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Imágenes 'familiares' en la Bienal Xavier Miserachs

Imágenes 'familiares' en la Bienal Xavier Miserachs
Artículo Completo 1,028 palabras
Hay festivales que se explican por la suma de nombres y otros que, edición tras edición, construyen una manera de mirar. La Bienal de Fotografía Xavier Miserachs pertenece a esta segunda categoría. En su decimocuarta edición, hasta el 18 de octubre, demuestra que la foto puede ocupar un territorio sin convertirlo en decorado. La escala de sus sedes, su relación con el Baix Empordà y una programación que hace convivir historia, documento y creación contemporánea la han consolidado como una cita que justifica el viaje.La razón principal está este año en La Bòbila. 'Dorothea Lange. Un largo viaje' es una cita extraordinaria porque consigue devolver complejidad a unas imágenes que creemos conocer. El recorrido sigue geográficamente el desplazamiento de miles de familias empobrecidas durante la Gran Depresión hacia California y encuentra en las citas de 'Las uvas de la ira', de Steinbeck, un esqueleto narrativo y poético. Literatura y foto avanzan en paralelo, no para ilustrarse mutuamente, sino para reconstruir la experiencia de un éxodo y sus expectativas frustradas.Ese dispositivo permite mirar a Lange más allá de sus iconos. 'Migrant Mother', el retrato de Florence Thompson con sus hijos, recupera su condición de imagen situada cuando aparece dentro de la secuencia de tomas que precedieron a la foto que terminó condensando una época. Lange no sólo documentó la pobreza, el desplazamiento o la precariedad de las familias agrícolas para la Farm Security Administration: construyó una forma de proximidad en la que la dignidad del retratado nunca desaparece bajo el acontecimiento. Cada gesto, cada mano y mirada fuera de campo participan de una conciencia política y una inteligencia formal que universalizan el relato.Hacia dónde mirarSu actualidad nace precisamente ahí. Las convulsiones sociales que atraviesan estas fotografías como migración, desposesión, desigualdad, desplazamientos, reaparecen bajo otras formas en un bucle histórico inquietante. Frente a la velocidad con la que consumimos imágenes de crisis, Lange obliga a detenerse. Documentar no significa tan solo estar delante de lo que sucede: implica decidir desde dónde mirar, a qué distancia y durante cuánto tiempo. Casi un siglo después, sus imágenes no permanecen vivas porque anuncien nuestro presente, sino porque las estructuras que revelan nunca terminaron de desaparecer.También en La Bòbila, 'Local es global', con obras de la Colección Art Banc Sabadell, prolonga esa lectura. Migraciones, guerras y crisis climáticas, económicas o sanitarias aparecen desde el fotoperiodismo contemporáneo en imágenes de Samuel Aranda, Toni Arnau, Lorenzo Meloni, Santi Palacios, Edu Ponces o Anna Surinyach. La cercanía entre ambas hace visible la continuidad: lo que Lange fotografió pertenece a otro tiempo y, sin embargo, sus tensiones operan en el nuestro.En las imágenes, fotografía sde Gabriel Cualladó, Txema Salvans y Sergio Larraín, algunos de los protagonistas de la XIV edición de la Bienal Xavier MiserachsEl segundo gran eje es ' Sergio Larraín. El vagabundo de Valparaíso', en el Museu del Suro. La retrospectiva recorre Chile, Bolivia, Perú y Europa, y permite seguir una mirada que hizo de la calle un espacio mental. En Larraín, la ciudad nunca se entrega completa: aparece interrumpida por muros, escaleras, reflejos, sombras y cuerpos que entran y salen del encuadre. Hay algo furtivo en sus tomas, como si hubieran sido encontradas antes de desaparecer. La presencia de copias vintage, especialmente en sus trabajos de prensa, refuerza esa sensación de tiempo depositado en la imagen. En sus negros y variaciones tonales se entiende esa mezcla de azar, intuición y rigor que hace inconfundible su lenguaje.Más silenciosa resulta 'Poética de la sencillez', dedicada a Gabriel Cualladó en la Fundació Vila Casas-Can Mario. Cualladó fotografió lo cercano y lo convirtió en una forma radical de modernidad. Sus retratos rehuyen cualquier solemnidad, pero poseen una singular densidad psicológica. El de su hijo Gabriel, cabizbajo y vulnerable, conserva una melancolía casi física; y las dos imágenes de sus padres, sentados en composiciones de gran sencillez, resumen su inteligencia para organizar el espacio y tensar el encuadre con pocos elementos. En una, el padre ocupa su balancín; años después, el asiento vacío y la madre viuda convierten la ausencia en parte de la composición.Sombras que construyenSus sombras no ocultan: construyen. Los negros profundos, los rostros parcialmente escondidos y la libertad de sus encuadres producen una poesía sin artificio que demuestra cómo renovó el retrato español desde lo doméstico. Lo familiar deja de ser anécdota para convertirse en un territorio universal de fragilidad, afecto y pérdida.arte_abc_0724La Bienal acierta al prolongar estas genealogías hacia el presente. 'Adjetivar el tiempo', el diálogo entre Txema Salvans y Josep Pla, está bien hilado porque evita la ilustración literal: ambos comparten atención por lo aparentemente menor, disciplina, ironía y una capacidad para hacer que lo local contenga el mundo.XIV edición de la Bienal de Fotografía Xavier Miserachs Colectiva Lugar: Distintos emplazamientos de Palafrugell (Gerona) Directora: Maria Planas Clausura: Hasta el 18 de octubre Valoración: ****Quizá esa capacidad de relacionar tiempos sea la mayor virtud de la edición. La Bienal Xavier Miserachs no necesita competir en monumentalidad ni acumular acontecimientos. Su fortaleza está en sostener expos exigentes, cuidar la presencia física de la foto y convertir Palafrugell cada dos veranos en lugar desde el que pensar las imágenes. Cuando una cita alcanza esa madurez, deja de ser simplemente un festival y pasa a formar parte del ecosistema cultural de un territorio. Esta edición confirma que ya ocupa ese lugar.

