La productora, retirada desde hace más de dos décadas en Málaga, recibirá el 6 de noviembre en el Teatro Real una distinción que se concede por primera vez
Regala esta noticia Añádenos en Google Callejo, en su piso de El Candado, donde vive desde hace veinte años. (A. G.) 28/09/2026 a las 22:40h.Maryní Callejo, la primera gran productora del pop español y una de las figuras esenciales para entender la música popular de los años sesenta, setenta ... y ochenta, será reconocida como Académica de Honor por la Academia de la Música de España. La institución presidida por Sole Giménez y Luis Cobos ha comunicado a la histórica productora, compositora, arreglista y pianista, retirada desde hace más de dos décadas en Málaga, la concesión de una distinción que se entrega por primera vez para reconocer «las trayectorias que han marcado la música española».
La institución presidida por Sole Giménez y Luis Cobos le ha comunicado la concesión de esta distinción por haber «marcado» la historia de la música española
Se trata de una de las figuras más desconocidas y al mismo tiempo decisivas de la historia del pop español. Callejo estuvo detrás de las carreras de Los Brincos, Mari Trini y Fórmula V, colaboró con Massiel, Nino Bravo o Marisol, viajó durante años con Rocío Dúrcal y contribuyó a definir el sonido de toda una época. Lo hizo además en una industria gobernada entonces casi exclusivamente por hombres.
Madrileña «de pura cepa», como ella misma se define, vive desde hace más de veinte años en Málaga, apartada del mundo en un piso de El Candado que llama su «cuartel general». Allí rompió el pasado mes de mayo un silencio de años en una entrevista con SUR, después de más de cuatro años rechazando cualquier intento de dejarse ver. «Tengo 84 años», advertía entonces antes de aceptar la conversación. «La flor de la vida», le respondía este periódico. «Sí, la flor marchita. Quita, quita. Tú pregúntame lo que quieras, que yo te contestaré lo que quiera también. Y lo que no… pues lo buscas».
Estuvo detrás de las carreras de Los Brincos, Mari Trini y Fórmula V y colaboró con Massiel, Nino Bravo y Marisol, además de viajar durante años con Rocío Dúrcal
Callejo nunca ha concedido demasiada importancia a su condición de pionera. «Hice lo que pude. La música siempre me ha gustado. De pequeña me sentaba en una silla y fingía que tocaba el piano. Y ya ahí me inventaba melodías», recordaba. Tampoco dramatizaba las dificultades de abrirse paso siendo mujer: «Yo venía del conservatorio, así que tenía el respeto de los músicos. Me fue relativamente fácil, aunque es cierto que no había mujeres».
Su carrera comenzó muy pronto. Con quince años ya era pianista de una orquesta y después lideró su propia banda, Los Brujos, con la que participó en el Festival de la Canción de Benidorm. Augusto Algueró reparó en aquella joven que había estudiado solfeo, armonía y dirección de orquesta y la fichó para componer para otros artistas. De ahí dio el salto a la producción: comenzó con Los Brincos y continuó con Juan y Júnior y Salomé.
En los años sesenta ejerció como directora musical de Marisol y Philips Records terminó fichándola procedente de Zafiro. Llegaron entonces algunas de sus colaboraciones más importantes, especialmente con Mari Trini y Rocío Dúrcal. Para ambas compuso más de una decena de canciones y con ellas recorrió España y medio mundo. Con Dúrcal mantuvo además una relación profesional y personal especialmente estrecha: fue durante años su directora musical y los hijos de la cantante y de Antonio Morales 'Júnior' la llamaban «tita».
'Un beso y una flor'
También trabajó con Massiel, de cuyo hijo Aitor es madrina, y participó en uno de los grandes clásicos de la música española: 'Un beso y una flor', de Nino Bravo. Callejo fue responsable de sus característicos arreglos de cuerda, aunque su nombre no figura en los créditos de la canción. Ese trabajo en la sombra acompañó buena parte de su trayectoria. Cuando componía para mujeres, su autoría quedaba habitualmente registrada en la SGAE. Cuando trabajaba para hombres, el reconocimiento tendía a diluirse. El caso de 'Un beso y una flor' no fue el único. Mari Trini llegó a reivindicar públicamente el trabajo invisible de Callejo y a asegurar que habría recibido otra consideración de haber sido un hombre.
Pero hubo también reconocimientos. En 1970 conoció a Aretha Franklin, que la felicitó personalmente por su trabajo en la producción de un disco de Judy Stephen. En 2003 recibió el Premio a la Difusión de la Música de la SGAE. Para entonces, un ictus había comenzado a apartarla definitivamente de la profesión. Maryní siempre le ha quitado importancia: fue simplemente «un arrechucho» que le dejó una mano «tonta» y le impidió seguir tocando el piano como antes.
Desde entonces vive retirada en Málaga, acompañada por su gato Lucky y rodeada de fotografías, recuerdos y premios de una vida dedicada a la música.
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