El ojo de halcón
Hacer política en el barroMaría Márquez, la portavoz socialista que parecía una figura de renovación con buenas maneras, ya ejerce de dinamitera. José Ignacio García quiere ser el Ché García con boina de guerrillero. Gavira es Gavira con poder...
Regala esta noticia Añádenos en Google Los grupos de la oposición registran una petición de comisión de investigación sobre los cribados de cáncer de mama. (EP) 27/09/2026 a las 02:00h.El ecosistema político andaluz se ha degradado, bajo el clima de polarización tóxica, favorecido por la mutación del tablero político tras el 17M. La izquierda ... se anotó un triunfo con la pérdida de la mayoría absoluta del PP, que era su máxima aspiración en esas elecciones, para sacar a Juanma Moreno del marco de la moderación, un perfil que él había cuidado celosamente entre el fuego cruzado de Vox y PSOE. Ahora ya lo tienen colocado en la 'fachosfera'. Vox no cede en su discurso radical, pero ya desde dentro del Gobierno. Hace unos días, su portavoz replicaba los ataques socialistas llamándolos 'puteros' en el Parlamento. Se armó la marimorena. Y sólo era el primer pleno. Con seguridad, esta espiral va a ir a más.
Insultos
El parlamentarismo no es una reunión de ursulinas. Claro que allí se espera un pulso vibrante entre adversarios. Pero sin perder de vista que el Parlamento es una institución civilizatoria, donde no se dirimen las diferencias con violencia, sino con la palabra. Oír al otro es una conquista, pues de ahí emana la tolerancia, la convivencia, o al menos lo que Ortega llamaba 'conllevancia'. Pero el deterioro es constante.
Sánchez ha convertido cada 'sesión de control al Gobierno' en una 'sesión de diatribas a la Oposición'. Jamás responde, sólo ataca a quienes preguntan. Y en eso es bueno. Las preguntas son también alegatos, no cuestiones concretas de interés general. Unos y otros buscan clips de 15 segundos para brillar en las redes. Así nacen estrellas como Rufián y enredos como el spray de gas pimienta. Oscar Puente, cuya gestión es pésima, con el agujero negro de Adamuz, es potencial sucesor sólo por ser el pistolero más rápido del momento para descerrajar insultos. Eso se ha naturalizado.
El Parlamento es una institución civilizatoria, donde no se dirimen las diferencias con violencia, sino con la palabraLa
La política andaluza empieza a convertirse en un 'mudflat', un fangal, uno de esos ecosistemas de barro como el Mar de Frisia o la Bahía de Fundy en Canadá
No es que el Parlamento excluya los vituperios. Al revés. Tiene tradición, con momentos estupendos, como aquella reacción de Gil Robles cuando un diputado le dijo «¡Su Señoría es de los que todavía llevan calzoncillos de seda!» para retratarlo como un señorito finolis. Al apagarse las risotadas, replicó serenamente: «No sabía que la esposa de Su Señoría fuese tan indiscreta». Ahí brillaba Churchill, que años más tarde a Bessie Bradock, una laborista de pedigrí que le reprochó «Winston, está usted borracho», él le replicó «Y usted es fea, mi querida Bessie. Y mañana yo estaré sobrio pero usted seguirá siendo fea». Por cierto, respuesta plagiada de una comedia de W.C.Fields de los años treinta (It's a gift). También Disraeli tuvo momentos de gloria, pero no hace falta irse a Westminster para encontrar talento. Guerra dejó perlas como lo de «Caperucita Roja vestida de Carlos IV» a Soledad Becerril o «víbora con cataratas» a Tierno, aunque con él se vio el paso del florete a la navaja cachicuerna.
Todo parte, claro, de la falta de respeto. Como en la Junta de Portavoces de esta semana, con María Márquez de protagonista. Los ejercicios espirituales para reflexionar que pidió la presidenta de la cámara andaluza no parece que vayan a remediar nada. El Parlamento andaluz, que solía caracterizarse por guardar las formas, ahora es otra sucursal asilvestrada de San Jerónimo. El barro.
Fakes, mentiras
Otro de los problemas en la conversación pública es la pérdida de valor de la verdad. ¿A quién le importa ya en eso en una política polarizada? El papel verificador de los medios se diluye, y sólo se busca tener éxito en las redes sociales con sus cámaras de eco. Es generalizado.
Esta semana en Andalucía, la izquierda ha cargado a tiempo completo con un dato: Andalucía tiene un 40% de plazas libres para menores inmigrantes, pero se niega a la acogida con 1.200 plazas libres. Y bien podría resultar escandaloso, pero es falso. Y además saben que es falso, pero sin duda confían, según la regla de Goebbels, que repetido mil veces acabe por ser verdad. Esas cifras salen de un real decreto del Gobierno, el 556/2026 de 30 de junio, y no determina las plazas que Andalucía tiene, sino las que debería tener en función de un algoritmo que sale de la población de Andalucía dividida por un cociente calculado a partir de blablablá... O sea, no es una cifra real, sino una fórmula teórica, de esas que usan para no enviar menas a Cataluña o país Vasco pero sí 600 a Andalucía, y como ha desvelado ABC, incluso contra su voluntad de ir a Cataluña.
Se podrá discutir la política de acogida de Andalucía, cuestionar el número real de plazas, discutir la transparencia de sus datos (ahora que Transparencia le urge a dar otros datos, caso de las listas de espera diagnóstica), pero lo que no se puede es mentir calificando eso de 'plazas disponibles'. O no se debe, porque poderse es obvio que sí se puede. Ahí llevan toda la semana erre que erre.
Cribado de miserias
La degradación parlamentaria arrastra todo, también las comisiones de investigación. Rara vez han tenido altura, pero ya sólo son trincheras a cara de perro. Se ha visto con la Dana. Esta semana, en Andalucía, la izquierda ha tratado de sacar una comisión sobre los cribados del cáncer de mama. Pero Vox se ha desmarcado, aunque un año atrás la apoyase, e incluso en campaña electoral. Lo previsible. Resulta irónico que los de Maíllo reprochen a Vox haber cambiado en el Gobierno, como si ellos no hubieran cambiado sobre el Sahara o la compra de armas en el Gobierno Sánchez.
Por supuesto la 'crisis del cribado' fue un asunto grave, sin duda el peor momento para los gobiernos del PP. Provocó la salida de la cúpula de la Consejería, la asunción de responsabilidades y la contrición pública, para acabar colocando al frente de la Sanidad al vicepresidente político. La Fiscalía ha archivado todas las denuncias y el sistema está en reconstrucción. Creer un año después que esa comisión persigue la verdad, no cuela. ¿O se espera otra cosa de quienes agitaron la calle con manifestaciones en las que se llamaba 'asesino' al presidente andaluz? Eso apunta al barro.
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