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La economía de los jóvenes, peor que hace 30 años por la vivienda y el empleo

La economía de los jóvenes, peor que hace 30 años por la vivienda y el empleo
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La temporalidad involuntaria y el pluriempleo restan calidad a los puestos de trabajo, mientras que la escasez de oferta y el nivel de precios impiden el acceso al mercado inmobiliario. Leer
ECONOMÍALa economía de los jóvenes, peor que hace 30 años por la vivienda y el empleo
  • GONZALO D. VELARDE
Actualizado 29 JUN. 2026 - 00:40La renta media del trabajo de los jóvenes apenas ha progresado en treinta años.

La temporalidad involuntaria y el pluriempleo restan calidad a los puestos de trabajo, mientras que la escasez de oferta y el nivel de precios impiden el acceso al mercado inmobiliario.

Cabría esperar que el paso del tiempo vaya acompañado de una mejora del nivel de vida de las nuevas generaciones en la medida en que se producen avances en sanidad, se mejoran las técnicas y condiciones de trabajo por la implantación de soluciones tecnológicas, al tiempo que se amplían los campos de formación en el ámbito educativo. Sin embargo, son muchos los condicionantes que determinan los pilares del Estado de bienestar, y ciertos elementos de ruptura -esencialmente provocados por las crisis económicas- pueden truncar la pretendida tendencia de una mejora progresiva del nivel de vida de la población. Y, a tenor de los resultados de un reciente estudio elaborado por PwC, al que ha tenido acceso EXPANSIÓN, esto es lo que parece haber ocurrido en el caso de la juventud española, que en estos momentos tiene un peor nivel económico que hace 30 años, principalmente por el encarecimiento y dificultades de acceso a la vivienda, por una demografía que ejerce más presión desde las capas de mayor edad y por un mercado laboral que está lejos de garantizar unos niveles de renta y una estabilidad en el empleo como sí ocurría décadas atrás.

Es la conclusión general que se desprende del Indicador Sintético de Juventud desarrollado por la Fundación PwC y el Círculo de Empresarios, que resuelve que los jóvenes de hoy presentan una situación económica y social peor que la de los jóvenes de 1995. Lo hace tras analizar los resultados de 39 variables agrupadas en cuatro áreas -demografía, mercado de trabajo, educación y vivienda-. El estudio toma de partida el año 1995 y se extiende hasta 2024, y sitúa como punto de inflexión del empeoramiento económico la crisis de 2008.

Cada una de estos grupos tiene un peso distinto en el indicador elaborado, al igual que cada una de las variables analizadas en cada una de ellas. El resultado final del Indicador Sintético, de 17 puntos, advierte un empeoramiento del nivel de vida agregado de los jóvenes respecto al nivel 0 de 1995. Es así porque el empeoramiento de las variables aporta puntos positivos al indicador, entendiéndose como que la brecha del nivel de vida se amplía respecto a hace tres décadas.

Los resultados, más en detalle, arrojan una ampliación de la brecha especialmente en términos de demografía, donde el envejecimiento de la población y las mayores cargas esperadas sobre la población joven ofrecen un peor horizonte ahora que en 1995. Detrás de este resultado se encuentra el empeoramiento de buena parte de las variables: disminuye el peso de la población joven, descienden la natalidad y la fertilidad, y aumenta el desequilibrio entre jóvenes y mayores. Aunque algunas variables evolucionan de forma más favorable, como la esperanza de vida o el gasto público en la familia, su efecto no compensa el deterioro del resto.

Del mismo modo, se observa como un freno al desarrollo de los jóvenes la brecha laboral que aparece en la incorporación al mercado laboral. En este caso, impulsada por elementos de deterioro como el mayor volumen de pluriempleo, una muy leve mejora de la renta media del trabajo, y una mayor tasa de temporalidad involuntaria y de parcialidad. Factores que solo son compensados por la reducción de la tasa de paro, que ha experimentado una mejora progresiva situándose (10,8%) en niveles cercanos a los mínimos previos a la crisis financiera.

Problema de vivienda

Sin embargo, la gran brecha que identifican los expertos de PwC entre la juventud de ahora y la de hace 30 años está en el acceso a la vivienda. En esta arista del estudio es la que mayor distancia se aprecia por un empeoramiento de las diez variables analizadas, estando el mayor retroceso en la ratio población vivienda. Si bien, se observa también una a fuerte caída en el volumen de viviendas terminadas, un aumento del precio de compra y del alquiler, que eleva el esfuerzo económico necesario para acceder a una vivienda y dificulta la emancipación de las nuevas generaciones.

"El acceso a la vivienda ha empeorado para los jóvenes a lo largo del tiempo, con un fuerte agravamiento tras la crisis inmobiliaria y máximos históricos en 2024", concluyen los expertos.

Por el contrario, solo en el ámbito educativo se aprecia una mejora de las condiciones. Se explica por avances en la reducción del abandono escolar y de la tasa de ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), así como por el mayor peso de la formación profesional y de los estudios superiores.

"La lectura conjunta confirma que la crisis de 2008 marcó un punto de inflexión y abrió una brecha que no se ha cerrado", señalan los expertos que prevén que aspectos como el demográfico y la vivienda sigan empeorando en los próximos años.

El papel de las empresas en la solución a la crisis del inmobiliario

Como añadido al estudio, aunque una eventual mejora en estas áreas es fácilmente identificable con la necesidad de políticas públicas que ayuden a cubrir las carencias, desde PwC también apuntan hacia la labor de acompañamiento de las empresas para mejorar el nivel de vida y las posibilidades de desarrollo de los jóvenes. Así, aseguran que las empresas pueden aprovechar la transición demográfica promoviendo carreras profesionales atractivas, bien remuneradas y flexibles que faciliten la conciliación. Lo que no solo mejoraría su competitividad, sino que también aportaría beneficios sociales, como reducir la fuga de talento, atraer profesionales extranjeros y favorecer una mayor natalidad gracias a una mayor estabilidad económica.

Además, ante la posible reducción de la fuerza laboral y la falta de habilidades demandadas, el sector empresarial propone aumentar su implicación en la educación y fomentar la formación continua más allá de la universidad, con el objetivo de alinear mejor las competencias ofrecidas por el sistema educativo con las necesidades del mercado laboral.

Por otro lado, para abordar el desafío del acceso a la vivienda juvenil, resulta clave complementar las medidas empresariales, como la flexibilidad laboral o la revisión de los paquetes retributivos. También en este ámbito se plantea la creación de zonas residenciales junto a grandes empresas y centros de trabajo que contemplen la posibilidad de reservar parte del parque inmobiliario para los empleados. O incentivar la colaboración público-privada en la construcción de vivienda, con el objetivo de disponer de un mayo volumen de casas a precio de alquiler y compra accesibles y también de protección oficial. A esto se podría añadir que en un momento dado la empresa actúe como garante o avalista para los empleados que deseen adquirir una vivienda, facilitando préstamos.

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Fuente original: Leer en Expansión
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