Miércoles, 07 de octubre de 2026 Mié 07/10/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Economía

La carrera por los gigantes 'tech' exige capital paciente

La carrera por los gigantes 'tech' exige capital paciente
Artículo Completo 2,674 palabras
El capital riesgo abandona su exclusividad con el software para apostar por 'deeptech'. Aunque Europa destaca creando estas empresas emergentes, necesita inversiones a largo plazo para escalar sus proyectos y retenerlos. Leer
EmprendedoresLa carrera por los gigantes 'tech' exige capital pacienteActualizado 6 OCT. 2026 - 15:58Katie King es cofundadora de BioOrbit, que combina la biotecnología y la industria espacial.Seguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

El capital riesgo abandona su exclusividad con el software para apostar por 'deeptech'. Aunque Europa destaca creando estas empresas emergentes, necesita inversiones a largo plazo para escalar sus proyectos y retenerlos.

Durante las dos últimas décadas, buena parte del venture capital se concentró en empresas de software. La ventaja evidente para los inversores era que podían nacer con relativamente poco dinero, distribuir sus productos por internet y crecer rápidamente sin necesidad de construir fábricas, desarrollar complejos procesos industriales o fabricar hardware. Ese modelo resultaba atractivo porque permitía crear empresas con menos inversión inicial, llegar rápidamente a clientes de todo el mundo y escalar sin grandes infraestructuras físicas. Por eso software, SaaS, plataformas digitales y fintech concentraron durante años buena parte del capital riesgo.

Ahora empieza a producirse un cambio. Algunos de los grandes fondos que construyeron su reputación financiando compañías digitales empiezan a invertir desde fases muy tempranas en start up deeptech que trabajan con materiales, moléculas, chips, robots, energía o infraestructura. Parte del dinero que antes se destinaba principalmente a software empieza a financiar start up que desarrollan tecnologías aplicadas a industria, energía, biología o robótica.

McKinsey calcula que los fondos generalistas -aquellos que destinan menos del 25% de su capital al deeptech- ya aportan más del 60% del capital invertido en esta categoría, una señal de que la inversión en tecnologías científicas y de ingeniería ha dejado de ser patrimonio exclusivo de especialistas.

El European Deep Tech Report 2026, elaborado por Dealroom junto a Lakestar, Walden Catalyst y Hello Tomorrow, calcula que el deeptech captó el 32% de toda la financiación de venture capital europea en 2025, frente al 15% una década antes, y alcanzó unos 20.000 millones de dólares. Defensa, seguridad y resiliencia representaron ya el 43% del capital deeptech europeo de ese año.

Entrar en 'deeptech' europeo

Ahora una lista de Sifted selecciona a diez start up deeptech europeas en fase temprana respaldadas durante el primer semestre de 2026 por firmas que clasifica como "inversores Tier 1", es decir, fondos de venture capital de primer nivel, reconocidos por su reputación, capital disponible, trayectoria, red de contactos y capacidad inversora.

La lista de Sifted revela que hay fondos generalistas muy reconocidos que están entrando en deeptech europeo desde fases tempranas. Habla de compañías que atacan problemas que antes se consideraban demasiado complejos para muchos venture capital.

Individualmente se trata de start up extremadamente tempranas. Algunas todavía tienen que demostrar que su tecnología funciona a escala, que existe demanda suficiente o que pueden industrializarla a costes razonables. Pero juntas forman una muestra ilustrativa porque cubren una parte muy amplia del nuevo mapa deeptech.

Amphiform simboliza bien el cambio que empieza a verse en el venture capital: parte del dinero que antes iba casi exclusivamente a software empieza a financiar tecnologías físicas. Esta start up con sede en Oxford anunció en mayo una ronda pre-seed de 5,5 millones de dólares, liderada por General Catalyst y coliderada por Main Object.

