Cerca de otra final de Champions, el psicólogo asturiano se mantiene como un profesional fundamental en el PSG de Luis Enrique, con el lleva casi dos décadas
Regala esta noticia Añádenos en Google Joaquín, con Luis Enrique, en la ciudad deportiva del PSG, posando los dos con el trofeo de la Ligue-1 2025-2026. (PSG)Javier Barrio
22/05/2026 a las 11:39h.Cuentan de Joaquín Valdés (Oviedo, 1965) que cuando competía en Judo –es séptimo dan– siempre se las apañaba para conservar el equilibrio. Era un especialista. ... Mental y físico. En la pelea sobre el tatami y en la previa. Incluso en los entrenamientos. Hoy, el psicólogo del Paris Saint-Germain, un profesional reputado e importante en la estructura del club galo, mantiene intacto ese equilibrio, pese a la locura mediática que rodea al equipo parisino, actual campeón de la Champions y que defenderá su corona el sábado 30 de mayo en la final contra el Arsenal que se discutirá en Budapest (18 horas).
No es fácil preservar esa calma cuando París está en pleno estado de ebullición a una semana y media del gran partido. Y no es para menos. La expectación y la ilusión están disparadas por un proyecto que tiene un marcado acento asturiano. Además de Luis Enrique, Joaquín, que lleva ligado al exfutbolista del Sporting desde 2008, cuando ambos se reunieron en el Barcelona B, formó parte también del mayor hito futbolístico en la historia de París, una de las ciudades más importantes de la Tierra: la primera Champions del PSG. En la vitrina, además de La Orejona –el Santo Grial del éxito de clubes–, una colección de diez títulos más en apenas tres años. ¿El más reciente? El tercer campeonato de la Ligue-1 francesa. Y eso sin contar su trayectoria en el Barcelona, donde levantaron su primera Champions, entre otros galardones.
Una cosecha bestial de la que ha participado de forma activa este amante del esquí, del ciclismo de montaña, por supuesto de Asturias, a donde escapa cada vez que tiene un día libre, y que lleva ya muchas décadas enrolado en el fútbol. En Mareo, de hecho, estuvo cinco años ejerciendo como psicólogo del Sporting. Fue uno de los pioneros, después de Jesús García Barrero, en la puesta en marcha y posterior desarrollo de un área que entonces estaba en pañales.
Todo queda ya un poco lejos. Pero su carácter sosegado, racional, nada impulsivo, se mantiene intacto. Aunque sí que reconoce cierto hormigueo estos días, según se va acercando la gran cita. «Claro que hay nervios y, además, en parte, creo que son necesarios. Los nervios forman parte de darle importancia a lo que haces. La clave no es eliminarlos, sino regularlos, hacer una buena gestión de ellos para que te ayuden a conseguir tu máximo rendimiento», recomienda. Transformar el fuego interno en una fortaleza, no ceder a su capacidad acalambrante. «También es verdad que la experiencia te ayuda a entender mejor estos escenarios y a intentar transmitir calma y estabilidad alrededor», sostiene.
Pese a que el éxito estará siempre asociado a su carrera, Joaquín Valdés, que reside desde hace años en Gijón, confiesa que la conquista de la Champions con el PSG desbordó todas las previsiones. «Fue algo muy especial porque, si ya ganar una Champions es increíble, hacerlo por primera vez en un club y en una ciudad como París nos hizo sentir que pasábamos a formar parte de algo histórico», asegura, desempolvando algunas instantáneas inolvidables para el recuerdo de aquellos días: «Hacer el recorrido por los Campos Elíseos viendo al fondo el Arco del Triunfo fue algo increíble». «Se percibía que era un objetivo perseguido desde hacía mucho tiempo. Más allá del título, quedó la sensación de haber formado parte de algo que va a permanecer siempre en la historia del PSG», apunta con orgullo el ovetense.
Una relación sólida
Cuestionado sobre cuál es la fórmula para que Luis Enrique y él sigan unidos desde hace casi dos décadas, el psicólogo del PSG se encoge de hombros. «No sé si hay un secreto. Lo que sí que hay es mucha confianza, honestidad, comprensión y respeto. Después de tanto tiempo hay momentos en los que no son necesarias ni las palabras, con un gesto o una mirada puede ser suficiente», asegura.
Y no siempre el fútbol y la vida les han ofrecido y regalado vino y rosas: «Durante todos estos años, como en muchas relaciones duraderas, hemos pasado por muchas situaciones, no sólo de trabajo, sino también personales difíciles de superar en las que el apoyo ha sido mutuo, lo cual fortalece aún más la relación y en un entorno tan exigente eso tiene mucho valor».
Por otro lado, cada éxito de Luis Enrique y de Joaquín –recalca este último– tiene «muchísimo» de sus raíces. «Asturias te marca una manera de ser muy ligada al esfuerzo, la cercanía y la naturalidad. El orgullo de ser asturianos es algo que nos une y caracteriza tanto a Luis como a mí», asegura. «Hasta el punto de seguramente resultar 'fanfarrones', pero ye lo que hay. Se echa mucho de menos cuando uno está lejos», completa con gracia astur.
La gran pregunta sobre si ya ve el final del camino la responde agarrado al presente: «Sigo disfrutando del día a día y eso para mí es fundamental. El fútbol de élite exige mucha energía e implicación, y mientras pueda mantener esa ilusión y sienta que puedo aportar, me veo ahí. Luego el tiempo y la vida van marcando las etapas».
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