La dieta cetogénica, también popularizada como dieta 'keto', puede ser más beneficiosa a corto plazo que otras, según un ensayo clínico que analiza qué efectos tienen en la respuesta cardiometabólica los macronutrientes de las dietas destinadas a perder peso en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso.
Los investigadores, que publican los resultados de su estudio en Cell Metabolism, compararon la eficacia para perder un 10% de peso corporal recurriendo a tres tipos de dietas en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso.
Los participantes siguieron durante unos cinco meses bien una dieta cetogénica baja en hidratos de carbono y alta en grasas, que siguieron un grupo control de 42 personas, y que se comparó con otros dos grupos de 14 personas cada uno que optaron por la dieta mediterránea o una dieta esencialmente vegetariana baja en grasas.
La pérdida de peso fue similar en los tres casos, pero quienes completaron la dieta keto alta en grasas mostraron una mejor respuesta en marcadores asociados a la diabetes y a la función metabólica del hígado.
El equipo, coordinado por Max C. Petersen, del Departamento de Endocrinología, Metabolismo e Investigación en Lípidos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en EEUU, demuestra que el contenido de macronutrientes de la dieta afecta los beneficios cardiometabólicos de la pérdida de peso. Y en concreto, la dieta cetogénica disminuye la grasa hepática en mayor medida que las dietas con un contenido más elevado de carbohidratos.
La dieta cetogénica o keto, llamada así por la abreviatura del término inglés ketogenic (cetogénica), es una de las más conocidas para perder peso de forma rápida y su objetivo es forzar al cuerpo a generar cetonas a partir de la grasa para usarlas como energía. Se basa por tanto en alimentos ricos en grasa, proteínas limitadas y reducelos hidratos de carbono a mínimos.
Normalmente, el cuerpo utiliza la glucosa de los carbohidratos como fuente principal de energía, dada su rápida asimilación, pero al eliminarse prácticamente, el organismo se queda sin glucosa disponible y entra en un estado metabólico denominado cetosis en el que recurre a las grasas acumuladas y se liberan cuerpos cetónicos, unos compuestos químicos que se convierten, a falta de azúcar, en el combustible principal del cerebro y los músculos.
Los investigadores han visto que este estado de cetosis nutricional controlada, además de adelgazar rápidamente, mejora el metabolismo hepático en mayor medida que las dietas con un contenido más elevado de carbohidratos.
"La influencia del contenido de macronutrientes de la dieta en los efectos cardiometabólicos de la pérdida de peso en personas con obesidad metabólicamente no saludable (prediabetes y esteatosis hepática) tiene importantes implicaciones clínicas", señalan los autores en el estudio. Evaluamos los efectos cardiometabólicos de una pérdida de peso moderada (10 %) inducida por tres dietas populares con una composición de macronutrientes marcadamente diferente (cetogénica muy baja en carbohidratos, mediterránea y de orientación vegetal muy baja en grasas).
Tras realizar análisis a los participantes de los tres tipos de dieta, "la pérdida de peso conllevó un aumente de la sensibilidad muscular a la insulina del 50% en todos los grupos, pero se duplicó o triplicó en el grupo muy bajo en carbohidratos en comparación con los otros grupos", apuntan.
"El contenido de triglicéridos intrahepáticos, la lipogénesis de novo hepática, la hemoglobina glicosilada y los niveles plasmáticos continuos de 24 horas de glucosa e insulina disminuyeron más en el grupo muy bajo en carbohidratos. No hubo diferencias entre los grupos en las concentraciones de colesterol LDL, apolipoproteína B ni en los triglicéridos plasmáticos de 24 horas".
Qué demuestra este estudio y qué implicaciones tiene
Estos resultados demuestran, según los autores, que una dieta muy baja en carbohidratos ofrece mayores beneficios cardiometabólicos, particularmente en la función metabólica hepática que una pérdida de peso equiparable inducida por una dieta mediterránea o muy baja en grasas en personas con obesidad metabólicamente no saludable.
"Este estudio es relevante porque utiliza un diseño que permite atribuir las diferencias en los marcadores de salud medidos al tipo de dieta seguida por los participantes del estudio (...)", comenta en SMC España Esther López García, profesora e investigadora de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).
"Parece que todas las dietas que se compararon incluyeron alimentos con una composición nutricional bastante saludable y, por tanto, su hallazgo indica que las dietas con un porcentaje más elevado en grasas pueden ser más beneficiosas para las personas con exceso de peso".
Sin embargo, este trabajo no aborda el gran problema de las dietas con alto contenido en grasa, que tiene que ver con su calidad. "No es lo mismo consumir una dieta que incluye fundamentalmente alimentos con alto contenido en grasas no saludables, como las que se encuentran en carnes ricas en grasa y en alimentos procesados, que una dieta que incluye alimentos con alto contenido en grasas saludables, como las del aceite de oliva y los pescados grasos", recuerda López.
