- RAFAEL PAMPILLÓN
- España encara casi un punto más de inflación pese al desbloqueo de Ormuz
- La paz en Irán será de digestión lenta para la economía y deja un paso por Ormuz más caro
La reapertura del estrecho de Ormuz implica menores costes de importación para petróleo y gas, una reducción de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales.
Durante meses, el estrecho de Ormuz recordó al mundo que la geografía sigue teniendo mucho poder. Cada misil o dron lanzado en el Golfo, cada ataque a infraestructuras energéticas y cada amenaza de cierre de esta estrecha vía marítima añadían tensión a unos mercados que, antes del conflicto, ya convivían con guerras comerciales y dificultades en las cadenas de suministro. Por eso, la consolidación del alto el fuego y la reapertura efectiva del estrecho constituyen, probablemente, la mejor noticia económica internacional de este año. No porque el mundo haya recuperado, de repente, la estabilidad perdida. Sino porque se ha evitado uno de los escenarios más peligrosos para la economía global: una interrupción prolongada del flujo energético.
Antes de la guerra, no éramos conscientes de la importancia de Ormuz. Pero cuando ese cuello de botella se bloquea, el problema no afecta únicamente a Oriente Próximo. Lo acaba pagando el conductor que llena el depósito en Madrid, el agricultor que compra fertilizantes en Castilla y León, la empresa industrial alemana que consume gas, la aerolínea que transporta turistas hacia las costas españolas, o el barco de pesca que faena en aguas de Galicia.
La reapertura de Ormuz equivale, en cierto modo, a retirar un enorme impuesto invisible, que durante meses ha pesado sobre la economía mundial.
- El petróleo deja de ser una amenaza inmediata | Durante los últimos años hemos hablado mucho de inteligencia artificial, digitalización o transición energética. Pero la realidad es que una parte muy importante de la economía mundial sigue moviéndose gracias a los combustibles fósiles. Esa dependencia explica que el estrecho de Ormuz siga siendo uno de los puntos más sensibles del planeta para la economía mundial. Por eso, la reapertura de esta vía marítima está siendo recibida con alivio por los mercados energéticos. Esta semana el precio del petróleo inició una senda descendente al aumentar la confianza de que el oro negro volverá a fluir desde Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Irán, Kuwait y Catar. Así, las familias destinan menos renta al combustible y a la energía. Las empresas reducen costes. Sus márgenes mejoran. La inflación se modera. Y la confianza económica recupera terreno.No es casualidad que, prácticamente, todos los activos sensibles al coste de la energía estén reaccionando positivamente. Bajan el precio del petróleo y del gas, suben las bolsas y mejoran las perspectivas para el euríbor y los tipos de interés. Los inversores empiezan a descontar un escenario con menos inflación, más crecimiento y una política monetaria menos restrictiva.
- Europa sale especialmente beneficiada | Si existe una región que gana con la paz es Europa. Estados Unidos ha aumentado su producción energética durante los últimos quince años. Europa, en cambio, continúa siendo una importadora neta de energía. La guerra de Ucrania ya había demostrado hasta qué punto la dependencia energética puede convertirse en una amenaza. La crisis del Golfo ha servido para recordarlo una vez más. La reapertura del estrecho implica menores costes de importación para petróleo y gas, una reducción de las tensiones inflacionistas y una mejora de las expectativas empresariales. Pero existe además un beneficio menos visible y quizá más importante: devuelve margen de maniobra al Banco Central Europeo.Durante esta crisis, el BCE se enfrentaba a un dilema. La energía empujaba los precios al alza mientras el crecimiento económico seguía siendo débil. Una combinación potencialmente peligrosa. La reapertura de Ormuz no resolverá todos los problemas de Europa, pero sí elimina uno de los obstáculos más importantes que amenazaba su recuperación. Insisto: menos inflación, tipos de interés más bajos, energía más asequible y empresas más competitivas. Es difícil encontrar una combinación más favorable para una economía que necesita recuperar dinamismo. Y pocas cosas necesita hoy más Europa que combinar energía relativamente barata con financiación más accesible.
