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Política

Kike Collada, el alcalde de 29 años que se niega a dar por perdida la Españarural

Kike Collada, el alcalde de 29 años que se niega a dar por perdida la Españarural
Artículo Completo 1,075 palabras
Flamante "Político del Año 2025" en la cumbre internacional One Young World, gobierna El Recuenco (Guadalajara) y difunde relato sobre la trinchera municipal, el arte de priorizar y la utopía de repoblar la España vaciada Leer

El Recuenco no aparece en los grandes mapas de la geopolítica nacional, pero en sus calles empedradas de la Alcarria se libra una de las batallas más decisivas de nuestro tiempo, la supervivencia del mundo rural. Al frente de este refugio de 80 empadronados se encuentra Kike Collada, un regidor que ha saltado a la primera línea internacional tras ser reconocido como Político del Año 2025 por la cumbre global One Young World, un galardón histórico que le llevó hasta Múnich. Este reconocimiento sin precedentes, que en ediciones anteriores suele recaer sobre parlamentarios o ministros , distinguió por primera vez a un alcalde rural. Con 29 años, una sonrisa franca y una formación que nada tiene que ver con los despachos consistoriales (es ingeniero de Telecomunicaciones e Informática), Collada encarna una estirpe insólita de regidores. No llegó a la política por cálculo partidista, sino por una especie de "herencia" casi romántica, el amor visceral a la casa de su abuelo y de su padre. Ganó por el PSOE con 32 de los 54 votos emitidos.

"Charco que veo, charco que piso", confiesa. Para él, dar el paso a la Alcaldía no fue un salto al vacío, sino la consecuencia lógica de años de activismo vecinal y ruralismo crítico. Sin embargo, su entorno más cercano no lo vio con los mismos ojos. "La gente que más me quiere era la que más miedo me metía", recuerda. No por el temor a descarrilar su carrera profesional, sino por el desgaste emocional: los ataques, los sinsabores y la exposición pública en una comunidad donde cada trámite tiene nombre, apellidos y lazos familiares.

Kike Collada, el alcalde de 29 años que se niega a dar por perdida la España ruralMUNDO

Ser alcalde de un municipio exiguo no concede tregua ni despachos blindados por gabinetes de prensa. Aquí, la política se ejerce a ras de suelo. "El ayuntamiento no es mi trabajo, en pueblos tan pequeños lo hacemos de forma voluntaria", explica Kike, quien combina la gestión municipal con su faceta de autónomo. Su rutina carece de horario. Lo mismo atiende una reunión telemática que supervisa un bache, discute con una empresa de suministros o es interceptado en plena calle por un vecino cuya televisión se ha desintonizado.

Esa proximidad, que es la mayor virtud de la administración local, constituye también su cruz: "Nunca dejas de ser alcalde. Lo eres cuando tiras la basura o cuando te tomas una cerveza. No hay un límite horario donde Kike Collada pueda descansar".

A ello se suma la soledad técnica y presupuestaria:un único secretario-interventor medio día a la semana y la losa de problemas colosales como la regularización del abastecimiento de agua, que es una espada de Damocles con multas que equivaldrían a todo el presupuesto municipal, ponen a prueba la templanza de cualquier gestor.

"La política municipal es, ante todo, el arte de priorizar", reflexiona Kike. Y la parte más amarga brota cuando las limitaciones legales chocan con las expectativas particulares. "Lo más desagradable es cuando alguien no obtiene lo que desea y se lo toma como algo personal, como si tuvieras algo en contra suya. En un pueblo, la ley dice lo que es, pero todos los expedientes tienen cara y ojos". ¿Su mayor aprendizaje? Una paciencia infinita y la certeza de que el ruido diario no debe cegar la perspectiva a largo plazo.

Pese a las incertidumbres, El Recuenco bajo el mandato de Collada suena con fuerza más allá de sus fronteras provinciales gracias a una estrategia digital muy meditada. Su uso de plataformas como TikTok y las redes sociales se ha consolidado como una gran herramienta de visibilidad y atracción de talento. "No tenemos presupuesto para embajadores, pero el algoritmo es gratis", defiende. Publicar en los boletines oficiales no basta para atraer gente, la viralidad digital logra que el mundo encuentre al pueblo de forma orgánica y directa, derribando el aislamiento geográfico.

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Frente al desencanto generalizado y la apatía institucional que alejan a las nuevas generaciones de los espacios públicos, el joven alcalde advierte sobre el peligro de "subcontratar la democracia". Para Collada, aunque la juventud carezca de las inercias y manías de los partidos orgánicos, su incorporación resulta imprescindible en los gabinetes, no como garantía infalible, sino por su capacidad genuina de aprender sin ideas preconcebidas, asumir retos sin heridas previas y aportar miradas renovadas frente a la atonía tradicional de los partidos.

Ante al pesimismo demográfico, Collada defiende una reinvención radical: "El pueblo nunca va a volver a ser lo que era en la época del vidrio o del mimbre; la historia avanza y hay que saber brotar de nuevo". Su estrategia de combate contra la despoblación se asienta sobre dos pilares: la movilización de vivienda vacía para acoger a nuevas familias y la valorización del monte como motor económico sostenible, mediante la ganadería, la gestión forestal y el turismo rural.

Al echar la vista atrás, no oculta las dudas ni los momentos de fatiga en los que ha acariciado la idea de abandonarlo todo. Pero acaban sobresaliendo las pequeñas victorias, como lograr clases de gimnasia para los mayores, ver llegar a nuevos niños o el orgullo reflejado en los ojos de su abuelo el día de la toma de posesión.

"Fracasar sería permitir que la amargura me hiciera mella o no haber sabido crear equipo para asegurar un relevo. El peor líder es el que se cree el salvador del pueblo, nuestra misión es preparar a los que vienen detrás", reconoce. Defiende que gobernar desde la raíz exige comprender que el futuro no se construye con nostalgias estériles, sino tejiendo redes de complicidad colectiva que devuelvan la ilusión a quienes deciden apostar por la vida en común.

Por último, Kike Collada insiste en la mirada puesta en el futuro, y en que la verdadera política de altura es aquella que se siembra despacio, con paciencia de artesano, en el latido cotidiano de las pequeñas comunidades.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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