Fundada por el químico Grisha Sheldunov, la compañía trabaja en nuevos materiales para pilas de combustible. Su objetivo es conseguir sistemas capaces de producir mucha más energía ocupando menos espacio y reducir de forma notable los costes. Según Amphiform, su tecnología podría abaratar hasta un 85% algunas soluciones actuales, aunque esas mejoras todavía deberán demostrarse a escala comercial.

La entrada de General Catalyst es relevante porque muestra hasta qué punto algunos grandes fondos están dispuestos a asumir riesgos que antes quedaban más cerca de inversores especializados: investigación química, ciencia de materiales, laboratorio y procesos de industrialización largos y costosos.

Anzen Industries quiere cambiar la forma en la que se fabrican determinados compuestos químicos. La start up levantó en enero 2,2 millones de dólares en una ronda pre-seed liderada por LocalGlobe y Creator Fund.

Su tecnología se basa en la llamada biomanufactura cellfree. En lugar de utilizar células vivas completas, emplea enzimas estabilizadas capaces de provocar reacciones químicas dentro de reactores modulares. La idea es producir ciertos compuestos de una forma más flexible y potencialmente menos dependiente de grandes plantas químicas tradicionales. Parte de la financiación servirá para ampliar su capacidad de producción en California.

Su propuesta conecta con una preocupación cada vez mayor en Europa y Estados Unidos: reforzar las cadenas de suministro y reducir la dependencia de infraestructuras químicas muy concentradas.

La parisina baCta cerró en marzo una ronda seed de 7 millones de euros liderada por LocalGlobe y Daphni. Su tecnología combina biología sintética, automatización de laboratorio e IA para diseñar microorganismos capaces de producir ingredientes industriales. Su primer objetivo es la astaxantina, un antioxidante usado en nutrición, cosmética y alimentación animal. Este caso muestra cómo la IA empieza a utilizarse no sólo como producto final, sino también como herramienta para acelerar procesos científicos y optimizar la producción biológica.

BioOrbit levantó en abril 9,8 millones de libras en una ronda seed coliderada por LocalGlobe y Breega. Esta compañía británica utiliza la microgravedad de la órbita terrestre para fabricar y estudiar medicamentos biológicos que resultan difíciles de producir en la Tierra.

Uno de sus objetivos es mejorar la formulación de ciertos tratamientos que hoy se administran por vía intravenosa para que puedan aplicarse de forma subcutánea.

La BioIndustry Association británica calificó la operación como la mayor seed anunciada hasta entonces en fabricación espacial. Este caso muestra cómo empiezan a converger dos ámbitos que hasta hace poco parecían separados: la biotecnología y la industria espacial.

Robótica y centros de datos

Bubble Robotics salió del modo stealth -la fase en la que una start up opera en secreto, evitando revelar públicamente su tecnología, producto, estrategia o clientes- el pasado mes de abril con una ronda pre-seed de 5 millones de dólares, respaldada por Episode 1 Ventures, Asterion Ventures y Norrsken Evolve. Fundada por ingenieros con experiencia en la NASA y ETH Zürich, desarrolla robots capaces de permanecer durante largos periodos en el mar y realizar tareas de inspección, vigilancia y recogida de datos con poca intervención humana.

Su tecnología puede utilizarse en sectores muy distintos, desde infraestructuras energéticas offshore hasta cables submarinos, monitorización ambiental o seguridad marítima. Bubble Robotics es también un buen ejemplo de IA física: sistemas de inteligencia artificial que no se limitan a generar información, sino que perciben su entorno y actúan sobre el mundo físico mediante máquinas autónomas.

Hyperscale Power, fundada en Zúrich en 2025, levantó 5 millones de euros en una ronda seed coliderada por World Fund y Vsquared Ventures. La start up desarrolla transformadores de estado sólido para centros de datos, redes renovables y carga rápida de vehículos eléctricos. Según la compañía, su tecnología puede ser mucho más compacta y eficiente que los transformadores tradicionales.