Hay festivales que se explican por la suma de nombres y otros que, edición tras edición, construyen una manera de mirar. La Bienal de Fotografía Xavier Miserachs pertenece a esta segunda categoría.

En su decimocuarta edición, hasta el 18 de octubre, demuestra que la ... foto puede ocupar un territorio sin convertirlo en decorado. La escala de sus sedes, su relación con el Baix Empordà y una programación que hace convivir historia, documento y creación contemporánea la han consolidado como una cita que justifica el viaje.

La razón principal está este año en La Bòbila. 'Dorothea Lange. Un largo viaje' es una cita extraordinaria porque consigue devolver complejidad a unas imágenes que creemos conocer.

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El recorrido sigue geográficamente el desplazamiento de miles de familias empobrecidas durante la Gran Depresión hacia California y encuentra en las citas de 'Las uvas de la ira', de Steinbeck, un esqueleto narrativo y poético. Literatura y foto avanzan en paralelo, no para ilustrarse mutuamente, sino para reconstruir la experiencia de un éxodo y sus expectativas frustradas.

Ese dispositivo permite mirar a Lange más allá de sus iconos. 'Migrant Mother', el retrato de Florence Thompson con sus hijos, recupera su condición de imagen situada cuando aparece dentro de la secuencia de tomas que precedieron a la foto que terminó condensando una época. Lange no sólo documentó la pobreza, el desplazamiento o la precariedad de las familias agrícolas para la Farm Security Administration: construyó una forma de proximidad en la que la dignidad del retratado nunca desaparece bajo el acontecimiento. Cada gesto, cada mano y mirada fuera de campo participan de una conciencia política y una inteligencia formal que universalizan el relato.

