Bares con decoración ambientada en películas Disney, locales inspirados en los años 80, cafeterías donde puedes merendar junto a gatos en adopción. La oferta para salir es cada vez más específica, más tematizada, más pensada para sorprender.
En un país donde “quedar para tomar algo” forma parte del ADN social, los bares han sido históricamente mucho más que lugares de consumo: han sido puntos de encuentro donde celebrar y ponerse al día. Y este ritual no ha desaparecido. El estudio Tendencias y hábitos de socialización señala que los bares, restaurantes o cafeterías son los lugares preferidos para socializar del 79% de españoles. Una cifra que nos sitúa por encima de la media europea: el 63% opta por acudir a bares frente al 48% de los europeos.
Esta preferencia también se traduce en una realidad numérica. Según datos del INE, en España existen más de 163.000 establecimientos de bebidas —bares, cafeterías o pubs—, lo que supone aproximadamente un establecimiento por cada 290 habitantes. Es decir: seguimos saliendo, seguimos eligiendo el bar, pero algo está cambiando.
Porque aunque el hábito permanece, la manera de decidirlo y vivirlo responde a nuevas lógicas.
“El ocio juvenil se ha reconfigurado”
Ana, de 29 años —una de las jóvenes que se ha prestado a hablar con Xataka preservando su identidad—, reconoce que rara vez va a “bares de toda la vida”, de hecho le causan “bastante pereza”. Cree que a día de hoy las nuevas generaciones suelen preferir un tipo de ocio que se aleja del que podían tener sus padres: “En mi grupo de amigos (y en general) veo que cada vez vamos menos a bares o restaurantes de toda la vida y preferimos lugares algo diferentes, o incluso cadenas”.
Raquel, de 22 años, tampoco suele ir a bares “normales”. Y aunque si tiene amigos que tienen un “bar de barrio” concreto como “punto de reunión”, entiende que las nuevas generaciones se sientan atraídas por planes “diferentes”: “Por ejemplo, vi un sitio en el que tú mismo haces la pizza, te ayudan a hacerla y luego te la comías. Eso no puede competir con un restaurante o un bar”.
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Para Alejandro Montero, Psicólogo Sanitario y divulgador en redes sociales, los jóvenes parecen “priorizar experiencias que sean memorables más allá de un patrón habitual de socialización, como se podía ver en otras generaciones”. Comenta cómo antes el plan “más frecuente y más accesible podía ser ir a un bar”, pero a día de hoy existe una “variabilidad” —desde espectáculos de jazz entre cientos de velas y talleres para pintar un cuadro mientras se bebe vino, hasta restaurantes ambientados en Harry Potter— que “influye en la elección del plan de ocio”.
Para Raquel, por ejemplo, es cada vez más importante que los sitios donde queda sean “bonitos”, algo que no suele encajar con los bares tradicionales: “Te diría que el 90% de los bares de toda la vida no son bonitos (...) Prefiero que sea bonito para la vista, mejor que el típico bar con la barra de acero”. En este sentido, entiende que su generación se “aburra” de tomar un café “donde siempre” y prefiera ir a sitios donde puedes “pintar tu propia taza mientras meriendas”.
El café, mejor de especialidad.
En este contexto, Esther Clavero Mira, doctora en sociología, advierte del peligro de “caer en la tentación de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, como escribió Jorge Manrique”. Habla de cómo la nostalgia puede hacer evocar “discotecas abarrotadas” o “tascas interminables” que hoy en día ya no vemos, y debido a ese “álbum mental” podemos pensar que los jóvenes ya no salen. Sin embargo, la psicóloga cree que “el ocio juvenil no ha desaparecido, se ha reconfigurado”.
Desde el sector hostelero también son conscientes de este cambio. Juanjo Cuevas, que lleva más de 15 años dedicándose a la hostelería, cree que “el futuro de los bares tradicionales es complicado”. Dirige un pub irlandés en Arganzuela, The Towers, que él mismo sitúa “entre el bar de barrio y el bar temático”. “Los pubs irlandeses se montaron como temáticos, pero no en el mismo sentido que ahora”, matiza. Esa posición intermedia, explica, le permite atraer también a gente joven, algo que —considera— otros bares más tradicionales tienen cada vez más difícil.
