¿Por qué importa encontrar un azúcar en una nube situada a miles de años luz?
Estas moléculas son esenciales para la vida. Alimentan las células y forman parte del ARN y el ADN. Sin embargo, los científicos aún no saben cómo se acumularon en cantidades suficientes en la Tierra primitiva. Una posibilidad es que parte de ellos no se originaron aquí, sino en el espacio, y que llegaron a nuestro planeta transportada por meteoritos.
La idea de que algunos azúcares podían venir del espacio cobró fuerza en diciembre de 2025. Entonces, científicos confirmaron que el asteroide Bennu contenía ribosa y otros monosacáridos. El primero es un azúcar fundamental del ARN. Ahora, por primera vez, un tipo de azúcar más de la familia de las cetosas ha aparecido en la nube molecular G+0.693−0.027, a unos 26 000 años luz de la Tierra.
Vía Láctea. Se encuentra cerca del agujero negro supermasivo al centro de la galaxia y las colisiones con otra nube parecen haber convertido la región en una auténtica fábrica química. Allí ya habían aparecido alcoholes, aldehídos, urea, etanolamina, hidroxilamina y decenas de moléculas orgánicas complejas. Ahora suma un nuevo registro: el primer azúcar interestelar.“Es conocida la presencia de múltiples moléculas orgánicas prebióticas en meteoritos y asteroides, incluidos algunos monosacáridos, pero no está claro cuál es su origen. Una posibilidad obvia es que se formen, inicialmente, en el denominado medio interestelar. Sin embargo, hasta ahora, no se había detectado ningún auténtico sacárido en el mismo. La eritrulosa, un cetomonosacárido de cuatro átomos de carbono, es el primero", dijo Jesús R. Flores, catedrático de la Universidade de Vigo, que no participó en el estudio, para el Science Media Centre España.
origen del vida en la Tierra o el ARN. Lo que señalan cada vez más estudios es que los ingredientes químicos asociados a la química prebiótica también pueden encontrarse en el espacio. Este específicamente demuestra, por primera vez, que un monosacárido puede sintetizarse bajo condiciones interestelares.César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, revisó el trabajo para el Science Media Centre España. A su juicio, el estudio representa un logro técnico extraordinario y aporta información valiosa sobre la química espacial. Sin embargo, cree que el verdadero riesgo aparece al comunicar sus implicaciones.
“El trabajo plantea cuestiones que podrían malinterpretarse como falacias non-sequitur: detectan eritrulosa, por tanto, ¿existía materia prima para los primeros ácidos nucleicos? No. Lo único que demuestra el trabajo es que existe eritrulosa en una nube molecular en el espacio, no que llegue a la Tierra u otro lugar donde pudiera emerger la vida; no que sobreviva a ese viaje; no que alcance concentraciones relevantes; no que participe en síntesis prebióticas”, dijo.
“La segunda falacia que puede derivarse es: la eritrulosa se isomeriza a tetrosas, por tanto, podría conducir a TNA, una molécula alternativa al ARN. Es una cadena enorme de inferencias, a la que le faltan al menos cinco pasos experimentales. La tercera falacia: hay azúcares en Bennu, por tanto, los azúcares interestelares llegan intactos. No. Bennu demuestra existencia final. No demuestra dónde se sintetizaron. En realidad, solo añade una pieza del puzzle. Que exista eritrulosa interestelar solo nos dice que estas moléculas pueden formarse en ese ambiente, no que los azúcares en la Tierra primitiva vinieron por esa vía”, finalizó.
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