De ciudades invivibles habló Italo Calvino en una conferencia de 1983 para los estudiantes de la Graduate Writing Division de la Columbia University de Nueva York que versó sobre su mítico libro 'Las ciudades invisibles', publicado en 1972.
Calvino explicó que esas ciudades inventadas, ... tan parecidas a sueños, fueron escritas «como un último poema de amor a las ciudades, cuando cada vez es más difícil vivirlas como ciudades». El escritor italiano afirmó con cautela que quizá nos estábamos aproximando a un momento de crisis de la vida urbana.
Adujo la fragilidad de los grandes sistemas tecnológicos, de los que dependían las urbes para funcionar, y el desmesurado crecimiento de las mismas, que estaba dando lugar a esos monstruos llamados megápolis: infiernos de tráfico, hacinamiento, contaminación, caos, uniformidad y fealdad.
La crisis de la ciudad ya no se formula con la vacilación con la que lo hizo Italo Calvino, sino como un hecho cierto acrecentado por el precio de la vivienda, el turismo de masas y la globalización. La gravedad nos hace pensar que se trata de un fenómeno relativamente reciente; sin embargo, la literatura lleva desde la industrialización señalando esta cualidad invivible de la ciudad moderna.
La sociedad de consumo hizo el resto: ya Walter Benjamin lamentó que los pasajes comerciales del siglo XIX (a partir de los cuales teorizó sobre el paseante o 'flâneur', ese observador ocioso, distanciado y sagaz) fueran sustituidos por los grandes almacenes y centros comerciales, que supusieron el fin del espectador urbano. En su lugar, apareció el comprador, que no deambula ni contempla con libertad, sino que se deja conducir mansamente por la lógica del consumo.
Se han publicado tantas novelas y ensayos sobre el proceso de descomposición de las ciudades que podría hablarse de duelo colectivo
La figura del 'flâneur' ha sido posteriormente resucitada, por ejemplo por la Internacional Situacionista, que le quita su carácter pasivo y la convierte en herramienta crítica a través de la deriva, que es lo mismo que deambular pero con un objetivo: romper con las imposiciones urbanísticas y de consumo.
Jane Jacobs, con 'Muerte y vida de las grandes ciudades', es otro de los clásicos que no han dejado de leerse, pues sus objeciones al tipo de ciudad propuesta por la arquitectura racionalista siguen vigentes: así los nuevos barrios, donde el espacio público es un desierto de aceras vacías, avenidas de muchos carriles que miran por los coches antes que por el peatón y anodinos edificios altos con manzanas cerradas donde tiene lugar una vida social ensimismada e hipervigilada.
En los últimos años se han publicado tantas novelas y ensayos sobre el profundo proceso de descomposición de las ciudades que podría incluso hablarse de un duelo colectivo por un espacio que una vez encarnó el ideal civilizatorio y que hoy parece destinado a desaparecer.
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