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Ve cómo cada vez más jóvenes se decantan por locales tematizados y dejan en segundo plano los negocios de siempre. Además, ha detectado junto a otros compañeros de profesión un cambio en los hábitos de consumo. “Han dejado de ir a comer. La gente joven no come en un bar normal”, afirma.
Explica que sí siguen bajando a tomar algo —“cañas o vinos debajo de su casa”—, pero que a la hora de sentarse a comer el perfil es otro: “Aquí los pocos que vienen son de empresas cercanas, oficinas o vecinos, pero gente joven a comer, nada. Y a los bares y restaurantes de la zona les pasa lo mismo, van sobre todo jubilados y obreros”.
Las redes sociales, el nuevo “boca a boca”
Irene, una joven de 26 años, está segura de que las nuevas generaciones se inclinan más por las experiencias, y atribuye un papel “fundamental” a las redes sociales: “Todo se difunde a través de ellas. Gracias a las redes sociales he descubierto un montón de planes que por mí misma no hubiese descubierto jamás”. Para Elena, de 27 años, estas plataformas son una “gran fuente de información” para obtener “recomendaciones, contrastar y ver opiniones…”.
Esto deja ver que el cambio en el tipo de ocio también afecta a cómo se organiza, se descubre o se decide: “Las redes sociales son el nuevo boca a boca”, explica Ana.
El alcohol, mejor con experiencias.
Según recoge Montero, en el 2024 un 68% de los jóvenes a nivel nacional reportó el uso diario de redes sociales, algo que “afecta a la manera en la que se relacionan entre sí”. No solo influyen en la accesibilidad y conocimiento de nuevas experiencias, sino también en la construcción de una identidad pública: aquello que decidimos mostrar y compartir con los demás. En esta búsqueda de una “narrativa de vida”, las redes sociales ofrecen a los jóvenes infinitas posibilidades de llenar sus vidas de experiencias inolvidables y compartibles. De hecho, el psicólogo menciona que, según estudios, el 39% de jóvenes asegura que solo reservaría unas vacaciones después de ver el destino en redes sociales.
Las jóvenes que han hablado con Xataka reconocen que sí les influye el contenido que ven en redes sociales. Raquel, por ejemplo, tiene carpetas creadas en las diferentes plataformas donde recopila sitios “llamativos” a los que le gustaría ir, ya sea “por la temática, por el precio o por todo en conjunto”.
Juanjo Cuevas también lo ve en su día a día con sus clientes. Está seguro de que las redes sociales son la “nueva forma de comunicarse” de los jóvenes, y que además amplían el catálogo de planes mucho más allá de lo que tenían generaciones anteriores. Observa cómo cuando los jóvenes acuden a un bar “normal”, rara vez comparten dónde están; como mucho, publican la comida o la compañía. En cambio, en los bares tematizados “les hacen ellos mismos la publicidad” mostrando “todo”: el espacio, la decoración, cada detalle.
“Un modelo de ocio vinculado al consumo”
La socióloga Clavero se pregunta si, teniendo en cuenta este contexto, “hemos construido un modelo de ocio casi exclusivamente vinculado al consumo”. “Quien puede, acumula experiencias, quien no, ajusta su mundo”, afirma.
Irene observa que los planes más “sosegados” o menos ligados al gasto son cada vez menos comunes. Reconoce que “está bien pasar una tarde con tus amigas en un taller de cerámica, es un ocio diferente”, pero lamenta que las tardes “de banco y pipas” o “quedar en una casa” se hayan “perdido un poco”. Los planes que triunfan en redes sociales implican planificación previa y, en muchos casos, un coste económico elevado. Como apunta Elena, no tiene “nada que ver” tomar algo en un bar con “ir a un sushi donde los robots te sirven la comida”: ni en la propuesta ni en el precio.
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La elección de invertir tiempo y dinero en estas actividades diferentes podría estar, en algunos casos, motivada por el FOMO (Fear of Missing Out), ese miedo a perderse algo. Para Montero, el FOMO, el uso constante de redes sociales y la “sobreexposición de nuestras vidas” influyen directamente en la elección del ocio. Se pueden escoger ciertas vivencias no tanto por el deseo genuino de hacerlas, sino por la necesidad de no quedarse fuera de la conversación, de no ser el único que no ha probado el sitio del que todo el mundo habla.