"Por otra parte, las dietas con alto contenido en hidratos de carbono pueden incluir alimentos que son saludables, como los cereales integrales, las frutas y hortalizas y las legumbres, pero también alimentos que proporcionan azúcares, que son hidratos de baja calidad, como son las bebidas azucaradas o la bollería industrial".
Esta experta recuerda un trabajo al respecto de su grupo de investigación en el que vieron que "la dieta definida por el porcentaje de grasa total o de carbohidratos no predecía el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas en edades más avanzadas de la vida. Sin embargo, cuando esta dieta se definía por su calidad, saludable o no saludable, dependiendo del tipo de grasas o de carbohidratos consumidos, las personas que consumían dietas no saludables tenían un riesgo mayor, hasta de un 11%, de desarrollar varias enfermedades a lo largo de los año"s.
Recuerda por ello que las guías dietéticas españolas proponen una dieta que incluye un consumo moderado o alto de grasas saludables y un consumo también moderado/alto de hidratos de carbono saludables (ajustando la proporción dependiendo de las preferencias o circunstancias individuales), junto con una ingesta moderada de proteínas de origen animal y elevada de proteínas de origen vegetal. Esta combinación parece la más equilibrada para prevenir la enfermedad en la población general".
La dieta mediterránea sigue siendo el modelo
Francisco J. Tinahones, presidente de la Fundación SEEDO y de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), señala que aunque se trata de un ensayo clínico de calidad, algo muy de valor para analizar la eficacia de las intervenciones dietéticas, se trata de un estudio de pequeñas dimensiones tanto por participantes como por tiempo.
"Ya conocíamos que la dieta cetogénica a corto plazo tiene efectos metabólicos interesantes, mi propio grupo de investigación ha publicado varios trabajos en esta línea·, recuerda este experto. "También hay que señalar que los tres grupos de intervención dietética mejoraron metabólicamente, por lo que cualquier intervención dietética que baje el peso mejora metabólicamente al paciente".
En este estudio el grupo de dieta cetogénica es discretamente superior a las otras dos intervenciones, apunta. "El gran problema de la dieta cetogénica es la seguridad y los efectos a largo plazo, no hay ningún estudio fiable que valore sus efectos largo plazo, por ejemplo, sobre la enfermedad cardiovascular", por lo que recomienda ser muy prudente al sacar conclusiones comunes para la población general. Recuerda, además, que "se han incluido solo sujetos con esteatosis hepática y estos resultados no se pueden generalizar a la población general o con otras enfermedades como, por ejemplo, la diabetes".
"El efecto a largo plazo de una dieta tan rica en grasas y tan baja en hidratos de carbono limita algunos alimentos que han demostrado importantes beneficios cardiovasculares", recuerda. Coincide en que en este momento, "los datos que hay sobre la dieta mediterránea a largo plazo sobre la salud son incontestables y por eso debe seguir siendo la dieta recomendable en todos los sujetos".
"Lo único que demuestra este estudio, como otros que se han realizado anteriormente, es que la dieta cetogénica a corto plazo (menos de seis meses de intervención) mejora metabólicamente a los sujetos con obesidad. Pero sacar como conclusión que es mejor que las otras dietas y, sobre todo, a largo plazo, que es como hay que tratar a los sujetos que padecen obesidad, no es correcto".
Este ensayo "permite concluir con bastante solidez que, en personas con obesidad, prediabetes e hígado graso, la dieta cetogénica puede reducir más la grasa hepática y mejorar algunos indicadores del control de la glucosa durante la pérdida de peso", añade José M. Ordovás, investigador senior en el Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento y profesor de Nutrición y Genómica en la Escuela de Ciencias y Políticas de Nutrición Gerald J. y Dorothy R. Friedman, ambos de la Universidad Tufts (EEUU).
"Sin embargo, no fue superior en todos los aspectos: las tres dietas mejoraron de forma similar la respuesta muscular a la insulina y no hubo diferencias claras en presión arterial, colesterol LDL o apolipoproteína B. Por tanto, afirmar que la dieta cetogénica es globalmente más saludable o mejor que la mediterránea exagera los resultados".
Señala que solo 42 personas completaron el estudio, 14 por dieta, y el seguimiento duró unos cinco meses. "Además, recibir gratuitamente todas las comidas, ya preparadas, y reunirse semanalmente con una dietista está muy lejos de las condiciones habituales y no permite saber si la dieta puede mantenerse a largo plazo", apunta.
Por otra parte, "se utilizaron platos congelados y tentempiés preparados, algunos potencialmente ultraprocesados, pero no se facilita suficiente información sobre sus ingredientes y aditivos para clasificarlos ni para separar el efecto de los macronutrientes del efecto de la calidad y el procesamiento de los alimentos. Finalmente, que una dieta con un 23% de las calorías procedentes de grasas saturadas no empeorase el colesterol durante unos meses de pérdida activa de peso resulta interesante, pero no demuestra que sea segura o beneficiosa durante años. La dieta mediterránea continúa contando con una evidencia mucho más amplia sobre salud cardiovascular a largo plazo".
Cell Metabolismhttps://www.cell.com/cell-metabolism/fulltext/S1550-4131(26)00293-7
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