Según una encuesta del Thriving Center of Psychology, el 84% de los millennials y de la Generación Z refieren haber sido víctimas del ghosting al final de una relación. Si bien está ampliamente aceptado entre los solteros durante las etapas iniciales de conocer a alguien a través de una app, o como medio para poner fin a una relación sin compromiso, es mucho menos habitual en relaciones de varios años. A finales de junio, Vogue UK arrojó luz sobre la tendencia del "novio que desaparece". El artículo detallaba las dolorosas secuelas que sufren las mujeres al enfrentarse a la repentina e impactante desaparición de su pareja, señalando cómo "muchos de estos casos de ghosting se producen después de que, aparentemente, las cosas iban bien".
Para hacer frente a esta nueva normalidad, Dating.com anunció recientemente que iba a contratar a un "director de rupturas" que, por 3,000 dólares al mes, se encargaría de poner fin a las relaciones de otras personas en su nombre.
Naturalmente, el ghosting resulta mucho más fácil cuando te comunicas con desconocidos o con personas con las que sabes que nunca volverás a cruzarte. En cambio, cuando conoces a alguien en la vida real suele haber un mayor sentido de la responsabilidad. Pero incluso eso ya no parece ser siempre así, dado que las expectativas en torno a la comunicación están disminuyendo.
Una encuesta reciente de la empresa de análisis Talker Research reveló que la Generación Z (el 60%) es más propensa a romper el contacto con un familiar o ser querido en comparación con las generaciones mayores.A menudo romantizan el distanciamiento convirtiendo el desamor en contenido para las redes sociales, como ocurre con la tendencia viral “I ghosted the LOML, trust me IDGAF” ("ghostée" al amor de mi vida y, créeme, no me importa). En esta, los jóvenes fingen mostrarse completamente indiferentes ante sus antiguos amantes, simulando un desapego extremo. Algunos usuarios de TikTok incluso han añadido su propio toque personal a la tendencia, publicando sobre cómo ignoran a amigos, padres o a “toda la familia” como forma de establecer mejores límites.
"Es importante tener en cuenta que la Generación Z ha crecido con las aplicaciones de citas y las redes sociales, por lo que el ghosting puede parecer una parte normal de la experiencia de las citas, aunque resulte doloroso", señala Liesel Sharabi, profesora asociada de Comunicación en la Universidad Estatal de Arizona. Sharabi, quien se especializa en el efecto que la tecnología tiene en las relaciones interpersonales, añade que la comunicación digital ha hecho que el ghosting sea "más fácil y, potencialmente, más aceptable socialmente", a pesar de sus efectos negativos. "Corremos el riesgo de perder la humanidad y la decencia que nos gustaría que alguien nos mostrara al poner fin a una relación".
¿Por qué las personas practican el ghosting?
Hay personas que practican el ghosting que son emocionalmente inmaduras, no se toman las relaciones en serio o, sencillamente, no les importa el impacto que tienen en los demás. "Pero desde una perspectiva del apego, también veo el ghosting como una estrategia del sistema nervioso", señala Becca Hansel, terapeuta afincada en Los Ángeles. Quienes practican el ghosting suelen ser personas con patrones de apego evitativo o desorganizado, en los que "la cercanía emocional o el conflicto pueden empezar a percibirse como algo amenazante o abrumador".
Para ellos, romper una relación implica tolerar la incomodidad de enfrentarse a la tristeza o la ira de otra persona. Pero Hansel añade que algunas personas que practican el ghosting no lo hacen porque disfruten haciendo daño a la otra persona, aunque se trate de una estrategia de afrontamiento poco saludable.
un estudio de 2025 publicado en Computers in Human Behavior, el ghosting tiene consecuencias cognitivas significativas para ambas partes implicadas, no solo para la víctima. En comparación con un rechazo directo, "la incertidumbre y la ambigüedad inherentes al ghosting" pueden generar "efectos psicológicos adversos más persistentes" y prolongar el malestar.Ashley, que admite tener una tendencia a evitar las conversaciones difíciles en su vida, reconoce que la decisión todavía le pesa. "Nunca antes había roto con alguien en una relación realmente seria; solo me habían dejado a mí. El ghosting me pareció lo correcto en ese momento porque me daba miedo el resultado. Sin duda, no fue nada bueno, porque no nos aportó nada positivo a ninguno de los dos. [El recuerdo] todavía me persigue".
Aunque ahora cree que las personas a las que se les hace ghosting merecen una explicación "aunque las hiera", nunca se la dio a su ex, "y no creo que lo haga jamás".
Dos años después de que rompieran, él se acostó con la que entonces era la mejor amiga de Ashley, quien más tarde le confesó lo ocurrido. "Lo hizo para vengarse de mí. Así que no volveré a hablar con ninguno de los dos", asegura.
Artículo originalmente publicado enWIRED. Adaptado por Andrea Baranenko.