Martín Tintinayo, de 10 años, es un niño aplicado que quiere ser futbolista del Real Madrid o ir a la universidad a estudiar una carrera deportiva. Las cosas que más le gustan son «el recreo y los coches» y en casi todas las asignaturas, menos en Inglés, tiene «de un 8 para arriba». No se le da mal la geografía. «Vine a España con cuatro años desde Pereira, que está a una hora en coche de Manizales, en Colombia, y todavía me acuerdo de las montañas y las fincas. Allí nació toda mi familia menos mi prima y mi hermana de parte de mi mamá, que tiene tres años. También tengo una hermana de parte de mi papá, de 14 años, que está con su madre en Valencia», cuenta.
Su clase de 5º de Primaria del colegio público Antonio Beltrán de Zaragoza acaba de hacer un examen sobre las capitales de España. Él ha sacado un 10, la misma calificación que obtuvo en el de las comunidades autónomas y en el de las provincias. Han acordado que, cuando todos los alumnos logren un 10, la profesora dejará de ponerles pruebas sobre este tema. La misión de Martín es ayudar a los que más les cuesta, sobre todo a los que no saben bien español, y animar a los que tienen menos ganas. «Aquí funciona bien la fuerza del equipo», dice la directora, Laura Salanova, que señala que uno de los puntos fuertes del colegio es cómo fomentan el sentimiento de pertenencia al grupo, la fórmula que usan para mejorar la convivencia.
Martín Tintinayo, en su clase.TONI GALÁN«Crear una cultura de centro y que se sientan implicados es fundamental. Fomentamos la cohesión y el respeto grupal como motor de desarrollo social y educativo», recalca la docente. Los alumnos se han constituido legalmente como una cooperativa y votan en una urna unos «presupuestos participativos»: todos deciden cómo mejorar el colegio y acuerdan cómo financiarlo. Hay un tesorero que se encarga de llevar al banco el dinero que recaudan, por ejemplo, vendiendo manualidades o rifando cestas de comida con donaciones de los comercios cercanos.
Ni las familias ni el colegio disponen de muchos recursos económicos. El centro es espartano. No tiene megafonía, ni cocinero, ni extraescolares, ni asociación de madres y padres de alumnos, y son las directora y la jefa de estudios las que suelen responder al teléfono fijo. Los profesores han pintado de colores las ventanas y las paredes. Los pasillos están ordenados y llenos de estanterías con libros. La biblioteca es mucho mejor -más nutrida y con los álbumes ilustrados más recientes- que la de cualquier colegio privado. Cada rincón de la escuela está lleno de pequeños detalles que muestran la implicación personal de los 25 maestros: el almacén de ropa para repartir a las familias con más necesidad, el teatro de sombras improvisado con una sábana en una de las galerías o el huerto con materiales reciclados.
Almacén de ropa para repartir a las familias.TONI GALÁNEl colegio público Antonio Beltrán se encuentra en el barrio de Delicias de Zaragoza, donde sólo el 46% de los vecinos ha nacido en la capital aragonesa. Ubicado en una colonia de casas baratas construida en los tiempos de Franco, el centro tiene un 95% de los 155 alumnos con progenitores de origen inmigrante. Los críos son mayoritariamente españoles. Pero los que tienen padre y madre nacidos en España no llegan a una decena. Hay varios cursos sin un solo alumno de origen local.
El Antonio Beltrán es el reflejo de una sociedad cambiante. Ha sufrido la caída demográfica que afecta a todo Aragón. Los vecinos españoles de Delicias han envejecido y el barrio se ha repoblado con extranjeros. Cuando la escuela abrió en 1949, había dos colegios en la misma colonia. Ahora sólo queda el Antonio Beltrán, que ha pasado de tener dos clases por curso a sólo una. Las familias españolas no suelen escogerlo como primera opción y siempre quedan plazas vacías. El año pasado sólo siete niños solicitaron matricularse en el primer curso de Infantil. A cambio, suelen tener un 25% de estudiantes que se incorporan a lo largo de todo el curso. Hay 24 nacionalidades distintas -sobre todo latinoamericanos, subsaharianos y magrebíes- y gestionar tanta diversidad requiere un trabajo.
La profesora Alicia Lázaro, con varias alumnas.TONI GALÁN«Los principales retos son el idioma y las circunstancias sociofamiliares. No es fácil cambiar de país y muchos alumnos lo sufren. Hay niños que han vivido en un año lo que no viviríamos nosotros en 100 vidas. Existen muchas necesidades en toda las aulas y en cada clase hay varios niveles distintos, lo que lleva a que los docentes tengan que preparar diferentes variables dentro del mismo aula. Nuestra laborar es docente, pero también social. Intentamos que la escuela sea un lugar seguro y que aprendan a ser autónomos, que tengan esas vivencias y conocimientos que por circunstancias sociales o familiares no todos pueden alcanzar. Es una escuela compensadora de desigualdades», relata Salanova, que lleva nueve años en el centro, los últimos tres como directora. Ha accedido por comisión de servicios: «Tengo plaza en un colegio al lado de mi casa, pero he elegido estar aquí porque me enriquece», confiesa.
