En mayo de 2024, Walid Bara salió de prisión en Francia para quedar en libertad provisional pese a estar investigado en cuatro causas penales (tres de ellas por homicidio) relacionadas con el narcotráfico y el crimen organizado. Había logrado abandonar la cárcel tras una cadena de errores procesales que su defensa aprovechó para que quedara en libertad provisional. Desde entonces, la justicia francesa perdió su rastro hasta este martes. Pocas horas después de ser condenado en rebeldía a 25 años de prisión, Bara fue localizado y detenido en Madrid en una operación conjunta de las policías española y gala.
El arresto se produjo pocas horas después de conocerse el veredicto en su contra pronunciado por el tribunal de Aix-en-Provence en el que fueron condenados los principales cuadros de la denominada DZ Mafia, una red criminal asentada en Marsella y considerada como una de las estructuras más violentas del narcotráfico actual. Bara tenía en vigor cuatro órdenes europeas de detención.
La condena que precipitó su caída está vinculada a un doble asesinato cometido en 2019 en Marsella, en plena disputa por el control de puntos de venta de droga en los barrios del norte de la ciudad. Según la reconstrucción judicial, dos jóvenes fueron acribillados en el interior de una habitación en una operación rápida, planificada y sin margen de reacción, ejecutada con un fusil Kalashnikov en lo que los investigadores describen como un ajuste de cuentas propio de una estructura organizada. Un proceso, en el que no se juzgaba la pertenencia a la banda, sino la participación de cada acusado en ese crimen.
En esa cadena de mando, Bara aparece situado en la parte alta. Fue condenado como autor intelectual, es decir, como uno de los responsables de decidir y ordenar la ejecución, sin intervenir directamente como tirador. Junto a él, también recibieron penas de 25 años otros implicados considerados piezas clave del mismo engranaje, mientras que uno de los acusados (que paradójicamente se encontraba en prisión) fue absuelto por falta de pruebas.
Durante su estancia de casi dos años en Madrid, Bara, de 39 años, permanecía en un piso prácticamente sin salir al exterior y utilizando documentación falsa correspondiente a distintas identidades para dificultar su identificación. Según la Policía Nacional, su presencia en España fue detectada tras diversas gestiones de localización a instancias francesas, lo que permitió activar un dispositivo que culminó con su arresto.
Natural del barrio de La Busserine, en el distrito 14 de Marsella, Bara está considerado por Francia como un pez gordo del narcotráfico local. Su historial se enmarca en el entorno de las guerras por el control de puntos de venta de droga en los barrios del norte de Marsella, donde las disputas entre clanes han derivado en una sucesión de homicidios y violentos ajustes de cuentas en los últimos años.
La causa ha sido interpretada por la Fiscalía francesa como algo más que un crimen aislado. Ese doble asesinato de 2019 es considerado el germen operativo de la DZ Mafia: un punto de inflexión que permite acreditar la existencia de una estructura funcional con niveles definidos en un entorno donde la violencia responde a una lógica económica ligada al control territorial del narcotráfico.
Lejos de reproducir el modelo clásico de organizaciones como la Cosa Nostra, la Camorra o la 'Ndrangheta, la DZ Mafia opera como una red descentralizada, con nodos autónomos que actúan bajo una misma marca criminal, llegando incluso a contratar asesinatos a través de las redes sociales y a emplear plataformas como Snapchat o Telegram para coordinar sus operaciones e intimidar a rivales.
El prefijo «DZ» que precede al nombre de la organización remite al código internacional de Argelia (Dzayer), en alusión al país origen de las familias parte de sus integrantes, aunque su implantación principal se encuentra en Marsella y sus alrededores. Su funcionamiento combina estructuras flexibles, uso intensivo de mensajería encriptada y una violencia dirigida tanto a rivales como a miembros del propio entorno.
En ese contexto, Bara es lo que en el argot criminal de las banlieue se denomina «caïd», una palabra, heredada del árabe y utilizada durante la administración colonial francesa en el norte de África, hacía referencia a líderes locales o jefes tribales. En lenguaje actual, designa a figuras con capacidad de mando real dentro de redes delictivas. Su equivalente más cercano en el imaginario criminal clásico sería el de capo en las mafias italianas.