Frente a los jóvenes que cada vez eligen un tipo de ocio más ligado a la experiencia, aún hay algunos que reivindican “los bares con servilletas en el suelo”. Es el caso de Irene, que lamenta: “En los centros de las ciudades cada vez hay menos bares típicos donde la gente hace su día a día.
Podría ser Madrid, Vigo, Zaragoza, Bruselas, Chicago o Hong Kong.
Todo está pensado para grandes ubicaciones y grandes marcas, para cadenas que te puedes encontrar en Sevilla o Madrid, pero también en Londres o Hong Kong”, y añade: “Las experiencias están bien, pero lo ideal está en buscar el equilibrio, yo de verdad abogo y defiendo los bares con servilletas en el suelo”.
Los negocios de toda la vida son importantes para el dirigente de The Towers, ya que representan “el movimiento de la ciudad”. Al mismo tiempo, marca una diferencia clara entre los bares temáticos y los tradicionales: mientras que los primeros “suelen servir solo para comidas y cenas”, los segundos son otra cosa. “Son tomar una caña con los amigos, un café con los vecinos… Son las comidas, las cenas y todo lo que pasa entre medias. El bar de barrio es donde se mueve la gente, donde se toma un café, una caña, un vino… Si desaparecen los bares tradicionales, se perdería todo. La ciudad se quedaría medio muerta”.
El grupo de amigas de Elena, a pesar de estar abierto a nuevos planes, es fiel a sus bares de confianza. Cree que ofrecen algo único que no se puede encontrar en los “bares modernos”: “Los bares de barrio son los que me hacen sentir que estoy en mi ciudad (...) Es bonito ver cómo van evolucionando, cómo va cambiando la ciudad según vas creciendo (...) El plan que más me gusta compartir con mis amigas o mi familia es estar en esos bares de siempre, de toda la vida”.
Imagen | David Hill
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La noticia
La crisis del bar de toda la vida: la generación Z está priorizando un ocio de "experiencias" basado en el boca a boca
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Anabel Cuevas Vega
.
Bares con decoración ambientada en películas Disney, locales inspirados en los años 80, cafeterías donde puedes merendar junto a gatos en adopción. La oferta para salir es cada vez más específica, más tematizada, más pensada para sorprender.
En un país donde “quedar para tomar algo” forma parte del ADN social, los bares han sido históricamente mucho más que lugares de consumo: han sido puntos de encuentro donde celebrar y ponerse al día. Y este ritual no ha desaparecido. El estudio Tendencias y hábitos de socialización señala que los bares, restaurantes o cafeterías son los lugares preferidos para socializar del 79% de españoles. Una cifra que nos sitúa por encima de la media europea: el 63% opta por acudir a bares frente al 48% de los europeos.
Esta preferencia también se traduce en una realidad numérica. Según datos del INE, en España existen más de 163.000 establecimientos de bebidas —bares, cafeterías o pubs—, lo que supone aproximadamente un establecimiento por cada 290 habitantes. Es decir: seguimos saliendo, seguimos eligiendo el bar, pero algo está cambiando.
Porque aunque el hábito permanece, la manera de decidirlo y vivirlo responde a nuevas lógicas.
“El ocio juvenil se ha reconfigurado”
Ana, de 29 años —una de las jóvenes que se ha prestado a hablar con Xataka preservando su identidad—, reconoce que rara vez va a “bares de toda la vida”, de hecho le causan “bastante pereza”. Cree que a día de hoy las nuevas generaciones suelen preferir un tipo de ocio que se aleja del que podían tener sus padres: “En mi grupo de amigos (y en general) veo que cada vez vamos menos a bares o restaurantes de toda la vida y preferimos lugares algo diferentes, o incluso cadenas”.
Raquel, de 22 años, tampoco suele ir a bares “normales”. Y aunque si tiene amigos que tienen un “bar de barrio” concreto como “punto de reunión”, entiende que las nuevas generaciones se sientan atraídas por planes “diferentes”: “Por ejemplo, vi un sitio en el que tú mismo haces la pizza, te ayudan a hacerla y luego te la comías. Eso no puede competir con un restaurante o un bar”.