- España obtiene una ventaja adicional | Para España, donde el turismo, el transporte y buena parte de la actividad productiva son especialmente sensibles al coste de la energía, la noticia llega en el mejor momento posible. España sale incluso mejor posicionada que muchos de sus socios europeos.Nuestra economía importa prácticamente todo el petróleo que consume. Esto significa que cada descenso del precio del crudo genera una mejora inmediata en la producción nacional. Pero además existe una segunda razón. España es una potencia de servicios, transporte y turismo. Precisamente tres sectores especialmente sensibles a los costes energéticos. Por poner tres ejemplos, las aerolíneas, los camiones y los cruceros consumen combustible. Los hoteles dependen de costes energéticos relevantes. La agricultura utiliza fertilizantes y maquinaria intensivos en energía. Cuando el petróleo baja, toda esta estructura productiva gana competitividad. Eso es especialmente importante en un momento en el que España sigue batiendo récords turísticos. Un entorno de costes energéticos más moderados permite proteger márgenes empresariales, mantener precios competitivos y reforzar la capacidad de crecimiento del sector. Existe además un efecto macroeconómico adicional que suele recibir menos atención. Una factura energética menor mejora la balanza comercial. España sigue registrando un importante déficit en el comercio de bienes. Parte de ese déficit procede precisamente de la importación de energía. Si el petróleo cuesta menos, la factura exterior disminuye y la economía necesita menos recursos para financiar sus compras al exterior.
- El consumidor también gana | Los economistas hablamos mucho de inflación, déficit exterior, deuda pública o productividad. Pero las economías también funcionan gracias a las percepciones. Cuando los consumidores observan que los precios de los combustibles dejan de subir, su sensación de seguridad mejora. Eso suele traducirse en una mayor predisposición al gasto y una mejora de la confianza. Y la confianza es uno de los activos económicos más importantes. Las familias compran viviendas, coches o bienes duraderos cuando creen que el futuro será más estable. Las empresas invierten cuando perciben que los riesgos disminuyen. Por eso la reapertura de Ormuz tiene un componente psicológico que no debe infravalorarse. Después de sufrir pandemia, inflación, guerra en Ucrania, tensiones comerciales y conflicto en Oriente Próximo, cualquier reducción de la incertidumbre genera efectos económicos positivos.
- Pero no volvemos al mundo anterior | Ahora bien, la reapertura de Ormuz no significa que hayamos regresado al mundo que conocimos durante las tres décadas posteriores a la Guerra Fría. Aquella globalización, basada en energía abundante, comercio cada vez más libre, Europa protegida militarmente por Estados Unidos y cadenas de suministro extremadamente eficientes, pertenece cada vez más al pasado que al futuro. La crisis del Golfo deja varias lecciones. Europa ha comprobado que la seguridad energética tiene un coste. Las empresas han descubierto que incluso las cadenas de suministro más sofisticadas pueden ser vulnerables. Y los gobiernos han entendido que una dependencia excesiva del exterior puede transformarse, de la noche a la mañana, en un problema estratégico. Los seguros marítimos seguirán siendo más caros. Las empresas mantendrán inventarios más elevados. Las refinerías, aumentarán sus stocks y a la vez continuarán diversificando sus fuentes de suministro. Y Europa tendrá que seguir reforzando su capacidad de Defensa. El mundo ha evitado una crisis energética de gran magnitud. Pero también ha aprendido que la seguridad, la energía y la geopolítica vuelven a formar parte del cálculo económico cotidiano. Los precios de la energía serán más estables que durante los tres meses de guerra, pero difícilmente volverán a ser tan baratos como antes del conflicto. Además, Europa afronta otros desafíos de enorme magnitud: envejecimiento demográfico, creciente competencia tecnológica de Estados Unidos y China y una fragmentación comercial cada vez más evidente. La reapertura del estrecho de Ormuz no resolverá todos nuestros problemas, sin embargo, elimina uno de los mayores riesgos que amenazaban la economía mundial en 2026. Y eso, en los tiempos que corren, ya es una excelente noticia.
Rafael Pampillón | Profesor de la Universidad CEU-San Pablo y del IE Business School.
Vacantes sin cubrir, absentismo desbocado, costes laborales... Los lastres del tejido empresarialLos empresarios valencianos denuncian que las inversiones se van a otros sitios por la saturación de la red eléctricaLa Administración Trump considera crear un fondo de 300.000 millones de dólares para Irán si se mantiene el acuerdo Comentar ÚLTIMA HORA