El Antonio Beltrán es un colegio catalogado como de «especial dificultad». Hay seis en toda Zaragoza y tres de ellos se encuentran en el barrio de Delicias. Estos centros se caracterizan por tener muchos alumnos con necesidades de aprendizaje y de apoyo educativo (el 16%), mucha fluctuación en la matrícula o una etnia predominante. Los centros de especial dificultad tienen ratios más reducidas y programas de refuerzo, pero la comunidad educativa reclama más medios para estos y otros colegios de la escuela pública. En el Antonio Beltrán todavía no se han quitado los carteles de huelga que profesores hicieron los pasados 20, 21 y 22 de enero para protestar porque el Gobierno de Jorge Azcón (PP) quiere ampliar el concierto a los centros privados de Bachillerato y a las escuelas de 0 a 3 años, a pesar de que, denuncian, sobran plazas públicas. Pilar Alegría, la candidata del PSOE a las elecciones autonómicas de este domingo, ha sido ministra de Educación, pero el asunto no ha tenido tanto peso durante la campaña electoral como la agricultura o la inmigración, que alcanza ya al 16% de la población aragonesa.
Alumnos con Tamara Lizama, la jefa de estudios.TONI GALÁN«Este colegio no puede competir con un centro concertado», lamenta una profesora. Todavía tienen familias que no participan en la vida escolar. Los resultados académicos de los alumnos, salvo excepciones, son peores que la media de Aragón. A los latinoamericanos, rumanos y brasileños que llegan con el curso ya empezado les cuesta menos ponerse al día, por la similitud de la lengua, pero los que hablan otros idiomas tienen una dificultad añadida.
El colegio, sin embargo, «ha conseguido reducir los problemas de convivencia a casos muy limitados de uno, dos o tres niños» gracias a tres herramientas. En primer lugar, los profesores se han esforzado por atraer a las familias. «Son culturas y creencias religiosas muy diferentes y queremos que se sientan parte. Si se crean vínculos con los padres, estos pertenecen al grupo y se ven más obligados a cumplir, lo que lleva a que los niños mejoren en conducta y hagan más los deberes», sostiene Alicia Lázaro, tutora de 5º de Primaria y maestra de Lengua, Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Plástica, Valores y Atención Educativa.
Madres que acuden a clase de español.TONI GALÁNEl colegio ofrece clases gratuitas de español a las familias durante cuatro horas a la semana. La maestra Pilar enseña a un grupo formado por una decena de madres de Gambia, Marruecos, Senegal y Mauritania que no sólo aprenden la lengua, sino que durante dos mañanas tienen la oportunidad de salir de la rutina del hogar y hacer amigas. Las maestras cuentan que han conocido a mujeres que llevaban 15 años en España y no hablaban español, porque «suelen salir poco de casa». La relación personal entre docentes y alumnas adultas va más allá de lo formativo: «Hemos ayudado a algunas de ellas a elaborar sus currículos para buscar trabajo».
En segundo lugar, el colegio ha conseguido «crear equipo» con los niños. El Antonio Beltrán organiza «talleres interniveles» de Matemáticas y Lengua un día a la semana durante dos horas en donde mezcla alumnos de distintas edades. Rompiendo la distribución habitual de las clases, junta a los de 1º con los de 2º, a los de 3º con los de 4º y a los de 5º con los de 6º. Después, separa a estos niños de distintas edades en tres grupos con dos profesores cada uno. Matemáticas se divide en cálculo mental, resolución de problemas y ajedrez. Lengua se separa en vocabulario, expresión escrita y expresión oral. «Así se disminuye el número de alumnos por docente, se atienden mejor a las necesidades educativas, se controlan mejor los distintos niveles y se reducen los conflictos, porque, si se conocen todos los niños, dejan de verse como contrincantes. Nadie se enfrenta a quien tiene cerca», defiende Tamara Lizama, la jefa de estudios.
En la clase de Matemáticas hay ajedrez.TONI GALÁNEn tercer lugar, el equipo directivo ha considerado el recreo como uno de los pilares de su proyecto educativo. La premisa es que los niños tengan «alternativas en su tiempo libre». «La convivencia ha mejorado ofreciendo juegos distintos al balón, pues muchos conflictos venían derivados del fútbol», apunta la directora. En el patio, que limpian los propios alumnos, hay un futbolín y el llamado «esportcarro», con aros, zancos, cuerdas y otros juguetes diferentes. También tienen el «ludocarro» con juegos de mesa y el «carro lector» en el pasillo. Además, una voluntaria de la Universidad de Zaragoza lee cuentos en la biblioteca durante el recreo a quienes prefieren no salir a jugar. Arropadas entre cojines y adormecidas por la luz satinada que se filtra a través del dosel, tres niñas subsaharianas dicen que no quieren que ese momento termine nunca. A la directora, Laura Salanova, no le extraña: «Hacemos espacios acogedores. Es muy importante que el colegio sea un lugar bonito al que apetezca ir».
La universitaria voluntaria lee cuentos en la biblioteca durante el recreo.TONI GALÁN"Todos en la misma línea de acción"
Docentes formados. Los 25 profesores del Antonio Beltrán se caracterizan porque trabajan «todos en la misma línea de acción». «Todos hemos hecho una formación teórica en el primer trimestre; ahora la haremos de Lengua y el próximo año, la de Matemáticas manipulativas. Esta formación está basada en evidencias científicas», explica la directora.
Antídoto contra las bandas. Antes de ir al instituto, los alumnos participan en unas «convivencias de barrio» para conocerse y evitar que se creen bandas y afloren aparezcan conflictos. También asisten a «campeonatos internivelares» con estudiantes de otros colegios.
«Patrullas de reciclaje». Practican la codocencia (dos profesores en la misma aula) y tienen un taller de radio que gestionan los alumnos. Han creado «patrullas de reciclaje» y «brigadas de limpieza», porque tienen «la responsabilidad» de recoger los juguetes y limpiar cada día el patio. «Son más autónomos que otros niños», dicen las profesoras. «A partir de 4º cogen solos el autobús incluso llevando a los hermanos, se calientan y se hacen la comida y van a la compra. Sus padres trabajan hasta tarde».