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Hoteles de autor, la hospitalidad como oficio

Hoteles de autor, la hospitalidad como oficio
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Se denominan hoteles de autor, pequeños establecimientos con encanto concebidos por un apasionado del hospedaje. Existen varios en nuestro país, como el mítico Landa. Los visitamos. Leer
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  • ESTEFANÍA RUILOPE
Actualizado 27 AGO. 2026 - 08:04Guzmán Alameda representa la tercera generación de una familia que ha convertido Landa en uno de los referentes de la hotelería independiente española.Leticia Díaz de la MorenaSeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

Se denominan hoteles de autor, pequeños establecimientos con encanto concebidos por un apasionado del hospedaje. Existen varios en nuestro país, como el mítico Landa. Los visitamos.

Hay algo que distingue a determinados hoteles desde el momento en que uno cruza la puerta. No tiene que ver con el número de estrellas, ni con el tamaño de las habitaciones, ni siquiera con la excelencia del servicio. Tiene que ver con la sensación de estar en un lugar que no podría existir en ninguna otra parte. En una época en la que muchas cadenas han logrado que sus establecimientos sean reconocibles en cualquier rincón del planeta, todavía sobreviven hoteles españoles que han elegido otro camino: el de la identidad propia. Todos ellos son proyectos nacidos de una visión personal, construidos a fuego lento y gestionados por propietarios que siguen entendiendo la hospitalidad como un oficio en lugar de una industria. Algunos llevan décadas abiertos; otros son recientes, pero todos comparten una misma idea: la de que conservar el carácter de una casa es tan importante como garantizar su rentabilidad.

La piscina neogótica y los espacios diseñados junto a Pascua Ortega reflejan la evolución de un hotel que ha sabido modernizarse sin perder su esencia.Leticia Díaz de la Morena

Uno de los que representan esa filosofía como pocos es el mítico Hotel Landa, ubicado en Burgos y cuyo nombre vasco significa campo. Custodiado como un legado más que gestionado como una empresa, desde hace casi siete décadas -no pudo celebrar su 50 aniversario por una crisis que se interpuso en el camino- forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones. Guzmán Alameda Landa, tercera generación de la familia, ha logrado algo poco frecuente en la hostelería contemporánea: cambiar sin dejar de ser uno mismo. "Si algo funciona, no lo toques. Observa. Toma nota. Y si tienes que cambiar cosas, hazlo con pies de plomo", resume. La frase podría servir como definición de la filosofía que ha guiado al hotel desde sus orígenes. Porque detrás de la aparente inmovilidad de Landa existe una historia de adaptación constante. La familia ha entendido siempre que conservar no significa quedarse quieto; significa evolucionar sin perder la esencia.

De joven jamás pensó que formaría parte de la empresa, pero hoy es figura fundamental. "Mi madre siempre tuvo claro que se iba a dedicar a ello porque vio crecer el negocio desde cero. Yo crecí aquí, pero me decanté por el periodismo, ya que por aquel entonces tenía idolatrado a Lorenzo Milá", reconoce. Y alaba la extraordinaria visión de sus abuelos, los fundadores, "que compraron un campo de patatas intuyendo que la carretera hacia el norte era un punto de conexión muy interesante, y sería en el futuro una arteria principal", relata orgulloso Guzmán.

Cambio de costumbres

Recuerda perfectamente que, tras el fallecimiento de su abuelo, acudió mucha gente al hotel para recomendar su venta, pero, su madre asumió los mandos del negocio. "El abuelo se fue con 57 años, por lo que mi madre heredó el negocio con apenas veintipocos años, y junto con mi abuela tuvo que tomar decisiones serias. Y lo hizo sin mirar atrás".

