A partir de un análisis preliminar de las edificaciones, los especialistas identificaron al menos tres etapas constructivas que evidencian la evolución del lugar. La más antigua se ubica aproximadamente a ocho metros de profundidad e incluye rasgos como la moldura delantal, lo que indica que desde sus inicios las construcciones presentaban un diseño robusto.
La segunda fase corresponde a la presencia de pintura mural, lo que apunta a una etapa de mayor desarrollo estético. En tanto, la tercera fase muestra indicios de derrumbes, donde se identificaron desplantes de escalinatas, lo que sugiere que en esta última fase las estructuras alcanzaron una mayor complejidad, con accesos elevados.
Por su parte, Sonny Moisés Ojeda González, arqueólogo que codirigió los trabajos de registro, señaló que “por el tamaño de los edificios inferimos que, al menos, deben existir entre cuatro y cinco etapas constructivas”. Esto apunta a una ocupación prolongada y a diversos procesos de remodelación a lo largo del tiempo.
tecnología LiDAR, con el objetivo de determinar la extensión total del asentamiento, las dimensiones de sus estructuras y su patrón de distribución. La información obtenida permitirá comprender mejor la red de sitios arqueológicos en la región, así como profundizar en el conocimiento sobre los antiguos mayas que habitaron lo que hoy es el sur de Quintana Roo.