Es como si se metiera en una de esas pelotas o burbujas de aire y caminara por encima del agua sin mojarse. Cada vez que Pedro Sánchez coge el avión para acudir a una cita internacional transita por una realidad que discurre de forma paralela o alternativa a la que vive en casa: fuera es aclamado y reconocido; mientras que en España convive con apuros por el cerco de las investigaciones judiciales y la debilidad parlamentaria del Ejecutivo. Los elogios de líderes internacionales que agradecen su posición y liderazgo en materias como la defensa de la paz y el multilateralismo se entremezclan con el descontento y los avisos de los socios que arman la gobernabilidad y los autos de los jueces.
Este martes, en Viale delle Terme di Caracalla, frente a la zona arqueológica del Circo Massimo, al filo de las 13.00 horas, Sánchez esbozó una sonrisa. Los aplausos del foro le impedían continuar su discurso en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Su intervención, en la que denunció «violaciones flagrantes del derecho internacional» y denunció el uso del hambre como arma para desestabilizar, entre otras cosas, fue interrumpida más de una decena de veces. «¡Bravo Pedro!», se oyó cuando se bajó de la tribuna. Todos querían saludarle. «Ay, yo quería una foto con él», lamentaba una asistente. «Por su coherencia y su convicción en la política exterior», le felicitaba una diplomática ecuatoriana tras tensar el cordón de seguridad para poder saludarle.
Su posición a favor del derecho internacional y contra las guerras en Ucrania, Gaza u Oriente Medio, además de su cerrada defensa del multilateralismo y de organizaciones como la ONU, la OMS, la FAO... le han hecho acumular elogios y agradecimientos en la escena internacional, que es donde más cómodo se le ve y donde con más soltura se mueve.
«Quiero dar las gracias al presidente Sánchez, no solo por ejercer su deber legal, sino por ejercer su deber moral con los pasajeros», le dijo el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom, tras aceptar asumir la gestión de la crisis sanitaria por el hantavirus. «Una voz líder mundial por la paz», le definió António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas (ONU). Fue galardonado con el Champion for Global Change Award, en los galardones que concede la Fundación de las Naciones Unidas, «por su liderazgo en cuestiones globales como el cambio climático, la igualdad de género o la justicia social».
En su última visita a España, el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, agradeció a Sánchez el «respeto», el «trato» y la «ayuda» a los ucranianos en España. «Todo es gracias a tu propia energía Pedro como líder de este país». Lula da Silva escenificó en Barcelona un traspaso a Sánchez como líder de la izquierda global.
Hace unos meses, la revista italiana L'Espresso lo nombró «Persona del Año». Sánchez es muy conocido en este país. Un taxista romano elogia su figura y posición internacional, pero, acto, seguido, traslada inquietud y preocupación por la situación de su mujer y de Zapatero. La cara y la cruz en una carrera de un cuarto de hora. En la sede de la FAO, dos trabajadoras españolas comentan la gravedad de las acusaciones a Zapatero, mientras Sánchez es recibido entre aplausos.
El presidente se reúne este jueves en el Vaticano con el Papa y dará una rueda de prensa. De nuevo, en su refugio de la agenda internacional le persiguen por el mundo preguntas por las investigaciones judiciales, en este caso a su esposa y a Zapatero. Y en casa con los socios poniendo distancia y midiendo qué pasos dar, con críticas incluso a que Sánchez está «escondido» y demandando «transparencia». «Todo pinta mal».