La confesión de Víctor de Aldama será la traca final del primer gran juicio por corrupción del sanchismo y la gravedad de una eventual condena contra la antigua cúpula de Transportes sigue dependiendo de la solidez y solvencia de su testimonio.
Cuando el empresario salió de prisión preventiva en noviembre de 2024 interpeló directamente al presidente del Gobierno como nunca antes un investigado en casos de corrupción política lo había hecho. «Que no se preocupe, que va a tener pruebas de todo lo que se ha dicho», declaró a los medios al abandonar Soto del Real. Y no tardó en cumplir su promesa en medio de una feroz campaña gubernamental que le presentó como el nuevo Pequeño Nicolás.
Más de un año después la Fiscalía Anticorrupción, frente a lo que Pedro Sánchez tildó de «menuda inventada», valora la colaboración que ha prestado, en forma de testificales y aportación de documentos, y le ha aplicado una considerable rebaja en la petición de pena frente al resto de acusados.
Queda, eso sí, la incógnita de si atesora todavía la prueba definitiva con la que siempre ha amenazado y que, a su juicio, provocaría la dimisión inmediata del presidente del Gobierno, con quien se fotografió, como desveló EL MUNDO, en la zona privada de uno de los mítines del PSOE con aparente complicidad.
Aldama contó, siguiendo la estrategia diseñada por su abogado José Antonio Choclán, que había pagado comisiones en metálico al ex ministro de Transportes y a su asesor personal y ha cifrado en más de cuatro millones las entregas. La investigación judicial ha confirmado posteriormente que tanto José Luis Ábalos como Koldo García manejaron abundante dinero en efectivo de origen desconocido. De ahí que el relato de Aldama sea decisivo para inclinar la balanza en favor de los indicios de comisiones frente a los recientes y peregrinos argumentos, por ejemplo, de la defensa de Koldo, que mantiene que todo el metálico procedía del reintegro de gastos del PSOE.
El empresario relató que existía el amaño continuado de los contratos de obra pública en Transportes y puso sobre la mesa manuscritos del antiguo colaborador de José Luis Ábalos aludiendo a la adjudicación de contratos. Al menos uno de ellos con la cara sobreimpresionada de un Koldo, que llegó a decir, pese a su inconfundible selfie, que no era su letra.
Las pesquisas también han confirmado los indicios de que, en efecto, se amañaron obras a cambio de comisiones. Y ahí están las grabaciones de Koldo, donde aparecen algunos de los principales protagonistas aludiendo al reparto del botín y las mismas empresas aludidas por Aldama. O el plan que le reveló el asesor a José Luis Ábalos en otra de estas cintas asegurando que iba a garantizar la jubilación de ambos con un contrato amañado en Transportes cuando ya habían sido expulsados del Ministerio.
Pero Aldama fue más allá y apuntó a la existencia de un «cupo vasco» controlado por un Santos Cerdán que, cuando fue señalado por el empresario, aparentaba ser un alto cargo inmaculado.
La investigación también ha probado indiciariamente que el ex secretario de Organización participó en los manejos de contratos, que ostentó la copropiedad de una constructora, Servinabar, con la que concurría a concursos nada menos que con Acciona, y que cobraba comisiones de las que se preocupaba que no quedara rastro alguno («Koldo, que no quiero que hables de esto, que no se habla», le llegó a reñir). Pero también fue el primero que contó que había cobrado un sobre con efectivo cuando nadie sospechaba de él.
Víctor de Aldama también destapó que el jefe de Gabinete de María Jesús Montero le había aplazado el cobro de una deuda tributaria mediante una gestión privilegiada fraguada en un bar frente al Ministerio de Hacienda. Este trámite también ha quedado confirmado a falta de que, además, se pueda probar que le pagó en mano como a Cerdán.
Contrato del piso de la Castellana para Ábalos.E. M.Puso sobre la mesa el contrato de alquiler con opción de compra de un piso de lujo en la Castellana con la firma de Ábalos a mitad de precio. La autenticidad de la prueba es incontrovertible y el Supremo ya la considera un poderoso indicio de cohecho.
Admitió la operación de regalo de un chalé para Ábalos, ha reconocido y documentado el pago del alquiler de un apartamento en la Plaza de España de Madrid para la ex pareja sentimental del ministro, y ha explicado con todo lujo de detalles el episodio del viaje de la venezolana Delcy Rodríguez a España. A su vez, ha probado que colaboró con las Fuerzas de Seguridad del Estado e incluso con los Servicios de Inteligencia americanos. Ahí están las imágenes de la Unidad Antiterrorista de la Guardia Civil condecorándole por su ayuda y la organización, entre otros eventos, de cacerías para altos mandos del FBI y de la CIA.
Queda, sin embargo, la corroboración definitiva ante el tribunal de estos y otros episodios y que la Justicia pueda llegar despejar la X de toda esta historia. Esto es, si todo ocurrió, como dijo Aldama, en el backstage del Teatro La Latina. Cuando ambos fueron fotografiados por Koldo y el presidente del Gobierno, siempre según su versión, le dijo: «Estoy al corriente de todo lo que estás haciendo y te estoy muy agradecido».
Entonces no sólo estaríamos ante una de las grandes colaboraciones en tramas de corrupción política de la historia de España sino también, ante el final de los finales.