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¿Hasta dónde puede llevar a Argentina la 'estrategia Messi'?

¿Hasta dónde puede llevar a Argentina la 'estrategia Messi'?
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El equipo, formado en torno al jugador de 39 años, depende de la posesión controlada del balón. Leer
Financial Times¿Hasta dónde puede llevar a Argentina la 'estrategia Messi'?
  • SIMON KUPER
Actualizado 9 JUL. 2026 - 15:29El jugador de la selección argentina, Leo Messi.CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICHEFE

El equipo, formado en torno al jugador de 39 años, depende de la posesión controlada del balón.

A sus 39 años, Leo Messi pasa la mayor parte del partido caminando o parado, mientras sus compañeros argentinos intercambian pacientemente pases cortos, esperando su señal. Cuando arranca, significa que ve una oportunidad de gol y quiere el balón. Contra Cabo Verde el viernes de la semana pasada en Miami, la nueva ciudad de residencia de Messi, el central Lisandro Martínez le lanzó el balón desde 40 metros. Para cualquier otro futbolista, ese remate habría sido, en el mejor de los casos, una oportunidad del 25% de marcar gol. Para Messi era rutina: un toque para controlar, y otro para picar el balón por encima del guardameta Vozinha y marcar su séptimo gol en cuatro partidos en este torneo.

Argentina aspira a ser el primer campeón del mundo que revalida el título desde Brasil en 1962.Tienen el camino más fácil hacia la final, comenzando con el partido de octavos de final contra Egipto en Atlanta el 7 de julio, que ganaron 3-2, sumando otro gol al total de Messi en el torneo. Esta es, sin duda, la última versión de Messi con la camiseta blanquiazul. ¿Qué forma adoptará?

No esperaba estar aquí. Tras ganar la semifinal en Catar en 2022, a los 35 años, declaró: "Estoy muy feliz de terminar mi trayectoria en los Mundiales en una final, de jugar el último partido en una final". La victoria sobre Francia parecía el final predestinado. Por fin, había estado a la altura del legado imponente de Diego Armando Maradona, quien en 1986 le dio a Argentina un Mundial prácticamente él solo. Meses después, Messi se incorporó al Inter de Miami, en el cementerio de elefantes de la Major League Soccer estadounidense, para relajarse tras casi 20 años de fútbol profesional. Pero, para su propia sorpresa, su talento no se apagó.

Messi rara vez habla, pero me hice una idea de cómo es al entrevistar a sus compañeros, entrenadores y directivos del F.C. Barcelona para mi libro sobre el club. Muchos parecían tenerle miedo, porque ejercía un poder enorme en el Barcelona. Ante cada decisión importante —como qué entrenador contratar o qué jugador fichar—, los supuestos responsables se preguntaban: "¿Qué quiere Leo?". Si no estaba contento, lo hacía saber, más con miradas y gestos de enfado que con palabras. El Barça, al igual que Argentina, giraba en torno a sus deseos. A cambio, Messi sentía la obligación de cumplir. Sobre todo con Argentina, asumía la responsabilidad de los resultados. Tal era la carga que a veces vomitaba por el estrés antes de los partidos.

Hoy, juega sin presión, sin nada que demostrar. Dice: "Dios me ha dado demasiado, ahora sólo me queda disfrutar". El Mundial es su torneo. Domina sus récords, incluyendo el máximo número de goles (21), asistencias, ocasiones creadas y minutos jugados. Casi todos los hinchas argentinos en Miami llevaban "Messi" en la espalda de su camiseta.

Ahora expresa sus emociones, algo muy inusual en él. Se echó a reír a carcajadas cuando los agentes de seguridad que registraban a la selección argentina en la pista del aeropuerto encontraron las pinzas de barbacoa de su compañero Cristian Romero. Contra Argelia lloró en el campo, quizás por su padre enfermo, y pisoteó con su característica precisión el gemelo de un rival. Ni siquiera le sacaron tarjeta, porque el fútbol tiene reglas especiales para Messi —que le permiten, por ejemplo, reclamar tiros libres siempre que juzgue que le han hecho falta—.

Se siente libre también porque hoy en día Argentina juega como él quiere. Cada vez que sale al campo, ambos equipos tienen una "estrategia Messi": su equipo para desatarlo, el rival para detenerlo. Argentina se equivocó con la suya durante años. Recuerdo a un entrenador argentino explicándomela en el bar de un hotel parisino. Meses después, cayó a mitad del Mundial.

Cuando Lionel Scaloni se convirtió en el seleccionador argentino en 2018, al principio quería que la Albiceleste jugase más rápido, como los europeos. Pero a Messi no le gustó. Para entender su fútbol ideal, basta con ver sus discursos previos al partido en el Barcelona, que se muestran en la serie documental de Rakuten TV. Antes del pitido inicial, tras la charla del entrenador, Messi añadía unas últimas palabras con su característico tono monótono, generalmente pidiendo calma. Por ejemplo: "Tranquilos, como siempre, sin perder la cabeza. No demasiado rápido". Jugando contra el Liverpool en casa en 2019, advirtió contra el juego "de ida y vuelta", como quería el Liverpool: "Si tenemos el control, será otra historia".

El juego de Argentina ahora se basa en la posesión controlada. Su segundo entrenador, Matías Manna, quien también es novelista, afirma que el estilo argentino es "el pase corto... unirse para tocar el balón, el toque argentino, sin imitar el modelo europeo". En 2022, me dijo que era "europeizante" descartar ese estilo como obsoleto.

Así, Argentina teje pases intrincados en el medio del campo, y casi nunca intentan centros o contraataques rápidos.Messi se mueve a su antojo, a veces retrocede para crear juego, a veces se queda en la banda derecha, siempre buscando terminar justo fuera del área de penalti. Ahí es donde se dirigen los ataques argentinos. Los jugadores de las bandas funcionan principalmente como señuelos, atrayendo a los rivales lejos del territorio de Messi en el centro.

Ha perdido su aceleración y rara vez regatea. En su lugar, se ha convertido en lo que su rival portugués Cristiano Ronaldo, de 41 años, sueña con ser: un goleador infalible.

Sin embargo, Argentina tuvo grandes dificultades para vencer a la pequeña Cabo Verde por 3-2. Su "Messidependencia" es extrema. Jugar sin velocidad es una debilidad. Defienden mal, casi nunca presionan y rara vez incomodan al rival cuando tiene el balón. Si un hombre de 39 años puede ganarles otra Copa Mundial, podría ser la hazaña individual más extraordinaria de la historia del torneo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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