el paso del tiempo, conservamos cerca del 90% de su estructura, lo que entre ha permitido reconstruirla virtualmente.
Buscando a su dueño. La copa es fascinante, pero deja botando una pregunta que lo es más aún: ¿Quién era su dueño? ¿Quién diablos decidió hace casi 2.000 años llevarse a Soria una copa conmemorativa de una fortificación situada a más de mil kilómetros? Los investigadores tienen una teoría: la pieza perteneció a un militar celtíbero que sirvió en la frontera más remota del imperio.
"La calidad artesanal y los materiales utilizados en estas copas nos dicen que fueron objetos de prestigio, muy probablemente fabricados por encargo para regalar o condecorar a la élite militar que había servido en el Muro, la frontera más lejana del imperio", comenta Jesús García Sánchez, experto del Instituto de Arqueología de Mérida. "La mayoría de investigadores, y también nosotros, coincidimos en interpretaras como un souvenir o recuerdo del Muro".
De Britania a la península. Si la teoría de García y sus compañeros es correcta la copa de Berlanga habría realizado una travesía fascinante: formaría parte del equipaje con el que regresó a su hogar un militar de Celtiberia (región que abarcaba parte de lo que hoy es la provincia de Soria, además de zonas de la Rioja, Zaragoza, Guadalajara, Teruel y Cuenca) que había servido en Britania.
"Sabemos que los romanos incorporaban a su ejército tropas de los territorios recientemente conquistados y que una unidad celtíbera, la Cohors I Celtiberoum, sirvió en el Muro de Adriano", comenta Roberto de Pablo, autor del estudio sobre la copa, que acaba de publicarse en la revista académica Britannia.
Una ventana al pasado. Esas dudas podrían no tardar en resolverse. En la zona en la que se encontró la pieza se realizaron prospecciones arqueológicas que han revelado la presencia de un grupo de construcciones, parte probablemente de una villa romana habitada entre los siglos I y IV d.C. La idea es que la campaña de estudio continúe este año, centrándose en La Cerrada del Arroyo, una zona situada a unos 100 metros del centro mismo de Berlanga del Duero.
Imágenes | CSIC y Wikipedia
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La noticia
Hace casi 2.000 años los romanos ya se volvían a casa de sus viajes con souvenirs. La mejor prueba estaba oculta en Soria
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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Hace casi 2.000 años los romanos ya se volvían a casa de sus viajes con souvenirs. La mejor prueba estaba oculta en Soria
La copa de Berlanga es una pieza fascinante y conecta con un icono del Imperio romano: el Muro de Adriano
Probablemente lo hayas hecho más de una vez. Te vas de vacaciones a Cancún, Florencia, Barcelona o esa playa que tanto te gusta y una vez allí decides comprar un souvenir para llevártelo a casa. Quizás un imán para la nevera o una figurita para el salón. Parece un gesto de lo más moderno, pero hace casi 2.000 años los romanos que se movían por el mundo ya hacían algo muy parecido, aunque no exactamente como turistas. Lo sabemos gracias a una vieja copa de bronce encontrada en Berlanga del Duero, un pequeño pueblo de Soria.
A simple vista parece un 'vaso' más, pero en realidad está conectado con una de las mega construcciones romanas más fascinantes de todos los tiempos.
En un lugar de Soria… La arqueología avanza gracias a horas de estudio y trabajo de campo. También (en ocasiones) por puros golpes de suerte. Ocurrió hace un tiempo en Berlanga del Duero, una localidad de 800 habitantes situada en Soria. Allí, "de forma fortuita", los historiadores han encontrado una copa romana, un pequeño cuenco hemisférico de bronce con esmaltes.
Los estudios la han fechado en el siglo II de nuestra era. Dicho así quizás no parece gran cosa (cuencos romanos tenemos muchos afortunadamente y los hay más grandes, fastuosos y antiguos), pero la pieza de Berlanga tiene algo especial: es un souvenir romano que en su día recorrió más de mil kilómetros.
¿Un recuerdo para viajeros? Más o menos. Los arqueólogos creen que la copa de Berlanga es "un recuerdo traído a la península por un militar celtíbero", como explican desde el CSIC. Su propósito no era (solo) servir como un cuenco más. También tenía un valor simbólico, similar al que nosotros podemos darle en 2026 a las figuras que nos traemos tras un viaje a Japón, Italia o esos recuerdos que nos ayuda a evocar los meses que estuvimos de Erasmus en Berlín.
Si tenemos en cuenta que la pieza se fabricó hacia el siglo II d.C. lo anterior sería suficiente para destacarla sobre el resto de copas que conservamos de la antigua Roma, pero la pieza recuperada en Soria tiene otro valor extra: su origen.
