El político socialista confía en que la debilidad de los otros aspirantes progresistas le permita aspirar al Elíseo en las elecciones de 2027
Regala esta noticia Añádenos en Google François Hollande, expresidente de Francia. (Afp)París
20/08/2026 a las 10:28h.Parece una obsesión para los expresidentes de Francia en este siglo XXI. Tras irse del Elíseo por la puerta trasera —después de sufrir una derrota ... electoral o por no poder aspirar a la reelección—, intentan renacer de sus cenizas y volver a la primera línea. Así sucedió con el conservador Nicolas Sarkozy (2007-12), quien intentó presentarse en las elecciones presidenciales de 2017, pero sufrió una clara derrota en las primarias de su partido, sin clasificarse para la segunda vuelta. Una década después, el socialista François Hollande, que llevó las riendas del país entre 2012 y 2017, tiene ese mismo objetivo.
No se presentará a las primarias de su partido y esperará a que luego se hunda el ganador
El exdirigente, que ocupa un escaño en la bancada socialista en la Asamblea Nacional desde las legislativas anticipadas de 2024, precisó un poco más sus intenciones el 15 de julio. Entonces, encabezó un mitin privado en el Senado con 160 políticos, altos funcionarios y personas del mundo de la cultura y del deporte. «Ya ejercí como presidente y conozco el cargo. Puedo ser útil, pero no quiero liderar una candidatura testimonial», dijo ante sus acólitos.
El expresidente publicará el 3 de septiembre su nuevo libro. Titulado 'Unir. Nouveau monde, nouvelle gauche', es una mezcla entre ensayo político y programa electoral. También debatirá a finales de agosto con el exprimer ministro Édouard Philippe (centro-derecha), que ya oficializó su candidatura para los comicios del año que viene. Durante la primera quincena de agosto, militantes y cargos electos cercanos a Hollande colgaron en varias localidades y en las redes sociales una serie de carteles en los que destacan aspectos positivos de su mandato, como «la reducción del déficit público» o «los 650.000 franceses que se jubilaron a los 60 años».
Todo esto refleja que estudia seriamente la posibilidad de presentarse. «Según me han comentado militantes y dirigentes socialistas cercanos a Hollande, consideran que hay una ventana de oportunidad gracias a la incertidumbre de la campaña de 2027. El presidente saliente (Emmanuel Macron) no puede presentarse —debido al tope constitucional de dos mandatos— y no cuenta con un sucesor evidente. A eso se le suma el hecho de que, ante un contexto internacional y nacional marcado por las crisis, los dirigentes experimentados parecen cotizar al alza», explica a este medio el analista Guillermo Arenas, profesor universitario en Derecho Público y miembro del grupo de reflexión socialista Hémisphère gauche.
Además, Hollande espera beneficiarse de la debilidad de los otros aspirantes del Partido Socialista (PS), en pleno declive —su candidata Anne Hidalgo obtuvo menos del 2% de los votos en las presidenciales de 2022— desde el decepcionante quinquenio hollandista. Esta histórica formación celebrará en octubre unas primarias cerradas para elegir a su candidato. De momento, este proceso interno no ha levantado pasiones entre la menguante militancia del PS. Y sus dirigentes se han pasado el verano discutiendo sobre si 15 euros es un precio demasiado elevado para los simpatizantes que deseen votar en el escrutinio interno.
Baja intención de voto
El expresidente no participará en esas primarias, indicó su entorno. Su estrategia para convertirse en el aspirante del PS resulta algo maquiavélica. Consiste en esperar que el eurodiputado Glucksmann u otro político socialdemócrata que gane esa votación interna se hunda en los sondeos durante el otoño. Eso permitiría al exmandatario presentarse a finales de año como «el hombre providencial» del centro-izquierda. «De momento, Glucksmann lleva el maillot amarillo y le toca pedalear. Si lo consigue, le apoyaremos. Pero si deja de pedalear, estamos preparados», señalaba Wilfried Pailhes, uno de los portavoces del exmandatario, en declaraciones al diario 'Libération'.
«La hipótesis de Hollande consiste, por un lado, en que una parte de los electores de izquierda no quiere votar a Mélenchon, ya que lo considera demasiado radical. Por el otro, cree que los votantes progresistas de Macron de 2017 están decepcionados por su posicionamiento a la derecha a lo largo de su presidencia», resume Arenas. Esta estrategia no solo resulta compleja de por sí, sino que cuenta con el hándicap del mal recuerdo que dejó su paso por la jefatura del Estado entre muchos votantes de izquierdas: «Es un dirigente sinónimo de un socialismo muy liberal y que no potenció el Estado del bienestar», comenta este analista.
A pesar de haber dejado el Elíseo en 2017 como el presidente más impopular en la historia de la Quinta República, su imagen ha mejorado con el paso de los años. Recientemente, varios estudios lo situaban entre los dirigentes más reconocidos. Esta mejoría, sin embargo, no se ve reflejada en una intención de voto notable. Los últimos sondeos, que deben cogerse con pinzas, apenas le otorgan un 8% de las papeletas a Hollande, un porcentaje inferior al de Mélenchon (16-15%), el macronista Philippe (16,5%) y la ultraderechista Marine Le Pen (35%). El exmandatario tendrá que pedalear mucho si quiere romper la maldición de los expresidentes.
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