Su actualidad nace precisamente ahí. Las convulsiones sociales que atraviesan estas fotografías como migración, desposesión, desigualdad, desplazamientos, reaparecen bajo otras formas en un bucle histórico inquietante. Frente a la velocidad con la que consumimos imágenes de crisis, Lange obliga a detenerse. Documentar no significa tan solo estar delante de lo que sucede: implica decidir desde dónde mirar, a qué distancia y durante cuánto tiempo. Casi un siglo después, sus imágenes no permanecen vivas porque anuncien nuestro presente, sino porque las estructuras que revelan nunca terminaron de desaparecer.

También en La Bòbila, 'Local es global', con obras de la Colección Art Banc Sabadell, prolonga esa lectura. Migraciones, guerras y crisis climáticas, económicas o sanitarias aparecen desde el fotoperiodismo contemporáneo en imágenes de Samuel Aranda, Toni Arnau, Lorenzo Meloni, Santi Palacios, Edu Ponces o Anna Surinyach. La cercanía entre ambas hace visible la continuidad: lo que Lange fotografió pertenece a otro tiempo y, sin embargo, sus tensiones operan en el nuestro.

El segundo gran eje es 'Sergio Larraín. El vagabundo de Valparaíso', en el Museu del Suro. La retrospectiva recorre Chile, Bolivia, Perú y Europa, y permite seguir una mirada que hizo de la calle un espacio mental. En Larraín, la ciudad nunca se entrega completa: aparece interrumpida por muros, escaleras, reflejos, sombras y cuerpos que entran y salen del encuadre. Hay algo furtivo en sus tomas, como si hubieran sido encontradas antes de desaparecer. La presencia de copias vintage, especialmente en sus trabajos de prensa, refuerza esa sensación de tiempo depositado en la imagen. En sus negros y variaciones tonales se entiende esa mezcla de azar, intuición y rigor que hace inconfundible su lenguaje.

Más silenciosa resulta 'Poética de la sencillez', dedicada a Gabriel Cualladó en la Fundació Vila Casas-Can Mario. Cualladó fotografió lo cercano y lo convirtió en una forma radical de modernidad. Sus retratos rehuyen cualquier solemnidad, pero poseen una singular densidad psicológica. El de su hijo Gabriel, cabizbajo y vulnerable, conserva una melancolía casi física; y las dos imágenes de sus padres, sentados en composiciones de gran sencillez, resumen su inteligencia para organizar el espacio y tensar el encuadre con pocos elementos. En una, el padre ocupa su balancín; años después, el asiento vacío y la madre viuda convierten la ausencia en parte de la composición.

Sus sombras no ocultan: construyen. Los negros profundos, los rostros parcialmente escondidos y la libertad de sus encuadres producen una poesía sin artificio que demuestra cómo renovó el retrato español desde lo doméstico. Lo familiar deja de ser anécdota para convertirse en un territorio universal de fragilidad, afecto y pérdida.

La Bienal acierta al prolongar estas genealogías hacia el presente. 'Adjetivar el tiempo', el diálogo entre Txema Salvans y Josep Pla, está bien hilado porque evita la ilustración literal: ambos comparten atención por lo aparentemente menor, disciplina, ironía y una capacidad para hacer que lo local contenga el mundo.

Lugar: Distintos emplazamientos de Palafrugell (Gerona)

Quizá esa capacidad de relacionar tiempos sea la mayor virtud de la edición. La Bienal Xavier Miserachs no necesita competir en monumentalidad ni acumular acontecimientos. Su fortaleza está en sostener expos exigentes, cuidar la presencia física de la foto y convertir Palafrugell cada dos veranos en lugar desde el que pensar las imágenes. Cuando una cita alcanza esa madurez, deja de ser simplemente un festival y pasa a formar parte del ecosistema cultural de un territorio. Esta edición confirma que ya ocupa ese lugar.

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Imágenes 'familiares' en la Bienal Xavier Miserachs

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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