La compañía nacida en Barcelona presenta 500 unidades de la versión más exclusiva de su VARG SM, una moto que llega en un momento clave para la marca española.El histórico Autòdrom de Sitges-Terramar (Barcelona) fue testigo de cómo batía el récord que ostentaba Carlos Sainz desde 2012 con un Audi R8 LMS.
Stark Future escucha a sus clientes y responde con una serie limitada de la VARG SM. Se llama Sköll, tendrá sólo 500 unidades —sin segunda producción— y lleva la 'supermotard' eléctrica de la firma barcelonesa a su especificación más exclusiva.
La presentación llega, además, en un momento especialmente significativo para la compañía que fundó y dirige Anton Wass. Stark cerró el primer semestre con 86 millones de euros de ingresos, un 46% más, y alcanzó un ebitda positivo de 5,3 millones. Entregó 8.124 motocicletas hasta junio y ya está presente en cerca de 80 países, con el 95% de su producción destinada a la exportación. Son cifras que dibujan una compañía muy distinta de aquella startup que nació en Sant Boi de Llobregat con la intención de demostrar que una moto eléctrica podía competir con las de combustión.
Y ahí es donde encaja la Sköll. No es una plataforma nueva ni pretende reinventar la VARG SM. Es una interpretación mucho más específica del modelo, desarrollada alrededor de lo que pide una comunidad que ya tiene dimensión internacional. Un producto de 500 unidades sólo tiene sentido cuando una marca ha alcanzado suficiente identidad como para que exista un público dispuesto a buscar precisamente esa configuración.
La Sköll costará14.990 euros y las primeras unidades llegarán en octubre. Todas estarán numeradas. La base es la VARG SM en especificación ALPHA, con 80 CV, control de tracción Dynamic Traction Control completamente configurable, mapas de potencia ajustables y distintos niveles de regeneración.
El motor eléctrico mantiene una de las características que definen a la VARG: nada de caja de cambios ni mucho menos embrague. Una sola relación transmite directamente la potencia a la rueda trasera.
Titanio, KYB y un poco de aeronáutica
Stark ha trabajado también en el peso. La Sköll declara 123,4 kilos, 1,1 kilos menos que la VARG SM convencional. Toda la reducción procede del titanio: las estriberas fabricadas mediante impresión 3D ahorran 140 gramos y el kit completo de tornillería resta otros 900.
El acabado es igualmente específico. Prácticamente todos los elementos visibles reciben un tratamiento negro, desde las tijas de dirección y el basculante hasta la carcasa del motor, el inversor, el soporte de carga o el selector de mapas. Las tijas están además grabadas y numeradas individualmente.
El único contraste está en el dorado de la cadena y el piñón trasero. La primera es una RK Takasago Chain 520 MXU, fabricada por el especialista japonés RK y concebida para un uso exigente en motocross y enduro. El piñón está realizado en aluminio 7075-T6, una aleación de alta resistencia muy utilizada cuando se busca combinar resistencia mecánica y bajo peso y que también tiene una larga presencia en aplicaciones aeronáuticas.
La suspensión corre a cargo de KYB (Kayaba), uno de los grandes especialistas japoneses del sector. La Sköll monta una horquilla de 48 mm con cartucho cerrado, regulación de compresión y extensión y 290 mm de recorrido. Detrás utiliza un amortiguador con regulación de precarga, compresión a alta y baja velocidad y extensión, con 303 mm de recorrido.
Son cifras que ayudan a entender qué tipo de moto es la Sköll. Sus 31,2 centímetros de altura libre al suelo superan en más de tres centímetros los 28,1 cm de una Husqvarna FS 450, una referencia entre las supermotard de competición. También el recorrido de suspensiones es mayor: 290 frente a 283 mm delante y 303 frente a 266 mm detrás. La Stark alcanza además 93,5 cm de altura de asiento, frente a los 89,4 cm de la Husqvarna.
No son cifras gratuitas. Explican que, pese a haberse convertido en una 'supermotard', la VARG conserva una arquitectura claramente vinculada al mundo off-road del que procede.
Una vuelta que llega antes que la moto
Cuatro días antes de la presentación de la Sköll, Stark llevó una unidad hasta uno de los escenarios más singulares de la historia del motor español. El 10 de septiembre, el piloto Jonas Skovby completó una vuelta al Autòdrom de Sitges-Terramar en 41,888 segundos.
El registro tiene contexto: en 2012, Carlos Sainz había parado el cronómetro en 42,600 segundos al volante de un Audi R8 LMS. La VARG rebajó aquel tiempo en 712 milésimas, con una velocidad media próxima a los 172 km/h.
Y lo hizo con una unidad de producción homologada para carretera. No un prototipo construido para el récord. Tampoco necesitó caja de cambios, embrague ni escape.
Terramar abrió sus puertas en 1923 y fue el primer gran autódromo permanente construido en España. Cuando se inauguró, era el tercer gran circuito permanente de Europa, después de Brooklands y Monza. Más de un siglo después, una compañía nacida en Barcelona ha vuelto al viejo óvalo de hormigón con una moto que resume, a su manera, el cambio de época que vive el motociclismo.
La VARG SM Sköll llegará en octubre. Sólo habrá 500. Y su existencia cuenta algo más que el gusto de Stark por las ediciones especiales: la compañía de Anton Wass ha alcanzado una dimensión en la que su comunidad ya no sólo espera nuevas motos, sino que empieza a pedir cómo quiere que sean.
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