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La 'Cúpula Dorada', la excusa de Trump para hacerse con Groenlandia

La 'Cúpula Dorada', la excusa de Trump para hacerse con Groenlandia
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El presidente Trump asegura que necesita la isla más grande del mundo para su cúpula antimisiles, que afronta grandes desafíos técnicos y presupuestarios. Leer
PolíticaLa 'Cúpula Dorada', la excusa de Trump para hacerse con Groenlandia 7 FEB. 2026 - 00:20

El presidente Trump asegura que necesita la isla más grande del mundo para su cúpula antimisiles, que afronta grandes desafíos técnicos y presupuestarios.

"Debido a la Cúpula Dorada y a los modernos sistemas de armas, tanto ofensivos como defensivos, la necesidad de adquirir Groenlandia es especialmente importante", dijo Donald Trump el 17 de enero en Truth Social. El presidente estadounidense justificaba de este modo su decisión de imponer aranceles de hasta el 25% a ocho países europeos - Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia- que habían enviado tropas a este territorio del Ártico para reforzar su vigilancia y disuadir al inquilino de la Casa Blanca de sus ambiciones expansionistas.

Este retiró su amenaza comercial días más tarde tras una reunión en el Foro Económico de Davos con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en la que se alcanzó "un marco para un futuro acuerdo" sobre la isla más grande del mundo. Al anunciarlo, Trump volvió a subrayar que había mantenido "negociaciones adicionales" sobre la Cúpula Dorada.

¿A qué se refiere con este término -en inglés, Golden Dome- el líder del Ejecutivo estadounidense? Su nombre ofrece una pista, ya que se trata de un guiño a la Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antimisiles de Israel diseñado para interceptar cohetes de corto alcance, artillería y morteros.

Sin embargo, Trump persigue levantar un escudo mucho más ambicioso que aquel que resguarda ciudades como Jerusalén o Tel Aviv, ya que quiere construir una red de satélites e interceptores, terrestres y espaciales, pensada para proteger todo EEUU de misiles balísticos e hipersónicos.

Pero la ambición de este proyecto hace que a su alrededor sobrevuelen más dudas que certezas. Sin ir más lejos, la anexión de Groenlandia para convertirla en el estado número 51 de la primera potencia del mundo es una reclamación que, al menos en esta materia, muchos consideran innecesaria. "EEUU no precisa anexionarse la región, sino establecer bases militares y, en ese sentido, el tratado que firmó con Dinamarca en 1951 para la defensa de la isla daba carta blanca. Ahora tiene una, pero llegó a haber 15 abiertas", señala Bernardo Navazo, director de Geopolitical Insights, que atribuye el interés de Trump por esta región del Ártico a la existencia de tierras raras.

En este sentido, considera que con esta localización se está produciendo un fenómeno similar al que tuvo lugar con África y las potencias coloniales en el siglo XIX. La existencia de minerales y recursos naturales valiosos en el Polo Norte está demostrada geológicamente, pero la magnitud exacta explotable y su rentabilidad económica siguen siendo en parte inciertas, como ocurrió con el continente africano hace 140 años.

Naciones como Reino Unido, Francia y Alemania se apresuraron entonces a controlar el mayor territorio posible por temor a que una potencia rival se quedara con las tierras más preciadas. Hasta formalizaron el principio de ocupación efectiva para evitar conflictos. Sin embargo, dado que no se conocía con certeza la localización de las zonas más valiosas, uno de los países que salió mejor parado de todo el proceso y se quedó con muchas de las mejores minas fue Bélgica, que carecía del poder militar y económico de sus vecinos.

'Guerra de las galaxias'

El área de despliegue, por tanto, no es un problema para que la Cúpula Dorada sea una realidad y funcione correctamente. Esta puede encontrar muchos más baches en el terreno técnico, al igual que ocurrió en su momento con la Guerra de las Galaxias de Ronald Reagan, otro proyecto de escudo espacial basado en láseres, satélites e interceptores que, en este caso, buscaba neutralizar los ataques nucleares soviéticos, pero cuyo despliegue quedó muy lejos de completarse, tal y como ha recordado el propio Trump.

"Ronald Reagan lo quiso hace muchos años, pero no contaban con la tecnología necesaria. Una vez construido, la Cúpula Dorada será capaz de interceptar misiles incluso si se lanzan desde otras partes del mundo, e incluso desde el espacio", aseguró el presidente cuando el 20 de mayo del año pasado compartió su plan desde el Despacho Oval.

A diferencia de la iniciativa de la década de 1980, la Cúpula Dorada no plantea la utilización de rayos láser propios de la ciencia ficción para destruir misiles. Estos sistemas de energía dirigida son útiles para derribar drones que vuelan a 80 kilómetros por hora en Ucrania, pero incluso en la actualidad están muy lejos de tener la capacidad de interceptar un misil. En su lugar, se recurrirá a una mezcla de láser e interceptores cinéticos -básicamente otros misiles u objetos físicos-, que se pondrán en funcionamiento una vez los satélites y sensores hayan detectado el objetivo.

