Sábado, 7 de febrero 2026, 01:00
... a personas cuyo prestigio, en cualquier otro país del mundo, bastaría para sembrar primero la inocencia antes que la culpa, aquí resulta sencillo. Porque esto es España, o mejor dicho, una parte de España que ha decidido que no quiere amores sino disputas, enfrentamientos y recobres. Y ese es el problema. Un gran problema. Julio Iglesias ama apasionadamente a España. Lo ha hecho siempre, dentro y fuera, cuando convenía y cuando no. Pero esta España fragmentada no quiere canciones, quiere trincheras. No quiere matices, quiere bandos.Aquí se confunde justicia con escarnio y feminismo con oportunismo. Se acusa primero y se pregunta después, si queda tiempo. Y mientras, los moralmente superiores aplauden, convencidos de estar del lado correcto de la historia, sin entender que la historia también juzga a quienes callaron o exageraron. Defender la presunción de inocencia no es proteger abusos, es proteger la civilización. Lo contrario es barbarie con eslogan. Y España, una parte de España, debería decidir si quiere seguir siendo país o plató de TV. Porque cuando se destruye sin pruebas, lo que se pierde no es un ídolo: es la decencia. Yo sí pongo la mano en el fuego por Julio.
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