Para Alejandro Montero, Psicólogo Sanitario y divulgador en redes sociales, los jóvenes parecen “priorizar experiencias que sean memorables más allá de un patrón habitual de socialización, como se podía ver en otras generaciones”. Comenta cómo antes el plan “más frecuente y más accesible podía ser ir a un bar”, pero a día de hoy existe una “variabilidad” —desde espectáculos de jazz entre cientos de velas y talleres para pintar un cuadro mientras se bebe vino, hasta restaurantes ambientados en Harry Potter— que “influye en la elección del plan de ocio”.
Para Raquel, por ejemplo, es cada vez más importante que los sitios donde queda sean “bonitos”, algo que no suele encajar con los bares tradicionales: “Te diría que el 90% de los bares de toda la vida no son bonitos (...) Prefiero que sea bonito para la vista, mejor que el típico bar con la barra de acero”. En este sentido, entiende que su generación se “aburra” de tomar un café “donde siempre” y prefiera ir a sitios donde puedes “pintar tu propia taza mientras meriendas”.
El café, mejor de especialidad.
En este contexto, Esther Clavero Mira, doctora en sociología, advierte del peligro de “caer en la tentación de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, como escribió Jorge Manrique”. Habla de cómo la nostalgia puede hacer evocar “discotecas abarrotadas” o “tascas interminables” que hoy en día ya no vemos, y debido a ese “álbum mental” podemos pensar que los jóvenes ya no salen. Sin embargo, la psicóloga cree que “el ocio juvenil no ha desaparecido, se ha reconfigurado”.
Desde el sector hostelero también son conscientes de este cambio. Juanjo Cuevas, que lleva más de 15 años dedicándose a la hostelería, cree que “el futuro de los bares tradicionales es complicado”. Dirige un pub irlandés en Arganzuela, The Towers, que él mismo sitúa “entre el bar de barrio y el bar temático”. “Los pubs irlandeses se montaron como temáticos, pero no en el mismo sentido que ahora”, matiza. Esa posición intermedia, explica, le permite atraer también a gente joven, algo que —considera— otros bares más tradicionales tienen cada vez más difícil.
Ve cómo cada vez más jóvenes se decantan por locales tematizados y dejan en segundo plano los negocios de siempre. Además, ha detectado junto a otros compañeros de profesión un cambio en los hábitos de consumo. “Han dejado de ir a comer. La gente joven no come en un bar normal”, afirma.
Explica que sí siguen bajando a tomar algo —“cañas o vinos debajo de su casa”—, pero que a la hora de sentarse a comer el perfil es otro: “Aquí los pocos que vienen son de empresas cercanas, oficinas o vecinos, pero gente joven a comer, nada. Y a los bares y restaurantes de la zona les pasa lo mismo, van sobre todo jubilados y obreros”.
Las redes sociales, el nuevo “boca a boca”
Irene, una joven de 26 años, está segura de que las nuevas generaciones se inclinan más por las experiencias, y atribuye un papel “fundamental” a las redes sociales: “Todo se difunde a través de ellas. Gracias a las redes sociales he descubierto un montón de planes que por mí misma no hubiese descubierto jamás”. Para Elena, de 27 años, estas plataformas son una “gran fuente de información” para obtener “recomendaciones, contrastar y ver opiniones…”.
Esto deja ver que el cambio en el tipo de ocio también afecta a cómo se organiza, se descubre o se decide: “Las redes sociales son el nuevo boca a boca”, explica Ana.
El alcohol, mejor con experiencias.
Según recoge Montero, en el 2024 un 68% de los jóvenes a nivel nacional reportó el uso diario de redes sociales, algo que “afecta a la manera en la que se relacionan entre sí”. No solo influyen en la accesibilidad y conocimiento de nuevas experiencias, sino también en la construcción de una identidad pública: aquello que decidimos mostrar y compartir con los demás. En esta búsqueda de una “narrativa de vida”, las redes sociales ofrecen a los jóvenes infinitas posibilidades de llenar sus vidas de experiencias inolvidables y compartibles. De hecho, el psicólogo menciona que, según estudios, el 39% de jóvenes asegura que solo reservaría unas vacaciones después de ver el destino en redes sociales.
