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La diablesa que seduce a Marc Márquez fuera de los circuitos

La diablesa que seduce a Marc Márquez fuera de los circuitos
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Más allá de los prototipos de la máxima categoría del mundial, una moto tiene atrapado el corazón del nueve veces campeón del mundo. Leer
MotorLa diablesa que seduce a Marc Márquez fuera de los circuitos de MotoGP 6 MAR. 2026 - 08:08

Más allá de los prototipos de la máxima categoría del mundial de velocidad, una moto tiene atrapado el corazón del 9 veces campeón del mundo: la Ducati XDiavel V4 RS. Parte de los 43.490 euros.

La temporada 2026 arranca este fin de semana en Tailandia, y el paddock vuelve a latir con esa electricidad que solo el inicio de un curso puede provocar. Nuevos retos, viejas rivalidades y la certeza de que cada vuelta escribirá una historia distinta.

Pero fuera del circo de las carreras hay una moto que le arranca una sonrisa a Marc Márquez cuando la ve y la prueba, esa es la Diavel V4 RS. No es una montura de boxes ni de cronómetro: es una declaración de intenciones. Una forma distinta, más visceral, más íntima, de entender la velocidad.

A veces las marcas no lanzan productos sino provocaciones. Ducati desveló esta brutal versión Diavel V4 RS en Misano, durante el GP de San Marino del curso 2025, con un domador de excepción: el propio Marc Márquez entrando en el pitlane del circuito a lomos de la criatura junto a Pecco Bagnaia, que lo hacía sobre la también radical Multistrada V4 RS.

Ni artificio ni ruido innecesario bajo la convicción de quien sabe que está mostrando algo que no necesita justificación. Diseñada "para quienes viven Ducati con absoluta pasión y reconocen la excelencia a primera vista", como resaltaba Claudio Domenicalli, el CEO de Ducati, nuestra diablesa protagonista no busca agradar. Busca fascinar.

En su interior vive el Desmosedici Stradale, ese motor V4 con pedigrí MotoGP que late con la misma determinación que ha marcado el regreso de Márquez esta temporada. Una máquina nacida para encarnar la idea de Ducati: la rebeldía puede ser elegante, y la excelencia, un acto de carácter.

Si como reza el dicho, el diablo se esconde en los detalles, en la Diavel V4 RS, estos son candentes. Los 182 CV del V4 no se entregan: casi se desgranan con una suavidad inicial que da paso a un medio régimen poderoso y a un final que se afila como una nota sostenida con sus 120 Nm de par. El Twin Pulse, la brutal nota de escape del orden de encendido, marca el ritmo, un latido irregular sello de identidad que convierte cada aceleración en mucho más que un gesto. El dato corre en susurro entre los mortales: de 0 a 100 km/h en 2,52 segundos. Un registro insolente para una moto homologada de calle. La consecuencia de un diseño que lo persigue todo menos la timidez.

La fibra de carbono aparece allí donde la vista se posa: tomas de aire, aletas, colín, tapas del depósito. Nada para impresionar, todo para reducir peso con precisión hasta en tres kilos. La suspensión Öhlins, el sistema de frenos heredado de la Panigale V4, las llantas forjadas... cada pieza afina, eleva. Aquí el diablo no está ya en los detalles: es el detalle. Pero lo más seductor quizá sea el ritual: el logotipo RS diseñado por el Centro Stile, el número de serie marcado en la culata como una firma de autor y la animación exclusiva al encender la moto, porque una moto así bien merece una pequeña ceremonia.

HÁGASE LA LUZ

Decía D.H. Lawrence que quien vence a sus demonios posee una extraña luz y si hay alguien que ha demostrado exactamente eso, es Marc Márquez.

Las caídas, las operaciones, el vértigo de pensar que todo podía acabarse... todo parecía escrito para cerrar el ciclo. Pero no para él. El de Cervera eligió lo contrario: vencer a sus demonios y volver. Primero con cautela dejando su neumático vital tomar temperatura, luego firme, calibrando su intención y finalmente desatando su determinación para reclamar de nuevo la cima. Su gesta, el regreso desde su infierno físico y emocional hasta el título mundial, no es solo deportiva, lo es de la épica humana. "Me siento en paz conmigo mismo". Palabras simples y directas que despejaban las nubes para dejar paso a la luz de quien ha logrado algo más que un número en un palmarés de leyenda y que afronta una temporada en la que el horizonte es ya un camino completamente despejado.

Esa luz también está en la Diavel V4 RS: una moto que no nace para todos. Una diablesa que susurra al oído del piloto. Porque no lo olvide: el diablo fue el primer rebelde.

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Fuente original: Leer en Expansión
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