La clave: el Muro de Adriano. La pieza está ligada al Muro de Adriano, la fortificación romana iniciada en tiempos del emperador Adriano para proteger la provincia de Britania de las incursiones de los pictos. El vínculo lo hemos podido establecer gracias a dos datos. Primero, su origen. La copa se realizó con metales que seguramente salieron de las minas de Gales o Durham. Segundo, los detalles que decoran el vaso, que incluyen guiños a la fortificación militar romana.
"Recuerdo de…" No importa que sean de Barcelona, Milán, Nueva York o cualquier otra ciudad del mundo, los recuerdos para turistas siempre suelen compartir una característica: incluyen el nombre del destino y alguno de sus iconos más visitados. El famoso "Recuerdo de XXX" acompañado de una silueta de la Sagrada Familia, el Duomo o el Empire State. En la copa de Berlanga ocurre algo parecido. Además de los esmaltes, su decoración representa el Muro de Adriano "a través de un friso jalonado con torretas", aclara el CSIC.
No solo eso. La pieza incluye también inscripciones directamente relacionadas con los campamentos militares de la zona oriental: Cilurnum, Onno, Vindobala y Condercum. Los investigadores se han fijado además en un detalle curioso: los nombres parecen dispuestos para que se lean de oeste a este, como si la copa representara el aspecto del muro para la gente que lo veía desde dentro.
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¿Es una pieza única? No. Y aunque pueda parecer contradictorio, esa es otra de las características que hace tan especial la copa de Berlanga: es y no es única, igual que muchos de los souvenirs que nos traemos de nuestros viajes o con los que en ocasiones nos obsequian empresas para las que hemos trabajado.
La pieza rescatada en Soria es una de las cinco "Copas del Muro de Adriano" que se conocen, vasos esmaltados vinculados a la fortificación de la antigua Britania. La primera se encontró en 1725 en una villa inglesa. Desde entonces se hallaron otras dos piezas similares en Inglaterra y una más en Francia. También un par de fragmentos, uno de ellos descubierto en el siglo XIX entre Zamora y León.
Esa pieza en cuestión se conoce como 'Fragmento Hildeburgh' (nombre de su comprador) y se conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres. La copa de Berlanga nos queda más cerca: se custodia en el Museo Numantino, en Soria. Su estado de conservación también es mucho mejor. Aunque la copa de Berlanga se ha fragmentado y deformado con el paso del tiempo, conservamos cerca del 90% de su estructura, lo que entre ha permitido reconstruirla virtualmente.
Buscando a su dueño. La copa es fascinante, pero deja botando una pregunta que lo es más aún: ¿Quién era su dueño? ¿Quién diablos decidió hace casi 2.000 años llevarse a Soria una copa conmemorativa de una fortificación situada a más de mil kilómetros? Los investigadores tienen una teoría: la pieza perteneció a un militar celtíbero que sirvió en la frontera más remota del imperio.
"La calidad artesanal y los materiales utilizados en estas copas nos dicen que fueron objetos de prestigio, muy probablemente fabricados por encargo para regalar o condecorar a la élite militar que había servido en el Muro, la frontera más lejana del imperio", comenta Jesús García Sánchez, experto del Instituto de Arqueología de Mérida. "La mayoría de investigadores, y también nosotros, coincidimos en interpretaras como un souvenir o recuerdo del Muro".
De Britania a la península. Si la teoría de García y sus compañeros es correcta la copa de Berlanga habría realizado una travesía fascinante: formaría parte del equipaje con el que regresó a su hogar un militar de Celtiberia (región que abarcaba parte de lo que hoy es la provincia de Soria, además de zonas de la Rioja, Zaragoza, Guadalajara, Teruel y Cuenca) que había servido en Britania.
"Sabemos que los romanos incorporaban a su ejército tropas de los territorios recientemente conquistados y que una unidad celtíbera, la Cohors I Celtiberoum, sirvió en el Muro de Adriano", comenta Roberto de Pablo, autor del estudio sobre la copa, que acaba de publicarse en la revista académica Britannia.
Una ventana al pasado. Esas dudas podrían no tardar en resolverse. En la zona en la que se encontró la pieza se realizaron prospecciones arqueológicas que han revelado la presencia de un grupo de construcciones, parte probablemente de una villa romana habitada entre los siglos I y IV d.C. La idea es que la campaña de estudio continúe este año, centrándose en La Cerrada del Arroyo, una zona situada a unos 100 metros del centro mismo de Berlanga del Duero.