Las jóvenes que han hablado con Xataka reconocen que sí les influye el contenido que ven en redes sociales. Raquel, por ejemplo, tiene carpetas creadas en las diferentes plataformas donde recopila sitios “llamativos” a los que le gustaría ir, ya sea “por la temática, por el precio o por todo en conjunto”.
Juanjo Cuevas también lo ve en su día a día con sus clientes. Está seguro de que las redes sociales son la “nueva forma de comunicarse” de los jóvenes, y que además amplían el catálogo de planes mucho más allá de lo que tenían generaciones anteriores. Observa cómo cuando los jóvenes acuden a un bar “normal”, rara vez comparten dónde están; como mucho, publican la comida o la compañía. En cambio, en los bares tematizados “les hacen ellos mismos la publicidad” mostrando “todo”: el espacio, la decoración, cada detalle.
“Un modelo de ocio vinculado al consumo”
La socióloga Clavero se pregunta si, teniendo en cuenta este contexto, “hemos construido un modelo de ocio casi exclusivamente vinculado al consumo”. “Quien puede, acumula experiencias, quien no, ajusta su mundo”, afirma.
Irene observa que los planes más “sosegados” o menos ligados al gasto son cada vez menos comunes. Reconoce que “está bien pasar una tarde con tus amigas en un taller de cerámica, es un ocio diferente”, pero lamenta que las tardes “de banco y pipas” o “quedar en una casa” se hayan “perdido un poco”. Los planes que triunfan en redes sociales implican planificación previa y, en muchos casos, un coste económico elevado. Como apunta Elena, no tiene “nada que ver” tomar algo en un bar con “ir a un sushi donde los robots te sirven la comida”: ni en la propuesta ni en el precio.
La elección de invertir tiempo y dinero en estas actividades diferentes podría estar, en algunos casos, motivada por el FOMO (Fear of Missing Out), ese miedo a perderse algo. Para Montero, el FOMO, el uso constante de redes sociales y la “sobreexposición de nuestras vidas” influyen directamente en la elección del ocio. Se pueden escoger ciertas vivencias no tanto por el deseo genuino de hacerlas, sino por la necesidad de no quedarse fuera de la conversación, de no ser el único que no ha probado el sitio del que todo el mundo habla.
Frente a los jóvenes que cada vez eligen un tipo de ocio más ligado a la experiencia, aún hay algunos que reivindican “los bares con servilletas en el suelo”. Es el caso de Irene, que lamenta: “En los centros de las ciudades cada vez hay menos bares típicos donde la gente hace su día a día.
Podría ser Madrid, Vigo, Zaragoza, Bruselas, Chicago o Hong Kong.
Todo está pensado para grandes ubicaciones y grandes marcas, para cadenas que te puedes encontrar en Sevilla o Madrid, pero también en Londres o Hong Kong”, y añade: “Las experiencias están bien, pero lo ideal está en buscar el equilibrio, yo de verdad abogo y defiendo los bares con servilletas en el suelo”.
Los negocios de toda la vida son importantes para el dirigente de The Towers, ya que representan “el movimiento de la ciudad”. Al mismo tiempo, marca una diferencia clara entre los bares temáticos y los tradicionales: mientras que los primeros “suelen servir solo para comidas y cenas”, los segundos son otra cosa. “Son tomar una caña con los amigos, un café con los vecinos… Son las comidas, las cenas y todo lo que pasa entre medias. El bar de barrio es donde se mueve la gente, donde se toma un café, una caña, un vino… Si desaparecen los bares tradicionales, se perdería todo. La ciudad se quedaría medio muerta”.
El grupo de amigas de Elena, a pesar de estar abierto a nuevos planes, es fiel a sus bares de confianza. Cree que ofrecen algo único que no se puede encontrar en los “bares modernos”: “Los bares de barrio son los que me hacen sentir que estoy en mi ciudad (...) Es bonito ver cómo van evolucionando, cómo va cambiando la ciudad según vas creciendo (...) El plan que más me gusta compartir con mis amigas o mi familia es estar en esos bares de siempre, de toda la vida”.