Este ejemplo refleja una consecuencia menos visible del auge de la inteligencia artificial: cuanto más crece la demanda de computación, mayor es también la presión sobre la electricidad, las redes, la refrigeración y la infraestructura de los centros de datos.

Kyber, fundada por Jean-Baptiste Kempf, creador de VLC, levantó el pasado mes de junio 5 millones de dólares en una ronda seed liderada por Lightspeed Venture Partners. La start up desarrolla una infraestructura de comunicaciones de muy baja latencia para conectar personas o sistemas de inteligencia artificial con robots, drones y otras máquinas autónomas.

Su tecnología busca reducir al mínimo los retrasos en la transmisión de órdenes, algo especialmente importante cuando una decisión digital provoca un movimiento físico. Kyber representa así una nueva frontera: software diseñado no sólo para gestionar información, sino también para controlar máquinas en tiempo real.

Lithosquare levantó en mayo 25 millones de dólares en una ronda seed coliderada por World Fund y Kindred Capital. La start up parisina combina inteligencia artificial y geología para localizar depósitos de cobre, litio, níquel y otros minerales críticos para la electrificación y la industria.

Su modelo busca reducir parte del enorme coste de la exploración minera: identifica y analiza posibles yacimientos sin asumir necesariamente su explotación. Según el propio World Fund, "el interés inversor también tiene una dimensión geopolítica. Europa quiere reducir su dependencia exterior en materias primas estratégicas, y Lithosquare encaja de lleno en esa carrera por asegurar recursos esenciales para energía, tecnología e industria".

SE3 Labs, surgida del ecosistema de la Universidad Técnica de Munich, levantó en junio 5,5 millones de euros en una ronda seed liderada por Lakestar. La start up desarrolla tecnología de inteligencia artificial para que drones y otros sistemas autónomos puedan orientarse, interpretar su entorno y operar en situaciones complejas.

Esta compañía ya ha trabajado con la Bundeswehr y ha participado en ejercicios con fuerzas alemanas y aliadas. Se trata de un caso que refleja el fuerte crecimiento del interés inversor por la defensa y las tecnologías duales en Europa, impulsado por la búsqueda de mayor autonomía estratégica y por el aumento del gasto en seguridad.

Tattvam AI, con sede en Londres, levantó en febrero 1,7 millones de dólares en una ronda pre-seed liderada por Seedcamp. La start up utiliza inteligencia artificial para automatizar algunas de las tareas más complejas del diseño de chips, un proceso que puede requerir años de trabajo y equipos de cientos de ingenieros.

Su propuesta busca reducir esos tiempos y aliviar la escasez de especialistas en semiconductores. El caso resume bien una de las grandes tendencias del deeptech actual: la inteligencia artificial no sólo crea nuevos productos digitales, también puede convertirse en una herramienta para acelerar industrias estratégicas como la fabricación y el diseño de chips.

Qué cambia para los inversores

Todas estas start up no demuestran por ellas solas que el venture capital haya abandonado el software. Sería absurdo afirmarlo cuando la inteligencia artificial sigue absorbiendo enormes cantidades de capital.

Dealroom calcula que las start up de todo el mundo levantaron más de 500.000 millones de dólares de enero a junio de 2026, con las mayores rondas concentradas precisamente en modelos fundacionales de inteligencia artificial, IA física y espacio.

Lo que sí muestran es que el perímetro de riesgo aceptable se está ampliando. Un venture capital generalista que entra en materiales, biomanufactura o robótica necesita evaluar algo más que crecimiento de usuarios y retención. Debe entender propiedad intelectual, riesgo científico, plazos de industrialización, regulación, CAPEX y capacidad para alcanzar hitos técnicos antes de consumir el siguiente tramo de capital. McKinsey sostiene que "invertir en deeptech obliga a los fondos a adaptar sus estrategias y a participar en ecosistemas que incluyen corporaciones, proveedores, clientes, reguladores y financiación pública.