Aun así, hacerla funcionar presenta un reto mayúsculo porque es un sistema de sistemas, es decir, integra múltiples tecnologías distintas que deben funcionar en perfecta armonía, para lo que es imprescindible recurrir a la inteligencia artificial (IA), que priorizará amenazas con algoritmos y gestionará respuestas en milisegundos. "Esto abre un escenario peligroso, ya que habrá decisiones que no tomará un ser humano", advierte Tica Font, fundadora del Centro Delàs de Estudios por la Paz.

Coste y plazos

Trump asegura que la Cúpula Dorada estará operativa antes de que finalice su segundo mandato, pero se trata de un plazo que genera gran escepticismo. "Programas mucho más sencillos como otros sistemas de misiles llevan 20 años en desarrollo y aún tienen limitaciones reconocidas. La única salvedad es que, en tiempos de competencia geopolítica, se producen avances que parecen imposibles, como ocurrió con el descubrimiento de la bomba nuclear o la vacuna del Covid-19", explica Navazo.

Pero ganar la carrera del tiempo exige de mucho dinero y la factura de este plan de defensa ha generado inquietud hasta en filas del Partido Republicano. Trump se ha comprometido a destinar 175.000 millones de dólares a esta iniciativa, de los cuales 151.000 millones de dólares corresponden al contrato Shield -en inglés, escudo- del Pentágono para desarrollo durante 10 años.

Sin embargo, la Oficina de Presupuesto del Congreso, una entidad independiente, estima que el desarrollo y el lanzamiento de los interceptores espaciales podrían costar 542.000 millones de dólares en 20 años. Por su parte, el senador republicano por Montana, Tim Sheehy, asegura que el proyecto completo costaría billones de dólares a largo plazo. Es decir, este escudo a gran escala podría superar el programa Apolo de la NASA, que costó 280.000 millones de dólares en dinero actual.

Precisamente, la utilización del espacio es otro de los frentes que abre la articulación de la cúpula, ya que el Pentágono propone lanzar entre 400 y 1.000 satélites para detectar y rastrear los proyectiles enemigos. "España es capaz de cubrir con tres satélites los 24 husos horarios, ¿de verdad son necesarios tantos como propone Trump? Hasta ahora el espacio se había considerado un lugar neutral, un bien común, igual que el Ártico, pero esta iniciativa abre la puerta a otras potencias a mover ficha", apunta Font.

"China no puede quedarse atrás y ver cómo EEUU crea un gigantesco escudo para protegerse. Esto le obliga a preocuparse por la tecnología que se va a desarrollar, al igual que hizo la URSS con el plan de Reagan", concluye Navazo.

Las empresas, a la caza de contratos millonarios

Alex Karp, CEO de Palantir, y Elon Musk, CEO de SpaceX.

El Gobierno federal ya ha movilizado fondos para iniciar el desarrollo de la 'Cúpula Dorada'. En noviembre del año pasado, la Fuerza Espacial de EEUU adjudicó varios contratos para desarrollar tecnología de interceptores espaciales, aunque estos fueron de una cuantía inferior a los 9 millones de dólares y los nombres de las empresas no se hicieron públicos.

En este sentido, la Agencia de Defensa Antimisiles ha preseleccionado cerca de 1.000 grupos que podrán presentar sus propuestas para optar a parte de los 151.000 millones de dólares del Pentágono, pero varios nombres figuran como claros favoritos.

Lockheed Martin apunta a ser la columna vertebral del escudo en el ámbito espacial y antimisiles, ya que es imprescindible para el desarrollo de satélites para la detección temprana de lanzamientos y elementos del sistema de interceptación exoatmosférica. Además, el presidente de su división espacial ha dicho que están listos para ejecutar el programa al ritmo que exige la Casa Blanca, algo que no expresan otras empresas.

Raytheon se presenta como otro actor imprescindible por sus misiles Patriot y los sistemas para interceptar misiles balísticos de corto y medio alcance a gran altitud (THAAD). También cuenta con el SM-3, que intercepta proyectiles fuera de la atmósfera terrestre.

Northrop Grumman apunta a ser igual de trascendental para los radares de alta potencia y sistemas de detección temprana. En el sector es prácticamente imposible encontrar una empresa que pueda asumir estas tareas y desarrolle sistemas de enlace entre espacio, sensores terrestres y sistemas de interceptación.

Otro actor tradicional de la industria, Boeing, también podría desarrollar componentes aeronáuticos y de defensa aérea, aunque en un rol más secundario.

Más allá de los socios tradicionales del Pentágono, la 'Cúpula Dorada' obligará a recurrir a firmas tecnológicas como Palantir, con un historial contrastado en inteligencia, Defensa y guerra de datos. Apunta a ser la encargada de crear el cerebro del escudo, que procesará grandes cantidades de información en muy poco tiempo y coordinará sensores, interceptores y sistemas terrestres.

Hace menos de un año, SpaceX habría figurado en todas las quinielas por la relación entre Donald Trump y Elon Musk. Tiene capacidad probada para desplegar miles de activos espaciales y confeccionar arquitecturas orbitales rápidas y baratas, pero hay otras alternativas. "No es imprescindible desde el punto de vista tecnológico, hay firmas como Anduril y Amazon Leo (antes Kuiper) que no se pueden descartar", señala Navazo.

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Fuente original: Leer en Expansión
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