Los Landa entendieron pronto que conservar no significa quedarse quieto, sino evolucionar sin perder la esencia.Leticia Díaz de la Morena

Guzmán, joven, encantador y algo tímido, nos relata -en primicia - la historia de este buque insignia hotelero, que a finales de los años 90 afrontó una de sus transformaciones más importantes. "España viajaba de otra manera. Las nuevas carreteras habían reducido los tiempos de desplazamiento, y los hábitos de los clientes empezaban a cambiar. El restaurante seguía siendo un referente, pero el bar comenzaba a adquirir una importancia creciente. La respuesta fue ampliar y transformar determinados espacios sin alterar el alma del establecimiento". Para ello, la familia recurrió a Pascua Ortega, cuya intervención resultó decisiva para definir la imagen actual del hotel. "Lo importante fue encontrar a alguien que entendiera lo que queríamos hacer, y dejarle trabajar", recuerda Alameda Landa.

A Quinta da Auga

De aquella colaboración surgieron algunos de los rincones más emblemáticos de la propiedad, entre ellos los porches, nacidos de la transformación de un patio abierto que apenas podía utilizarse debido al clima burgalés. Lo llamativo es que, casi tres décadas después, siguen pareciendo actuales. No porque fueran concebidos para sorprender, sino porque nunca respondieron a una tendencia concreta. La misma atemporalidad se aprecia en las habitaciones. "Ninguna es igual a otra. Cambian los colores, las telas, el mobiliario o la distribución", explica. Una decisión poco habitual en tiempos de estandarización, pero coherente con una casa que siempre ha preferido el carácter a la repetición. "La intervención debía convivir con la historia. Muchos muebles heredados permanecieron en el hotel. No se trataba de vaciar para volver a empezar, sino de integrar pasado y presente con naturalidad".

Box Art Hoteles

Quizá ningún espacio refleje mejor esa combinación de intuición y personalidad que la piscina. Hoy es una de las imágenes más reconocibles del hotel, y uno de los rincones más fotografiados por los huéspedes. Sin embargo, cuando se construyó apenas tenía protagonismo. "La idea nació de mi abuelo que imaginó una piscina cubierta y exterior inspirada en formas neogóticas, con piedra, hierro y una atmósfera casi monacal. Es curioso que durante años fue un espacio secundario. El bienestar todavía no era una prioridad para los viajeros, y pocos imaginaban el papel que acabaría desempeñando". El tiempo terminó dándole la razón. Décadas después, aquella visión se ha convertido en una de las señas de identidad de Landa. "La gente nos pregunta si es un spa, si es una instalación artística. Tiene algo difícil de explicar".

Relevo generacional

Reconoce que ha tomado decisiones que en su momento parecieron arriesgadas. Como peatonalizar la plaza situada frente al hotel cuando la mayoría pensaba que eliminar los coches de la entrada era una locura. "Esta plaza imita a un pueblo castellano con su propio quiosco de música. Mi abuelo quería hacer una pequeña Pedraza, y para ello compró hasta una torre del siglo XIV, aunque, se quedó con ganas de hacer una pequeña abadía".

L'Ovella Negra

A la pregunta de si será él quien cumpla dicho sueño, sale una sonrisa acompañada de un "nunca se sabe". Lo que sí han conseguido es hacer de este espacio una parte esencial de la experiencia, presidido por el bonito quiosco en el que se expenden las famosas pastas de mantequilla, además de otros deliciosos productos. Cuando se planteó generó cierta controversia, ya que suponía una cierta ruptura con la estética clásica, pero hoy, es parada obligada de todos los visitantes.

The Artist

Para Guzmán existe una medida del éxito mucho más importante que cualquier balance económico: el relevo generacional. "Esa es nuestra auténtica obsesión. Ver que siguen llegando generaciones nuevas. Los nietos de quienes un día se sentaron en sus mesas o durmieron en alguna de sus habitaciones vuelven ahora por iniciativa propia. Los jóvenes ocupan el bar. Nuevos viajeros descubren el hotel sin haber conocido ninguna de sus etapas anteriores. Y ahí reside, probablemente, el verdadero triunfo de la familia. Nosotros creemos que hay que saber quién eres". Precio: desde 190 euros.

