Tribuna de opinión
La desnudez y el nudismoMás nos valdría despojarnos de la ropa con mayor naturalidad. El calentamiento global quizá consiga que gastemos menos enprendas que ni siquiera necesitamos
Regala esta noticia Añádenos en Google Ilustración. (José Ibarrola)Roberto Aramayo
22/07/2026 a las 00:02h.Con estos calores de un cambio climático que todavía hay quien se atreve a negar, no serán muchos quienes no se despojen de toda su ... ropa nada más entrar en casa, pese a que no sirva de mucho ese improvisado nudismo doméstico para combatir temperaturas tan extremas y persistentes, dada la falta de arbolado en las grandes urbes que compense el calor del asfalto. Las tórridas noches tropicales van sucediéndose allí donde nadie podía esperarlas y los países más al norte nos miran con envidia, preguntándose cómo somos capaces de convivir con semejante calorina. Nos veo exportando botijos a mansalva, para mantener fresquita el agua de beber cuando no se tiene a mano un frigorífico. Aunque podemos hacer lo propio con esos abanicos que se sacan en el metro, los teatros y donde se tercie. También deberíamos patentar la siesta en las horas de mayor impacto del sol, al tiempo que los horarios nocturnos de asueto en las terracitas.
En muchos parques y lagos alemanes la ciudadanía busca un pequeño alivio pasando el día remojándose o a la sombra tal como Dios los trajo al mundo, porque cualquier prenda es un enemigo de una piel acalorada que necesita refrescarse como sea. Bien pensado, con ello mostramos nuestro anhelo de volver a los hábitos que parecen haber cundido en el paraíso, pues Adán y Eva no mostraron tener pudor alguno antes de ser expulsados del Edén. Además de tener que sudar para ganarnos el sustento, se nos impuso hacerlo muy revestidos en función de ciertos lugares y épocas. La desnudez se convirtió en algo pecaminoso de lo que debíamos avergonzarnos, cuando en realidad más bien debería darnos vergüenza seguir ciertas modas relativas al vestir, utilizando unos zapatos que nos torturan los pies y unos ropajes que rozan lo ridículo para dar la nota. En ocasiones el objetivo parece vestirse para buscar la mayor incomodidad o parecer más desnudo que si se fuera realmente sin ropa.
Ciudadanos alemanes buscan alivio remojándose o a la sombra como Dios los trajo al mundo
Sorprende cómo se asocia la desnudez con el sexo, como si mostrarse desnudo fuese una invitación a practicarlo sin más, cuando a decir verdad el erotismo suele demandar bien al contrario muchos velos que sugieran cuando no se ve y cabe imaginar. Afortunadamente hay ciudades como Berlín donde la población practica el nudismo sin escandalizar a nadie, como la cosa más normal del mundo. También hay un paradisiaco 'spa' cuyos usuarios comparten vestuarios, duchas e instalaciones mancomunadamente, sin reparar en su género. Allí se dan cita gentes de todas las edades y condición, sin que a nadie le importunen la vejez o el sobrepeso, los tatuajes o las averías físicas de cualquier tipo. No faltan los cuerpos esculturales masculinos y femeninos, pero están en franca minoría, porque no hay retoques de ningún tipo que sirvan para mejorar nuestro palmito, ni puñetera falta que hace aborrecer al propio cuerpo en aras de un ideal absurdo e inalcanzable.
Mientras te zambulles en la piscina, reposas en la hierba o visitas una u otra sauna, el tiempo se paraliza y solo sirve para darle un homenaje a tu cuerpo, que sale muy agradecido de cada sesión. Despojarse de nuestros distintivos es una sensación muy refrescante que nos reconcilia con esa naturaleza escamoteada por nuestras pantallas y esa realidad virtual que desnaturaliza lo real. Esa cultura nudista que reina en Berlín es algo muy gozoso y contrasta sobremanera con esas tradiciones antagónicas donde las mujeres no pueden mostrar ninguna parte de su cuerpo sin sufrir unas escabrosas consecuencias. Ese modo de abordar la desnudez revela una psico-socio-patología realmente perniciosa que debería ser erradicada. El nudismo está de capa caída y quizá lo practican más entre nosotros las generaciones más veteranas, lo que no es el caso de Alemania ni de los países nórdicos.
Más nos valdría desnudarnos con mayor naturalidad sin darle un carácter morboso a lo que dista mucho de tenerlo. El calentamiento global quizá consiga hacernos gastar menos en una ropa que la mayor parte de las veces ni siquiera necesitamos y normalice una práctica generalizada del nudismo allí donde nadie se vea ofendido por tan poca cosa. Poner un alto precio a un desnudo femenino como hace la película 'El talento' dice mucho de una sociedad enferma, cuya máxima fantasía erótica es mirar por el ojo de una cerradura cómo se duchan unas estudiantes o al menos esta sandez es lo que las películas norteamericanas han sembrado en el imaginario colectivo.
- Temas
- Cambio Climático