El premio potencial es también distinto. Una aplicación de software puede enfrentarse a competidores capaces de replicar funciones con rapidez. Una empresa cuya ventaja dependa de química propietaria, procesos industriales, patentes, fabricación o años de conocimiento científico puede construir barreras tecnológicas más difíciles de reproducir. Pero esa protección se compra aceptando más riesgo técnico y, normalmente, más tiempo y capital antes de conocer al ganador.

Qué cambia para las 'start up'

Para los fundadores deeptech, la llegada de inversores generalistas de primera línea aumenta el número de posibles financiadores y puede adelantar el momento en el que una compañía científica accede a capital institucional. El respaldo de un gran fondo también puede facilitar rondas posteriores, contratación y acceso comercial.

Pero las expectativas de retorno y velocidad propias del venture capital no desaparecen porque la empresa trabaje con átomos en lugar de bits, y ahí aparece uno de los mayores interrogantes europeos. Dealroom observa que Europa cierra más rondas deeptech que Estados Unidos, pero el diferencial de capital con EEUU pasa de aproximadamente dos veces en fases tempranas a 16 veces en fases posteriores. En 2025, Estados Unidos atrajo unos 141.000 millones de dólares de financiación deeptech frente a 15.500 millones de dólares en Europa según la metodología del informe transatlántico de Dealroom.

El Banco Europeo de Inversiones llega a una conclusión similar: cuando alcanzan diez años de vida, las scale up de la UE han levantado de media un 50% menos de capital que compañías comparables de San Francisco, y más de cuatro de cada cinco operaciones de scale up europeas cuentan con un inversor líder o único extranjero. La consecuencia es que muchas empresas terminan buscando capital, compradores o mercados bursátiles fuera de Europa.

Ese problema puede ser aún más serio en deeptech. Crear una start up de software y escalar una plataforma global exige capital; construir plantas piloto, fábricas, robots, nueva infraestructura energética o sistemas espaciales puede exigir órdenes de magnitud superiores. El entusiasmo del seed será poco relevante si Europa financia la investigación inicial pero no dispone del capital necesario cuando llega el momento de industrializarla.

Por eso las diez start up descritas son más que diez historias de rondas de financiación. Amphiform trabaja con capas atómicas; Anzen y baCta convierten biología en manufactura; BioOrbit lleva la farmacia al espacio; Bubble y Kyber conectan la inteligencia artificial con las máquinas; Hyperscale intenta reconstruir una pieza básica de la red eléctrica; Lithosquare busca materias primas bajo tierra; SE3 lleva inteligencia a sistemas autónomos, y Tattvam quiere cambiar cómo se diseñan los chips. Sus productos son radicalmente distintos, pero todos atacan restricciones físicas.

Nuevas preguntas

Durante años, el venture capital se ha preguntado qué industria quedaba todavía por digitalizar. Las inversiones recogidas por Sifted y el aumento del peso del deeptech muestran una nueva preocupación: qué parte del mundo físico puede ser reinventada ahora que la inteligencia artificial, la ciencia y la ingeniería avanzan al mismo tiempo.

Para el venture capital esto significa aceptar experimentos más difíciles de medir y compañías que pueden necesitar capital paciente antes de demostrar que funcionan. Para los emprendedores científicos implica la existencia de una audiencia inversora mucho mayor que hace una década. Y para Europa plantea la necesidad de no sólo inventar esas tecnologías, sino también de financiarlas cuando pasen del laboratorio a la producción.

La carrera por la próxima generación de gigantes tecnológicos puede decidirse también en el laboratorio, en la fábrica, en la red eléctrica, en la mina, en el océano o en la órbita terrestre.

SafeLoc cierra 1,4 millones para reducir los accidentes laborales en la industriaLa 'start up' de IA y robótica Helicon capta 14 millones para automatizar las fábricas¿Habrá una industria con un millón de modelos de IA? Comentar ÚLTIMA HORA
Fuente original: Leer en Expansión
Compartir