Finca La Bobadilla, en Antequera

Esa defensa de la identidad también ha guiado la trayectoria de Pau Guardans al frente de Único Hotels. Nieto de Francesc Cambó, impulsor del histórico Ritz de Barcelona, creció escuchando historias sobre la gran hostelería europea. "Mi madre me contaba orgullosa la historia de que mi abuelo se implicó personalmente para convencer a César Ritz de que Barcelona, sin ser la capital, merecía tener un hotel de lujo de ese nivel. Y lo hizo pensando que así ayudaba al desarrollo de la ciudad. Y lo consiguió. Así nació, en los años 20 del siglo pasado, el Ritz de Barcelona."

Hotel Miró

Décadas después, Guardans recogió ese legado desde una mirada contemporánea, y decidió crear su propio grupo en 2004 con la idea de desarrollar una colección de hoteles profundamente conectados con los territorios en los que se integran, el paisaje que los rodea, la gastronomía y la cultura local. Una filosofía que hoy puede apreciarse tanto en Mas de Torrent en el Empordà, Finca Serena en el centro de la isla de Mallorca o The Principal en plena Gran Vía de Madrid, como en la recuperación de Finca La Bobadilla, en Andalucía, o en el futuro Palacio de Luces, en Asturias.

Diseño y naturaleza

L'Ovella Negra

La independencia también define la historia de los hoteles Box Art, ubicados en el corazón de la madrileña Sierra de Guadarrama. El matrimonio formado por Pilar Guillén y Ángel García ejercían como abogados cuando comenzaron a imaginar el hotel que les habría gustado encontrar durante sus viajes. Primero llegó Box Art La Torre en Collado Mediano, y una década después, Box Art Alpino, en Navacerrada. "Nuestros hoteles buscan ofrecer una atmósfera de calma donde conviven diseño, arte y naturaleza. Son espacios sin estridencias, pensados para disfrutar sin prisas y donde cada huésped encuentra su propia experiencia", explica Ángel.

A Quinta da Auga

Más internacional es el recorrido de Prisca Llagostera, la empresaria barcelonesa que recuperó primero una antigua casa de montaña para crear L'Ovella Negra, en el valle de Incles, en Andorra y, años después, abrió Kokos Huis, una histórica granja transformada en hotel boutique en Sudáfrica. Fiel a su estilo de vida desenfadado, apuesta por que cada uno de sus huéspedes se sienta como si estuviera en su propia casa, con una cálida decoración, un servicio encantador y un código totalmente alejado de la rigidez. Prisca asegura que su apuesta se inspira en la filosofía del raw luxury: "Menos, es más. A veces, en lo sencillo está la clave", asegura.

Box Art Hoteles

Algo parecido sucede en Bilbao con el Hotel Miró y The Artist. Cuando Alexandra Wicke abrió uno de los primeros hoteles boutique de la ciudad apenas existían referentes similares, por lo que fue una auténtica novedad. "El Hotel Miró nació a comienzos de los años 2000 y fue un proyecto muy original desarrollado junto al diseñador Antonio Miró". The Artist vino después con el talento del gran Javier Mariscal. Más de dos décadas después, ambos establecimientos continúan vinculando su identidad al universo creativo que rodea al museo Guggenheim.

The Artist

En A Quinta da Auga el patrimonio, la naturaleza y la hospitalidad conviven con naturalidad. "Nunca pensamos en hacer un hotel al uso; queríamos recuperar un lugar con alma devolviendo la vida a un edificio histórico sin borrar las huellas de su pasado", recuerda Luisa Lorenzo, hija de la arquitecta María Luisa García Gil, impulsora del proyecto. La familia trabaja ahora en la recuperación del histórico Pazo do Cotón, en el Camino de Santiago, continuando con la vocación por rescatar edificios con historia: "Nos apasiona recuperar patrimonio y transformarlo en lugares llenos de alma", resume Luisa.

Hotel Miró y The Artist

Alexandra Wicke, de Hotel Miró y The Artist

Mucho antes de que la hotelería boutique se convirtiera en tendencia, Alexandra Wicke ya apostó por un modelo donde el diseño y la cultura ocuparan un lugar central. Hotel Miró y The Artist, ambos situados junto al Guggenheim de Bilbao, han construido una personalidad propia alrededor del arte contemporáneo, la atención personalizada y el cuidado por los detalles. Más que unos simples alojamientos, funcionan como una extensión natural del ambiente creativo que define a la ciudad. "Nos gusta diferenciarnos en nuestra manera de hacer las cosas y ofrecer un servicio impecable en un entorno cuidado y agradable", explica Wicke. Para ella, el principal reto del sector sigue siendo humano. "Las personas son el alma de los hoteles; sin ellas, solo serían ladrillos", afirma. Precio: desde 90 euros.

A Quinta da Auga

María Luisa García Gil y su hija Luisa Lorenzo, de A Quinta da Auga

La historia de A Quinta da Auga comenzó mucho antes de que existiera el hotel. María Luisa García Gil, arquitecta de profesión, conocía bien aquella antigua fábrica de papel del siglo XVIII situada a las afueras de Santiago de Compostela. Durante años acudió a valorar el edificio para distintos inversores que finalmente nunca dieron el paso. Hasta que decidió hacerlo ella misma. Lo que entonces eran muros cubiertos por la vegetación terminó convirtiéndose en uno de los hoteles más especiales de Galicia. "Donde otros veían unas ruinas, nosotros vimos un proyecto de vida", recuerda su hija Luisa Lorenzo, que asegura que el objetivo nunca fue construir un hotel al uso. "Queríamos devolverle el alma a un edificio con historia". Precio desde 250 euros.

L'Ovella Negra y Kokos Huis

Prisca Llagostera, de L'Ovella Negra y Kokos Huis

A miles de kilómetros entre Andorra y Sudáfrica, los hoteles de Prisca Llagostera, L'Ovella Negra y Kokos Huis, nacen de la idea de ofrecer experiencias íntimas, con pocas habitaciones y una relación cercana con el huésped. La empresaria ha apostado por un modelo donde el lujo no se mide en tecnología sino en calma y autenticidad. "Defendemos una conexión real con el territorio, la gastronomía y el estilo de vida 'slow'", explica. En ambos hoteles desaparecen las televisiones de las habitaciones, y se potencia la desconexión. También la mesa ocupa un lugar protagonista, con recetas sencillas y honestas donde incluso un gazpacho puede convertirse en un símbolo. "No hace falta complicar las cosas cuando tienes un gran tomate y un buen aceite de oliva", resume.

Box Art Alpino y Box Art La Torre

Pilar Guillén y Ángel García, de Box Art Hoteles

Uno de los proyectos hoteleros más singulares de la Comunidad de Madrid. Box Art Alpino y Box Art La Torre, en la Sierra de Guadarrama, combinan arquitectura contemporánea, naturaleza, gastronomía y arte. Las exposiciones cambian constantemente y conviven con la actividad diaria del hotel, convirtiendo cada estancia en una experiencia diferente.

Pilar Guillén y Ángel García, de Box Art Hoteles

En La Torre se aloja el reconocido restaurante Koma, donde el chef Alex Marugán lidera una propuesta centrada en el producto local y de temporada. "Ofrecemos alta cocina que apuesta por ingredientes de proximidad y recetas originales", explica Pilar Guillén. Ella y Ángel García miran al futuro estudiando nuevos proyectos en El Escorial y Baleares.

Único Hotels

Pau Guardans, de Finca La Bobadilla, en Antequera.

Pau Guardans defiende que cada establecimiento ha de tener alma propia. Bajo el paraguas de Único Hotels conviven proyectos tan distintos como The Lodge y Finca Serena, en Mallorca; Hotel Único en el barrio de Salamanca de Madrid; o la recién renovada Finca La Bobadilla, en Antequera. Todos comparten una misma filosofía: integrarse en el paisaje y en la cultura local sin perder autenticidad. "No queremos hacer una cadena, sino una colección familiar de hoteles con personalidad propia. Para nosotros, un hotel no es un lugar donde dormir, es una puerta de entrada al destino", explica. Su próximo reto pasa por nuevas aperturas en Asturias y Gavà (Barcelona), siempre bajo la premisa de crecer sin renunciar al carácter propio. Precio: desde 450 euros.

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Fuente original: Leer en Expansión
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